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History academy what if - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 what if 20 magisterio parte 2
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26: what if 20: magisterio parte 2 26: what if 20: magisterio parte 2 Pasaron dos semanas desde la tragedia, el aire en el antiguo centro comercial ahora reconstruido era denso, pesado, como si la ausencia de una sola persona bastara para desbalancear la atmósfera de todos.

Hoshi Tsuki se encontraba de pie, mirando por una de las ventanas del segundo piso mientras sostenía entre sus dedos una pequeña cinta que pertenecía a Shino Shrine.

Athena estaba sentada en un banco cercano, con los brazos cruzados y la mirada perdida, sus pensamientos se enredaban en un bucle de recuerdos que no podía detener.

Nemi, con los ojos enrojecidos y las manos temblorosas, revisaba una libreta donde Shino solía anotar ideas absurdas para batallas y comidas, sus dedos pasaban por cada página como si con eso pudiera sentirla otra vez.

Saku, con el torso vendado, apoyaba su espalda contra una columna mientras observaba sus propias manos, ya no había alas, pero más allá de lo físico, lo que pesaba en su pecho era la sensación de impotencia.

Dan estaba cerca, en silencio, con una mirada dura clavada en el suelo, sus nudillos apretados, su mandíbula marcada por el esfuerzo de no llorar.

Lean y Ness no decían palabra alguna, sentados en un rincón, compartían la misma tristeza muda, el mismo duelo que dolía más por dentro que por fuera.

No había risas, no había bromas, solo pensamientos que pesaban como piedras: “¿Podríamos haberla salvado?”, “¿Y si yo hubiera hecho más?”, “¿Por qué ella?” El grupo entero se mantenía unido, pero no completo.

Faltaba su voz, su energía, esa terquedad luminosa que empujaba a los demás a levantarse incluso cuando ya no quedaban fuerzas.

Hoshi finalmente habló, con un tono bajo pero claro: —Ella murió peleando… no huyó, no se rindió.

Eso debe significar algo.

Nadie respondió, pero todos lo sabían.

Shino Shrine, con su último acto, había salvado al grupo, pero el vacío que dejó… parecía imposible de llenar.

Saku sacó lentamente su teléfono del bolsillo, aún con las manos vendadas por las fracturas no del todo curadas.

La pantalla brilló débilmente y sus ojos se clavaron en los dos contactos que llevaba semanas sin abrir: Chris y Melania.

Ambos nombres resonaban como ecos del pasado, aliados confiables, fuertes… pero alejados del último desastre.

Sin decir palabra, marcó primero a Chris.

Del otro lado, la voz contestó rápido, algo ronca pero firme.

—¿Saku?

¿Qué pasa?

—Necesito que vengas —respondió el ángel con tono serio—.

Pasó algo… grave.

Del otro lado hubo silencio.

Chris no necesitaba más detalles.

—Llego en una hora —cortó la llamada.

Saku soltó un suspiro y, sin dudar, marcó a Melania.

El tono sonó dos veces antes de que una voz suave pero llena de tensión respondiera: —Saku… no me gusta ese tono en tu mensaje anterior.

¿Qué ocurrió?

—Shino Shrine… murió.

—Las palabras salieron lentas, rotas, como si dolieran más al decirlas que al pensarlas.

Melania no respondió.

Se escuchó un leve jadeo ahogado al otro lado de la línea.

—Voy para allá —dijo al fin, y colgó sin más.

Saku bajó el teléfono y se quedó viendo la pantalla en negro.

Cerca, Angelly permanecía apoyada contra una pared, con los brazos cruzados y una expresión perdida.

Ella también había estado ahí, también había sentido la presión, el miedo, la impotencia.

Apretaba la mandíbula, recordando el momento exacto en que Shino fue arrastrada al corazón del agujero negro.

Por más que habían luchado… no fue suficiente.

—Chris y Melania vienen —dijo Saku, rompiendo el silencio.

Angelly lo miró de reojo, con los ojos entornados.

—¿Crees que puedan hacer algo ahora?

Ya es tarde para ella… —No quiero que hagan algo por ella —respondió el ángel, mirando al grupo.

—Quiero que se enteren de quién la mató.

Y de que no pienso dejar esto así.

Los demás alzaron la vista lentamente.

Había duelo, sí… pero también fuego.

Y ese fuego estaba empezando a crecer.

El sonido de pasos firmes rompió el silencio del lugar.

Chris fue el primero en llegar, con su chaqueta manchada por el viaje rápido, el rostro serio, los ojos fríos.

Su sola presencia obligó a todos a incorporarse un poco.

Melania llegó segundos después, vestida de negro, con el cabello atado y la expresión de alguien que había perdido demasiado y estaba dispuesta a no perder nada más.

Su mirada se clavó directo en Saku, y luego, con una tristeza amarga, recorrió a todos los presentes.

—¿Dónde está su tumba?

—preguntó Melania con voz suave, pero firme.

—No tiene —respondió Athena—.

Solo nos quedó su cinta… y cenizas mezcladas con lo que quedó del campo de batalla.

Chris cerró los ojos un segundo.

—Entonces no enterramos a una persona.

Enterramos una memoria viva.

Mientras tanto, Saku sacó su celular de nuevo, sus dedos temblaban pero aun así escribió el mensaje.

Era corto, directo: “Valery.

Necesito tu ayuda.

Es por Shino.” Menos de cinco minutos después, una ráfaga de aire trajo consigo a Valery, una joven con expresión decidida, con ojos que no titubeaban y un aura que hablaba de determinación inquebrantable.

Llevaba una mochila pequeña colgando y apenas llegó, se detuvo frente al grupo.

—¿Quién la mató?

—fue lo único que dijo.

Saku dio un paso al frente.

—Lumi.

Ella creó un dominio con gravedad absoluta.

Nos aplastó… uno a uno.

Shino se sacrificó, tomó esa gravedad y la fusionó con su habilidad de masa.

Creó un agujero negro que destruyó el dominio…

y murió con él.

Valery no respondió.

Solo apretó los puños.

—Entonces, vamos a hacer dos cosas.

Uno: vamos a traerla de vuelta.

Y dos: vamos a matar a Lumi.

Chris miró a Melania, quien asintió sin decir palabra.

Dan, Ness, Lean y Nemi también se pusieron de pie, ya sin rastro de duda.

—¿Sabes cómo revivirla?

—preguntó Hoshi con cautela.

Valery respiró hondo.

—Conozco a alguien.

Pero requerimos tres cosas: un fragmento de su energía, una conexión emocional sólida… y alguien que esté dispuesto a cruzar el Umbral del Eco, donde las almas vagan antes de desaparecer por completo.

El grupo se quedó en silencio un instante.

Saku levantó la mano.

—Yo iré.

Valery lo miró.

—Sabes que podrías no regresar, ¿verdad?

—Lo sé —dijo sin dudar—.

Pero si Shino dio su vida por nosotros… lo mínimo que puedo hacer es ir por la suya.

El plan se estaba formando.

La muerte ya no era un límite.

Y la venganza contra Lumi no sería solo justicia.

Sería el regreso de un fuego que nunca debió apagarse.

Shino Shrine… podría volver.

Y esta vez, más fuerte que nunca.

Melania sonrió con una mezcla de determinación y fuego contenida.

Su mano se deslizó suavemente por la pantalla de su celular mientras marcaba un número que había guardado solo para momentos extremos.

—Vamos, contesta… —murmuró.

Después de unos segundos, la voz de una joven firme y confiada respondió.

—¿Melania?

¿Qué pasa?

—Ali… tengo una misión para ti.

Una que no te puedo negar.

Del otro lado hubo silencio.

—¿Es sobre Lumi?

—preguntó Ali, sin rodeos.

—Sí.

Y sobre alguien que queremos traer de vuelta.

Ali, la hermana de Melania, experta en misiones de infiltración y eliminación, era la única que podría complementar bien a su hermana en una cacería de ese nivel.

—Mándame la ubicación —dijo Ali con voz firme—.

Estoy en camino.

Dan, que había estado escuchando, se acercó con un leve asentimiento.

—No la dejaré sola esta vez —murmuró, clavando la vista en sus propias manos—.

Esta vez vamos a terminar lo que empezó Shino.

Melania asintió, mirándolo con respeto.

—Bien.

Nosotros iremos por Lumi… y la haremos pagar.

No solo por lo que hizo, sino por lo que le quitó a todos.

Mientras ellos tres preparaban sus armas y su estrategia, el resto del grupo se movilizó con rapidez.

Athena, Hoshi Tsuki, Nemi, Lean y Ness se dividieron por zonas antiguas y bibliotecas secretas de la academia y sus alrededores, buscando libros prohibidos, pergaminos y textos ancestrales que contuvieran habilidades especiales o técnicas que pudieran servirle a Shino Shrine cuando regresara.

Querían que volviera más fuerte, más segura, invencible.

No permitirían que su sacrificio fuera en vano… ni que estuviera expuesta otra vez.

Saku, por su parte, se preparaba para algo muy distinto.

Había dejado cartas para los demás, y cargaba en su bolsillo el único fragmento de energía que quedaba de Shino Shrine: su cinta, teñida con restos de su aura.

Frente a él se alzaba el Umbral del Eco, una grieta en el tejido de la existencia, oculta entre dimensiones, donde las almas que no han sido devoradas por el olvido aún pueden ser encontradas.

Saku respiró hondo.

—Espérame… Shino.

No te dejaré ahí sola.

Y con un salto en el abismo de lo imposible, su silueta se perdió en la grieta dimensional.

Dos frentes abiertos.

Una guerra inevitable.

Y la esperanza…

comenzaba a latir otra vez.

Mientras tanto, en un lugar apartado de toda civilización, Lumi se encontraba en el interior de una cabaña vieja, mal iluminada, con paredes desgastadas por el tiempo y una atmósfera húmeda que olía a hierro, humo y podredumbre.

La mesa frente a ella estaba cubierta de frascos de químicos comunes, sustancias viscosas, agujas oxidadas, y pergaminos antiguos manchados de sangre.

Sus ojos brillaban con una mezcla entre locura científica y crueldad contenida.

—Veamos… sangre mía… —susurró, dejando caer unas gotas de su propia sangre en una vasija de cerámica agrietada— y el cerebro podrido de este demonio inútil —dijo al levantar con una sola mano la cabeza cercenada de un demonio, con la piel gris verdosa aún supurando restos de bilis demoníaca.

Con cuidado, Lumi cortó una sección del cráneo, dejando ver el tejido interno que chispeaba con una energía oscura aún latente.

Vertió parte de un líquido amarillo ácido sobre la mezcla, lo que provocó una reacción violenta: vapor rojo se alzó por la habitación como una neblina viva.

—Hehe… interesante —sonrió, limpiándose la frente con el dorso de la mano, dejando una mancha de sangre fresca sobre su mejilla—.

Si mi sangre tiene compatibilidad con restos demoníacos… tal vez pueda perfeccionar mi dominio más allá de lo conceptual… tal vez… pueda crear un nuevo cuerpo de pura gravedad oscura.

Uno que no pueda ser destruido ni por esos malditos niños.

Lumi caminó hacia el rincón donde yacía una jaula de metal, dentro de la cual un ser medio consciente, con ojos quemados y alas destrozadas, respiraba apenas.

—Tú serás mi próxima prueba —murmuró, acercándose con una jeringa repleta de su nueva mezcla experimental—.

Si sobrevives, entonces podré iniciar la fusión gravitacional.

Y si no… no importa.

Aún tengo más cabezas por aquí.

La risa de Lumi llenó la cabaña como un eco distorsionado, mientras afuera, el cielo se oscurecía.

Ella no sabía que ya la estaban buscando.

Pero pronto… la cacería comenzaría.

Y esta vez, ella sería la presa.

La noche se cernía sobre la región donde Lumi se escondía, y el ambiente pesaba como si presintiera que algo terrible estaba a punto de suceder.

En lo profundo del bosque, entre árboles que parecían deformarse bajo la presión del aura oscura que emanaba de la cabaña, Dan, Melania y Ali se deslizaban en silencio, cada paso medido, cada respiración controlada.

Ali fue la primera en alzar la mano, deteniéndose frente a una zona con tierra quebrada y marcas extrañas como si una energía antinatural hubiese rasgado la realidad misma.

—Aquí es… —murmuró, sus ojos brillando levemente mientras analizaba los restos de aura.

—La estructura de energía está contaminada —añadió Melania, colocando la palma sobre el suelo—.

Su poder se volvió más inestable… ya no es solo humano.

Dan, con su rostro serio y los puños apretados, dio un paso al frente.

—Entonces llegó el momento.

Terminemos esto.

Sin embargo, antes de que pudieran actuar, un estallido de energía oscura sacudió el bosque.

Desde la cabaña, columnas de humo negro se elevaron junto a una risa que no era completamente humana.

La puerta explotó hacia afuera y de entre la nube emergió Lumi.

Pero ya no era del todo ella.

Su piel mantenía la apariencia humana, pero sus ojos ahora brillaban con una tonalidad púrpura incandescente.

Pequeñas venas oscuras recorrían su cuello y se extendían como fractales hasta sus brazos, donde la gravedad parecía vibrar con cada movimiento que hacía.

Su cuerpo despedía un aura densa, asfixiante.

El ADN demoníaco, combinado con su propia sangre y poder gravitacional, se había fusionado perfectamente.

—Hehe… qué conveniente —dijo Lumi, abriendo los brazos con burla—.

Justo cuando planeaba conquistar este planeta…

ustedes vienen a ver mi ascenso.

Dan dio un paso al frente, los ojos encendidos.

—No vas a conquistar nada.

Vas a pagar por lo que hiciste.

Por Shino… por todo.

Ali desenfundó sus dagas, listas para perforar cualquier punto vital, mientras Melania activaba su sello de absorción de impacto.

Pero Lumi solo sonrió.

—¿Pagar?

No entienden… ya no soy solo Lumi.

Ahora soy algo más.

Una criatura que trasciende el límite de lo humano, lo demoníaco y lo elemental.

Estoy por encima de las reglas.

Miró al cielo y luego bajó la mirada lentamente.

—Y ustedes…

serán la primera ofrenda para mi nueva divinidad.

El suelo tembló.

Gravedad fluctuante distorsionó el espacio a su alrededor, las piedras levitaban y se deshacían.

El poder que había logrado controlar era caótico pero aterradoramente eficiente.

El bosque a su alrededor empezó a retorcerse bajo su influencia.

Pero Dan, Melania y Ali no retrocedieron.

Porque esta vez… no habían venido a resistir.

Habían venido a matar.

Lumi no esperó.

Con una sonrisa torcida y ojos brillando de pura arrogancia, se lanzó contra Ali a una velocidad tan brutal que el aire crujió.

Su puño impactó directo contra el abdomen de la joven guerrera, rompiendo la tela de su ropa táctica, desgarrándola y lanzándola varios metros hacia atrás.

Ali se estrelló contra un árbol, dejando una grieta en el tronco, pero aún viva.

—¿Eso era todo?

—susurró Lumi con tono burlón, alzando su mano lentamente.

Con un movimiento sutil, bajó un solo dedo.

El mundo pareció detenerse un segundo… y luego la gravedad se desplomó sobre ellos como una montaña invisible.

—¡GRAAAGH!

—gritó Dan, sus pies cediendo al instante mientras su cuerpo era aplastado contra el suelo con una fuerza veinte veces superior a la normal.

A su lado, Melania cayó de rodillas, sus brazos intentando resistir la presión, pero era inútil.

El terreno bajo sus cuerpos empezó a resquebrajarse… y luego cedió.

Como si la tierra misma los escupiera, ambos fueron arrastrados por la fuerza gravitacional, cayendo a través de capas de roca, raíces y polvo, rompiendo el suelo como si fuera papel mojado, hasta que finalmente impactaron con fuerza dentro de una antigua mina subterránea, olvidada por el tiempo, cubierta de hierro, piedras mágicas y polvo de siglos.

El silencio fue breve.

Melania escupió sangre y se levantó con dificultad, observando la oscuridad con el rostro cubierto de tierra y sudor.

—¿Dan?

—murmuró con voz rasposa.

—Estoy… bien… más o menos —respondió él desde unos metros más allá, cojeando.

Su brazo sangraba, pero su espíritu seguía ardiendo.

Desde la superficie, Lumi observaba el agujero con diversión.

—Espero que les guste la decoración… no los necesito vivos aún.

Me conformo con verlos arrastrarse un rato más.

Mientras tanto, Ali, aún adolorida, se reincorporaba entre los restos de ramas y hojas.

Su cuerpo temblaba por el impacto, pero su mirada seguía fija en el cráter.

—Maldita… —susurró, limpiando la sangre de su labio con el pulgar—.

No voy a dejarte salirme con la tuya.

Pero sabía que sin Dan y Melania, enfrentar sola a una Lumi fusionada con ADN demoníaco era casi un suicidio.

Y sin embargo… era exactamente lo que pensaba hacer.

Lumi suspiró, su rostro ya no reflejaba euforia o burla… ahora solo quedaba un vacío frío y un brillo letal en sus ojos morados.

—Tch… cortes energéticos —murmuró, observando cómo su mano brillaba con restos de la energía demoníaca absorbido —.

Útiles, pero predecibles.

Aunque… si les doy mi toque…

Extendió ambas manos y, con un simple gesto de torsión de muñeca, la energía demoníaca se mezcló con su dominio gravitacional, distorsionando el aire a su alrededor.

Una presión densa, invisible, emergía como cuchillas a través del espacio, cortando el entorno sin necesidad de contacto.

—Ahora sí… cortes gravitacionales —susurró con voz helada, y su dedo se movió como si dibujara en el aire.

Un arco invisible atravesó el campo, y Ali, apenas levantándose del suelo, fue impactada directamente en el costado.

El aire se le fue en un grito ahogado.

Una línea sangrienta se abrió en su costado, no profunda, pero sí brutalmente dolorosa y densa, como si una fuerza la hubiese desgarrado desde adentro.

—¡Ahh!

—gritó, rodando por el suelo antes de impulsarse y ponerse de pie como pudo.

Sus piernas temblaban.

Sabía lo que estaba pasando.

—No puedo parar… si me detengo… me corta en dos…

—murmuró entre jadeos, corriendo a toda velocidad entre los árboles, dejando un rastro de sangre.

Lumi caminaba tras ella con tranquilidad.

Cada paso era meticuloso, elegante, como una cazadora segura de que su presa no escaparía.

—¿Huyendo, Ali?

¿Después de hablar tanto de justicia y promesas?

No eres más que otra hoja esperando caer.

Ali seguía corriendo, pero cada corte invisible rasgaba un poco más de su ropa y su piel, ya no podía bloquear ni anticiparlos.

Eran espadas de gravedad, que ignoraban distancia, defensa y resistencia.

Un segundo corte le rozó la pierna izquierda y la hizo trastabillar.

—¡No puedo seguir así…!

—gruñó, levantándose como pudo, su rostro lleno de desesperación y furia.

Y entonces recordó algo.

Melania le había dado una pequeña cápsula de energía de impacto.

“Solo si estás al borde.

Solo si de verdad no hay otra opción”, le dijo.

La llevaba atada en su tobillo, cubierta por un vendaje.

Ali apretó los dientes, se agachó y la arrancó con rapidez.

—Una oportunidad…

eso es todo lo que necesito —murmuró, rompiendo la cápsula en sus manos.

Una explosión de energía comprimida la rodeó como un escudo temporal, empujando la gravedad a su alrededor y neutralizando momentáneamente los cortes de Lumi.

No era una victoria.

Era una ventana de segundos.

Y Ali iba a usarla.

—¡AHORA O NUNCA!

—gritó, corriendo directo hacia Lumi con un grito de guerra en la garganta.

Lumi no perdió el tiempo.

Apenas el escudo de energía comprimida rodeó a Ali, ella frunció el ceño, sus dedos se cerraron en un gesto rápido y silencioso.

—¿Crees que esto me va a detener?

La gravedad se comprimió de golpe sobre el espacio que rodeaba a Ali, como si el aire mismo se convirtiera en plomo.

—Te voy a aplastar hasta que desaparezca hasta tu alma… El escudo crujió.

Las ondas gravitacionales cortaban con precisión quirúrgica, como si fueran garras invisibles.

Ali se esforzaba en sostenerse, su cuerpo temblando por el esfuerzo.

Apretaba los dientes, sabiendo que no podía dejar que Lumi pasara esa barrera…

Pero fue inútil.

—¡Rómpete!

—gritó Lumi, y con un corte gravitacional final, desgarró por completo la defensa.

El choque de energía oscura con la defensa provocó una explosión menor.

El polvo apenas se dispersaba cuando la silueta de Lumi apareció frente a Ali, con la mano ya alzada.

El filo invisible de su poder atravesó el espacio.

Un corte rasgó su mejilla.

Otro en su abdomen.

Luego… sus muñecas.

—¡AAAAAHHHH!

—el grito de Ali fue desgarrador mientras caía de rodillas, sus manos amputadas, la sangre saliendo como lluvia gruesa, empapando el suelo.

Lumi bajó la mirada.

—Te dije que eras una hoja esperando caer.

Con precisión quirúrgica, Lumi golpeó el pecho de Ali, directo al punto exacto de su corazón, aplicando una densidad tal que microfisuras invisibles corrieron por el órgano.

—Tres minutos.

Te quedan tres minutos antes de que colapse.

Considera eso… un regalo.

Y se fue.

Sin mirar atrás.

Caminó entre los árboles con calma, desapareciendo lentamente entre la oscuridad, dejando el cuerpo de Ali desangrándose en el suelo.

Pero no estaba sola.

Dan y Melania trepaban a toda velocidad por el borde de la grieta, jadeando, con los brazos cubiertos de tierra y heridas.

El corazón de Dan se detuvo al ver la escena.

—¡¡ALI!!

—gritó corriendo hacia ella.

Melania no dudó, cayó de rodillas junto al cuerpo de su amiga, sacando rápidamente una inyección de estabilización mágica y aplicándola directo al pecho.

— ¡Necesitamos detener el colapso cardíaco YA!

—gritó, mientras Dan presionaba las muñecas de Ali para contener la pérdida de sangre—.

¡Solo quedan dos minutos!

Ali aún respiraba, con dificultad.

Pero estaba viva.

Y si sobrevivía… Lumi no iba a tener una segunda oportunidad tan fácil.

La vida se desvanecía.

El aliento de Ali era entrecortado, débil.

Sus labios temblaban, su piel estaba helada y la sangre empapaba el suelo bajo su cuerpo.

Dan seguía presionando con fuerza las heridas, desesperado, y Melania, arrodillada, solo podía ver los ojos de su amiga “de su hermana” llenarse de ese brillo final, ese reflejo vacío que precede a la muerte.

—Melania… —susurró Ali con una voz que era casi aire, mirando al cielo como si ya no sintiera el peso de su cuerpo—.

Antes de que naciera… mamá me dijo que tenía una hermana… pero… que la dieron en adopción… Melania la miró, con el corazón encogido y las manos temblorosas.

—¿Qué…?

—Mamá dijo… —Ali tragó saliva con esfuerzo—… que si alguna vez una de las dos… moría… la otra… la otra heredaría… todo su poder… a su máximo nivel… como… un último lazo… de sangre.

Un silencio cayó como una sentencia.

Ali dejó caer la cabeza hacia un lado, con sus ojos aún abiertos, fijos en un cielo gris que no le respondía.

Su cuerpo se relajó, y su alma se fue con una calma brutal.

Murió con los ojos abiertos, mirando el cielo.

Murió con la mano en el suelo.

Murió confiando.

Murió con una verdad.

Y Melania gritó.

—¡¡¡ALI!!!

—su grito desgarró el bosque—¡¡NO!!

¡¡No puedes dejarme así!!

¡¡ALI!!

El suelo tembló.

Un calor comenzó a brotar desde el cuerpo sin vida de Ali, una corriente de energía ancestral, profunda, que empezó a rodear a Melania en un aura blanca, azulada y roja, combinando las memorias, emociones y el legado de sangre sellado por generaciones.

Una transferencia completa.

Melania sintió cómo un torrente de poder y recuerdos se incrustaban en su pecho, un rayo de emociones violentas, destellos de batallas que no vivió, amores que no conocía, heridas, sacrificios, sueños rotos.

Todo eso se hundió en su alma como un cuchillo, profundo y ardiente.

Y supo la verdad.

Ali era su hermana.

Lo fue siempre.

Y ahora, Melania lo sabía todo.

—Tú eras… mi hermana —susurró, apretando con fuerza la camisa ensangrentada del cadáver de Ali, con los dientes apretados y lágrimas quemándole el rostro—.

¡Y no te despediste, idiota…!

El aura terminó de absorberse.

Una nueva fuerza se encendió en Melania.

Un fuego distinto.

Puro.

Doloroso.

Imparable.

Dan, a su lado, bajó la cabeza.

—Melania…

lo que sea que estés por hacer… estoy contigo.

Hasta el final.

Ella no contestó.

Solo se levantó, la mirada clavada en el horizonte, los ojos ardiendo con una mezcla de furia, tristeza y resolución.

Y prometió algo en silencio.

Lumi iba a pagar.

Con cada maldito hueso de su cuerpo.

Continuará…

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Victor_Jose_Perez pequeñas migajas.

Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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