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History academy what if - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 what if 22 Infección
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28: what if 22: Infección.

28: what if 22: Infección.

Un día normal en la History Academy cambia cuando una grieta se abre en el cielo.

De ella cae una persona muy conocida: José del futuro.

Está herido, con una capa rota, su cuerpo cubierto de cicatrices, y una mirada vacía.

Los profesores lo reconocen.

Los alumnos lo ven como un héroe que regresó del futuro… pero algo en él se siente mal.

No habla mucho.

Solo dice: —“No me toquen.

Estoy contaminado.” Nadie entiende qué quiso decir.

Rigor quiere encerrarlo para estudiar lo que pasó.

Pero Víctor siente algo extraño en su energía.

Algo que no estaba antes.

Algo…

vivo.

Esa noche, José empieza a convulsionar.

Su brazo derecho se transforma: se vuelve negro, con garras.

Su voz cambia.

Algo dentro de él quiere salir.

—“Yo ya no soy solo yo… cada pelea que enfrento me hace peor.” José del futuro destruyó su habitación en un estallido de poder; sus ojos se tornaron rojos intensos y su cabello café comenzó a brillar con un resplandor oscuro mientras el virus se propagaba rápidamente por su cuerpo, avanzando con velocidad imparable hasta alcanzar su cerebro, donde aguardó la conciencia del usuario para luego suprimirla al máximo, tomando control total para usar todo su potencial oculto y otorgándole una regeneración mucho más avanzada que hacía que cualquier herida se cerrara casi al instante, transformándolo en una criatura mucho más fuerte y resistente, lista para liberar todo su poder sin límites.

Rigor caminó por los pasillos destruidos con paso firme, pero su mente era un torbellino de preguntas.

Los muros estaban rajados, las luces parpadeaban, y el aire parecía cargado de algo venenoso.

Al fondo, la puerta de acero de la sala de contención había sido arrancada de cuajo.

Y ahí, entre los escombros, estaba él.

José del futuro.

El hijo de Víctor.

Pero no era el mismo joven que una vez admiró desde lejos, ni el que alguna vez cruzó con él una palabra de respeto.

El muchacho estaba de pie, el torso desnudo, la piel marcada con líneas negras como raíces que se movían bajo su carne.

Sus ojos brillaban con un rojo agresivo, casi febril, y su cabello café centelleaba, como si una energía desconocida lo recorriera.

La habitación entera había sido devastada por su furia.

Rigor no habló al principio.

Solo lo observó, y algo dentro de él se quebró un poco.

Ese muchacho que ahora tenía delante no era un simple alumno.

No solo era el hijo de Víctor.

Era… alguien más.

Un eco de otra línea temporal.

Un sobreviviente de algo que ni siquiera él comprendía del todo.

José lo miró de reojo, su respiración agitada.

No tenía miedo.

Tampoco respeto.

Solo una especie de aceptación resignada.

Como si supiera que este encuentro era inevitable.

—No esperaba verte tan pronto —murmuró José, con una voz rasposa, como si su garganta estuviera luchando por no dejar salir a otra cosa.

Rigor frunció el ceño, en silencio.

Daba un paso al frente, cruzando el umbral de la habitación destruida.

El peso de los años, de la historia compartida, caía sobre él como una losa invisible.

Aquel muchacho…

lo conocía.

—¿Cómo sabes de mí?

—preguntó con seriedad, deteniéndose a unos metros.

Sus ojos lo analizaban todo: las heridas que no sangraban, el aura que emanaba, el desequilibrio evidente en su energía espiritual.

José cerró los ojos un instante.

Una especie de suspiro se escapó de él, como si no quisiera decirlo, pero ya no importara.

—Porque tú… fuiste mi maestro —confesó, y entonces Rigor sintió una punzada directa al pecho.

Sus pupilas se dilataron apenas.

Su respiración se detuvo un instante.

Esa línea temporal…

Ese futuro…

¿Había ocurrido realmente?

—Estábamos en otro tiempo.

Tú eras diferente.

Más duro, más frío, pero justo.

Aprendí de ti… hasta que lo perdimos todo.

El silencio se alargó.

Rigor bajó la mirada unos segundos.

No solo por las palabras, sino por la carga emocional detrás de ellas.

No era solo un estudiante más.

No era una coincidencia.

Era alguien marcado por las decisiones de ambos.

—¿Qué te hicieron?

—preguntó finalmente.

José alzó el brazo derecho.

Las garras deformadas, negras y vivas, palpitaban como si fueran parte de un parásito adherido a su carne.

La piel ya no era suya.

Los músculos se habían regenerado más allá de lo humano.

El virus se movía dentro de él como un enjambre hambriento.

Y su voz… ya no era solo suya.

—Cada batalla.

Cada decisión.

Cada pérdida.

Todo se fue quedando en mi cuerpo.

Hasta que un día, el virus dejó de obedecerme… y empezó a enseñarme lo que era capaz de hacer con mi cuerpo.

Rigor no respondió de inmediato.

Sus ojos, por primera vez en años, mostraban un atisbo de culpa.

—No eres tú el que debería cargar con todo eso.

—Tal vez no.

Pero lo hago.

Porque soy el resultado de todo lo que ustedes no pudieron detener a tiempo.

José del futuro no lo dijo con rencor.

Lo dijo con cansancio.

Como alguien que simplemente aceptó su rol, su condena, y decidió caminar hacia ella sin mirar atrás.

Rigor apretó los puños.

Porque sabía que no podría salvarlo… no aún.

Porque lo que había dentro de José no era solo un virus.

Era la herencia de una historia que él también había escrito.

Y ahora… tocaba enfrentarla.

El suelo tembló con el primer impacto.

José del futuro y Rigor se lanzaron al choque como si el mundo a su alrededor no existiera.

El aire entre ellos se comprimió, estallando con una onda expansiva que agrietó las paredes del recinto.

No hubo palabras.

Solo acción.

Solo golpes.

Ambos chocaron puños con una fuerza sobrehumana, como si en cada embestida buscaran borrar todo el pasado que compartían: maestro y alumno, guía y heredero, ahora enemigos en el presente.

Rigor no lo quería aceptar, pero cada vez que José atacaba, podía ver en sus movimientos retazos de antiguas enseñanzas.

Era como pelear contra su propia historia…

torcida, oscura, alterada por algo que no comprendía del todo.

José, por su parte, ya no titubeaba.

Sus golpes eran certeros, implacables, cargados de una furia contenida y una tristeza que se reflejaba en sus ojos rojos brillantes.

Los alumnos que observaban desde las sombras contenían el aliento.

Blue Tout apretaba los dientes, incapaz de decidir si intervenir o quedarse quieto.

Kaviel, de brazos cruzados, intentaba analizar la situación, pero la presión del aura liberada por ambos lo mantenía paralizado.

Ghost Hauter murmuró: —Esto… esto no es un entrenamiento.

Esto es personal.

Ewin retrocedió un paso.

Nunca había sentido algo así, ni siquiera durante las misiones más peligrosas.

Y Ura Trash, temblando levemente, susurró: —¿Debemos hacer algo…?

Si siguen así, van a destruir el lugar.

Pero nadie se movía.

No porque no quisieran, sino porque sabían que no estaban preparados.

Ese combate no era solo físico.

Era una guerra entre dos tiempos.

Entre lo que fue… y lo que no debió ser.

Cada golpe que lanzaban destrozaba parte del entorno: columnas quebradas, el suelo hecho trizas, el cielo rasgado por la presión.

Y, sin embargo, Rigor contenía sus fuerzas.

Él no quería matar a su antiguo alumno.

José, en cambio, no mostraba piedad.

Sus ojos, brillando con la energía carmesí, mostraban que algo más lo controlaba… o quizá simplemente estaba cansado de perder.

Rigor pensó por un segundo en los viejos días, cuando ese chico lo llamaba “maestro” con orgullo, cuando entrenaban juntos al amanecer, cuando todavía había esperanza.

Pero ese tiempo se había ido.

Ahora solo quedaba enfrentar la consecuencia del pasado.

Y pelear.

Entre los estudiantes que observaban, hubo una que no pudo seguir esperando.

Zuki, una de las alumnas más decididas de la academia, dio un paso al frente.

Su corazón latía con fuerza, pero no por miedo, sino por determinación.

—No puedo quedarme quieta —murmuró, y en un instante se lanzó al combate.

Con velocidad impresionante, apareció justo detrás de José del futuro y, sin vacilar, le lanzó un puñetazo directo al rostro.

Su golpe fue firme, veloz y preciso.

La fuerza con la que lo hizo habría derribado a cualquier oponente normal.

Pero José ni siquiera parpadeó.

El impacto sonó… pero su rostro apenas se movió.

Volteó lentamente a verla, su expresión neutra, casi decepcionada.

Los ojos de José brillaban con un tono carmesí intenso, y su voz, cuando habló, sonó distinta… más profunda, más antigua.

No era solo José el que estaba ahí.

Había algo más… el virus.

—Un ataque sin comprensión del enemigo es un suicidio disfrazado de valentía —dijo con tono sabio, como si estuviera enseñando una lección.

Antes de que Zuki pudiera reaccionar, el brazo de José se movió como un látigo.

Su puño impactó directo en el vientre de la chica, concentrando una energía oscura en el punto exacto.

El aire se escapó de los pulmones de Zuki.

El dolor fue tan repentino y brutal que no pudo ni gritar.

Su cuerpo salió disparado, girando en el aire antes de caer pesadamente al suelo con un golpe seco.

—¡Zuki!

—gritó Blue Tout, dando un paso adelante, pero Ghost Hauter lo detuvo con una mano.

—No… si entras sin un plan, terminarás igual.

El cuerpo de la joven quedó tendido en el suelo, su respiración agitada, el dolor cruzando su rostro.

No estaba inconsciente, pero sí derrotada.

José no la remató.

Solo la miró con esa expresión distante, casi vacía.

—Tu voluntad es fuerte… pero tu técnica aún es débil —añadió el José infectado, casi como si hablara desde un libro antiguo.

Rigor, al ver eso, apretó los dientes con furia.

—¡Basta!

¡No eres así, José!

¡Lucha contra eso!

¡Tú no eres este monstruo!— Pero el virus ya había tomado el control.

Y José… solo sonrió con tristeza.

El ambiente estaba tenso.

Zuki yacía en el suelo, adolorida, y José, infectado por el virus, parecía más incontrolable que nunca.

Pero en ese momento, Rigor no dudó más.

—¡Ya fue suficiente!

—gritó.

Con un impulso firme, se lanzó contra José y, con un movimiento veloz, le propinó un poderoso golpe directo al pecho.

El impacto fue tan brutal que el cuerpo de José salió volando como un rayo, estrellándose a lo lejos contra una montaña y levantando una nube de polvo que se extendió por todo el campo.

Los alumnos observaron boquiabiertos.

Rigor, jadeando un poco, giró la cabeza hacia Zuki que aún estaba en el suelo.

Se agachó ligeramente para verla mejor… y entonces notó algo.

Zuki tenía el rostro delicado, ropa de mujer, y un cuerpo con detalles femeninos…

pero al mirarla más de cerca, Rigor notó lo que pocos sabían.

—…¿Eh?

Hubo un segundo de silencio.

Y entonces, Rigor no pudo evitar soltar una carcajada en medio del campo de batalla, rompiendo el momento tenso.

—¡JAJAJA!

¡¿Con esa ropa ya quieres atraer a esa cosa?!

—exclamó señalando hacia donde José había sido lanzado—.

¡¿Tú estás bien de la cabeza?!

Zuki, aún adolorido, trató de hablar: —¡Y-yo solo… quería verme bien…!

Rigor se llevó la mano a la cara, negando con una sonrisa irónica.

—Ay, por favor… en medio de una batalla contra un virus asesino y tú modelando como si fueras a una cita.

Los alumnos no sabían si reír o preocuparse, pero el comentario de Rigor bajó la tensión por un momento… aunque sabían que el enemigo volvería a levantarse.

Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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