History academy - Capítulo 1
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1: La escritura.
1: La escritura.
En un lugar donde el concepto mismo de lugar no tenía sentido, existían dos presencias.
No habían nacido ni sido creadas; simplemente estaban.
Allí no había tiempo, ni espacio, ni oscuridad.
Aquello no era vacío, sino ausencia de necesidad.
Y aun así, algo observaba.
Frente a ellos flotaban páginas que aún no eran papel, suspendidas como posibilidades sin decidir, esperando una elección que todavía no existía.
—Hace tiempo que no escribimos nada —dijo ella, rompiendo un silencio que nunca había sido impuesto.
Él tardó en responder.
Entre sus dedos giraba un bolígrafo extraño, oscuro como el abismo, pero con una punta luminosa, casi alegre.
Lo movía con calma, como si pensar fuera parte del ritual.
—No es por falta de ideas —murmuró—.
Es por miedo a repetirlas.
Ella lo miró de reojo, sin reproche.
—Entonces no repitamos.
Hagamos algo distinto.
—No levantó la voz, pero en sus palabras había una decisión firme, una promesa de que esta vez no retrocederían.
El silencio volvió a envolverlos, cómodo, expectante, mientras ambos observaban la nada como quien contempla un lienzo demasiado grande para empezar sin cuidado.
—¿Desde dónde empezamos?
—preguntó él al fin.
—Desde cero —respondió ella sin dudar—.
Sin profecías forzadas.
Sin dioses aburridos.
Sin explicarlo todo desde el inicio.
Él sonrió apenas, convencido.
—Me gusta.
—Veía hacia arriba y observó algo que venía hacia él.
Las páginas descendieron con suavidad y se apoyaron sobre una mesa que no existía hasta ese instante.
No fue creada ni invocada: simplemente apareció, como si siempre hubiera sabido que debía estar allí.
Cuando las hojas tocaron la superficie, la dimensión tembló y el no-ser se agrietó por un instante.
—Con cuidado —advirtió ella, alzando la mano.
Había preocupación en su gesto, no solo por las páginas, sino por aquello que estaba a punto de nacer de ellas.
El temblor cesó de inmediato, como si la propia realidad hubiera pedido disculpas.
—Lo siento —dijo él—.
A veces olvido que esto todavía no es una historia.
Ella suspiró, sin dureza.
—Precisamente por eso tenemos que hacerlo bien esta vez.
—Su tono era cercano, casi humano; había algo íntimo en su voz.
Él bajó la mirada hacia las páginas en blanco.
—Entonces… ¿qué estamos escribiendo?
—No necesitaba pensar la respuesta, pero le gustaba fingir que sí.
—Un lugar fuera del tiempo.
No un mundo.
No una era.
Un punto de encuentro.
—¿Para quiénes?
—preguntó ella.
—Para los que van a romper la historia… o salvarla.
—Dijo él.
Ella lo observó unos segundos antes de asentir.
—History Academy.
El nombre quedó flotando, probado en silencio por la existencia misma.
—Suena pretencioso —comentó ella.
—Lo es —respondió él—.
Pero también honesto.
Ella sonrió.
—Está bien.
Pero esta vez nada de errores absurdos.
—Se rió en voz baja, ocultando una risa que él conocía demasiado bien.
—¿Seguimos hablando de los árboles?
—preguntó él con cautela.
Ella le dio un golpe en la cabeza.
La dimensión volvió a agrietarse.
—Nunca existieron.
—Dijo ella, con un tono de enojo y reproche pequeño.
—Eran originales.
Eran memes —respondió él, antes de reírse.
Rieron juntos.
Y en ese gesto simple, algo cambió.
No en la nada… sino en ellos.
Él apoyó el bolígrafo sobre la primera página.
—No quiero empezar con la creación del todo —dijo—.
Eso cansa.
—Entonces no empieces —respondió ella—.
Que ya exista algo.
Alguien.
Él alzó la mirada, interesado.
—¿Alguien que no hayamos escrito?
— Preguntó, era una duda válida para un autor como él.
—Exacto.
Que no tenga origen… pero sí propósito.
—Esas palabras resonaron en él.
El bolígrafo se detuvo.
Él sabía qué escribir… pero eligió no hacerlo aún.
—Eso rompe la lógica.
—Dijo él, sabía muy bien que eso era algo grave.
—Por eso funciona.
— Mencionó ella, esas palabras decían mucho con lo poco antes mencionado.
Él sonrió, genuinamente.
—Está bien.
Que observe.
Que recuerde.
Que no intervenga… hasta que tenga que hacerlo.
— Esas palabras resonaron en el lugar, sabían que era una idea increíble para ellos.
El bolígrafo tocó la página.
El nombre fue escrito.
Algo nuevo iba a nacer de ellos dos.
Algo hermoso.
Ella no lo leyó.
Aún no.
—Una cosa más —dijo ella—.
Esta vez, los poderes.
Él suspiró.
—Lo sé.
Nada de caos gratuito.
— Ese suspiro dejaba llevar mucha carga que se demostró en sus hombros.
—Que crezcan —continuó ella—.
Que tengan límites.
Que no todos puedan hacerlo todo.
—Y que romper esos límites tenga consecuencias —añadió él.
Las palabras no se escribieron aún.
Solo quedaron flotando, esperando su momento.
—¿Tipos de energía?
—preguntó él, con una sonrisa peligrosa.
Ella lo miró.
—Pocos.
Bien pensados.
—Mencionó ella, ya que sabía que a veces todo se volvía un caos cuando escribían y se dejaban llevar.
—Prometido.
—Él dijo eso manteniendo esa sonrisa peligrosa que demostraba mucho.
Escribió una frase simple, casi invisible: “Todo poder tiene un costo.
Toda excepción, una razón”.
Ella asintió.
—Eso bastará por ahora.
—Asintió validando su propia respuesta.
Él dejó el bolígrafo y se recostó, dejando escapar un suspiro que se transformó en estrellas distantes.
—¿Crees que lo lean?
—preguntó.
Ella lo miró en silencio.
—Sí —dijo finalmente—.
Y algunos se quedarán.
Él sonrió, satisfecho.
Las páginas comenzaron a llenarse solas, lentamente.
La historia ya no necesitaba ser forzada.
La nada… había decidido escuchar una historia.
Fin.
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