History academy - Capítulo 19
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Tu cuerpo es mío.
19: Tu cuerpo es mío.
En aquel planeta, donde el cielo se teñía de rojo intenso y el mar brillaba con un azul profundo, las rocas volcánicas y la ciudad se entrelazaban formando un paisaje surrealista, casi irreal.
Entre esas estructuras, se movían demonios de piel carmesí, sus cuernos curvados apuntando hacia arriba y colas rojas terminadas en un punto afilado como un aguijón, balanceándose con cada paso.
Sus cuerpos robustos y musculosos denotaban fuerza, y sus ojos brillaban con un resplandor feroz, reflejando la energía que corría por aquel mundo.
Algunos de ellos caminaban entre las calles de la ciudad construida en piedra negra, mientras otros merodeaban las rocas y los precipicios, como guardianes naturales de su territorio.
El aire estaba cargado de un silencio tenso, roto solo por los rugidos lejanos de otras criaturas y el eco de las pisadas de estos demonios que parecían siempre alertas, evaluando cada movimiento en su entorno.
La ciudad misma parecía vivir con ellos, como si su existencia estuviera entrelazada con la de estas criaturas, reflejando su carácter feroz y dominante.
En el interior de una de aquellas casas de piedra negra y metal oxidado, el niño demonio Linx se encontraba concentrado, sus ojos rojizos brillando con determinación.
Su pequeño cuerpo rojo se movía ágilmente mientras practicaba movimientos de combate, intentando imitar cada gesto que su padre, Joshua, le mostraba.
Joshua, un demonio imponente de piel carmesí más oscura que la de Linx, con cuernos curvados hacia atrás y una cola que se balanceaba con precisión, observaba atentamente a su hijo.
—Linx, primero domina esto, luego pasarás a lo demás —, dijo con voz firme pero paciente, señalando un patrón de ataque que el niño debía repetir.
Linx frunció el ceño, concentrándose.
Cada golpe de su mano abierta y cada movimiento de su pierna debía ser exacto; su cola se tensaba como un látigo, reflejando su esfuerzo y concentración.
—¡Lo haré, papá!
¡Te mostraré que puedo ser tan fuerte como tú!, —gritó con entusiasmo, mientras lanzaba un golpe que hacía vibrar el suelo bajo sus pies.
Joshua asintió, mostrando una sonrisa ligera.
—Eso es, Linx.
Pero recuerda, la fuerza no lo es todo.
La mente y la estrategia son lo que realmente te harán fuerte.
—Con esas palabras, guió al niño hacia el siguiente ejercicio, donde la velocidad y el ingenio serían claves.
La luz roja del exterior se filtraba por la ventana, bañando la habitación en un resplandor ardiente que parecía reflejar la pasión y el fuego que corría por la sangre de ambos.
Se detuvieron antes de hacerlo.
Para poder estirar los músculos y eso hicieron, estiraron sus músculos.
Linx y su padre Joshua habían terminado de estirar los músculos bajo la luz rojiza del cielo infernal.
El calor del suelo aún vibraba bajo sus pies cuando Joshua, con un tono más serio que de costumbre, habló mientras ajustaba la lanza que siempre llevaba en la espalda.
—Linx, hoy no entrenaremos aquí —dijo con voz grave, mirando hacia el horizonte rocoso—.
Vamos a entrar en un lugar especial… una habitación donde el tiempo no es igual.
Allí, unos segundos pueden ser días, o incluso meses.
El joven demonio lo miró con curiosidad, ladeando la cabeza.
—¿Una habitación así existe, papá?
—Mencionó con curiosidad y entusiasmo generado.
Joshua asintió lentamente, su mirada reflejando memorias antiguas.
—Apareció el primer día que uno de los nuestros deseó volverse más fuerte que los límites del cuerpo.
Dicen que la habitación se manifiesta para quienes tienen verdadera voluntad.
Está entre las casas antiguas, detrás de los templos caídos… —Dijo con una claridad marcada por sus años.
Caminaron entre los pasillos de roca hasta que la tierra comenzó a vibrar suavemente.
Entre dos pilares cubiertos de runas apareció una puerta de fuego negro, y al abrirse, una corriente de aire denso los envolvió.
Detrás de esa entrada había un espacio vasto, infinito, con un suelo blanco y una sola casa en medio de la nada.
No había cielo visible, solo un resplandor constante, como si el espacio mismo respirara.
—Bienvenido, hijo —dijo Joshua con una media sonrisa—.
Aquí, la gravedad te aplastará.
Es tan fuerte como el tirón de un agujero negro.
Pero si aprendes a moverte bajo esa presión, nada fuera de este lugar podrá detenerte.
Ambos demonios avanzaron.
Sus colas se movían lentamente mientras el peso invisible comenzaba a presionar sus cuerpos.
Los cuernos de ambos emitieron un leve brillo rojizo, un reflejo de su linaje infernal.
Joshua caminaba con paso firme, como si esa fuerza no le afectara en absoluto.
Pero Linx… apenas podía sostenerse en pie.
El suelo temblaba bajo sus pasos torpes; cada movimiento le costaba una enorme cantidad de energía.
Trató de avanzar, pero terminó cayendo de rodillas, jadeando.
—¡No puedo… moverme bien, papá!
—gruñó, frustrado.
Joshua lo miró con calma, cruzándose de brazos.
—Entonces ajusta tu centro.
Aumenta tu gravedad interior, hazla tuya.
No luches contra el peso… intégralo.
— mencionó con si fuera una clase y siempre cada clase necesitaba un hecho una ejecución exacta que sabía que su hijo podría hacerlo.
Linx apretó los puños.
El aire a su alrededor comenzó a vibrar mientras concentraba su energía.
Pequeñas chispas rojas salieron de su cuerpo.
Se tambaleó, pero dio un paso.
Luego otro.
Su respiración era pesada, pero constante.
Joshua observaba en silencio, con una sonrisa contenida.
—Eso es, hijo.
El cuerpo se dobla, pero el espíritu no.
—Sonrió, sabía que su hijo lo lograría.
Linx levantó la mirada, con los ojos brillando de determinación.
—Lo lograré… no importa cuánto me cueste.
— Dijo seriamente, su voz raspó un poquito.
Joshua caminó junto a él y le dio una palmada en el hombro.
—Entonces empecemos de verdad.
Desde hoy, este lugar será donde tu voluntad se forjará en fuego y gravedad.
—Mencionó, su voz era simple, pero tenía una paz muy solemne.
El eco de esas palabras resonó en aquella dimensión, mientras el padre y el hijo comenzaban un entrenamiento que desafiaría el tiempo mismo.
Joshua se colocó frente a Linx, con los pies firmes sobre el suelo que parecía absorberlos bajo su peso infinito.
Su voz resonó con autoridad.
—Linx, golpea.
Pero hazlo lento, siente el peso en tu brazo, en tu cuerpo.
El joven demonio asintió y levantó la mano, lanzando un puñetazo medido, controlado.
Su fuerza era notable, pero apenas un susurro comparado con la de su padre.
Joshua lo observaba, evaluando cada movimiento, cada músculo en tensión.
Con un movimiento casi imperceptible, Joshua se acercó y golpeó directamente el pecho de Linx, en la zona del plexo solar.
El impacto hizo que el aire escapara de los pulmones del joven demonio en un jadeo ahogado.
Se tambaleó hacia atrás, su visión parpadeando por un segundo, mientras un calor interno subía desde su abdomen hasta la garganta.
—Siente eso —dijo Joshua con voz firme pero calmada—.
Ese golpe no es para lastimarte… es para enseñarte cómo reaccionar bajo presión, cómo tu cuerpo y tu espíritu pueden adaptarse incluso cuando todo parece imposible.
Linx jadeaba, tratando de recuperar el aire, pero en sus ojos brillaba una chispa de determinación.
Sabía que cada golpe de su padre era un paso más hacia su dominio del cuerpo, del tiempo y de la fuerza.
—Papá… lo entiendo —dijo, entre respiraciones pesadas—.
Estoy listo para intentarlo otra vez.
Joshua asintió, con una pequeña sonrisa que apenas se dibujaba entre su seriedad.
—Bien, hijo… ahora golpea con todo, y recuerda lo que acabas de sentir.
Esa fuerza será tu aliada.
Joshua sintió la combinación de movimientos de su hijo con una leve tensión en los hombros, evaluando cada acción como si el tiempo se hubiera ralentizado dentro de esa habitación de gravedad extrema.
Linx se lanzó con rapidez, intentando derribar a su padre, pero Joshua resistió el peso de la gravedad y la fuerza de su hijo con firmeza, manteniendo el equilibrio como un ancla en medio de un océano de presión infinita.
Antes de que el codo de Linx impactara la región cervical, Joshua agarró el brazo de su hijo con rapidez, deteniendo el golpe destinado a paralizarlo.
—Buen intento —dijo Joshua con un dejo de orgullo en su voz mientras el joven demonio intentaba sorprenderlo.
Sin perder tiempo, lanzó un puñetazo ascendente directo a la mandíbula de Linx, seguido de un movimiento hacia su estómago para medir su resistencia.
Pero Linx, con determinación y conocimiento reciente de su propia fuerza, aguantó el golpe y liberó un torrente de energía que mezclaba lo natural y lo demoníaco.
Una niebla espesa comenzó a expandirse por toda la habitación, oscura y luminosa al mismo tiempo, como si la propia gravedad la aceptara como parte del entrenamiento.
Joshua sintió un leve cosquilleo en la piel, pero su mente y cuerpo no flaquearon.
La niebla no lo detendría; solo aumentaba la dificultad del entrenamiento, un verdadero desafío para dominar mente y cuerpo bajo presión.
Linx, viendo que su padre resistía, se movió a un lado, evaluando su próxima acción mientras respiraba con control, absorbiendo la lección de cada golpe y cada respiración dentro de aquel espacio donde el tiempo y la gravedad se doblaban a voluntad.
Joshua intentó abrirse camino entre la espesa niebla, sus pasos firmes marcando la resistencia frente a la presión y el aire cargado de energía demoníaca y natural.
Pero antes de que pudiera reaccionar, Linx apareció justo frente a él con un movimiento tan rápido que parecía desvanecerse entre el humo.
Con precisión, golpeó directamente en el plexo solar de Joshua, sacándole el aire de manera inmediata.
La combinación de fuerza, velocidad y la niebla que había preparado hizo que cada inhalación de Joshua estuviera impregnada de la energía especial que Linx había creado, mezclando naturalidad y demonio en un solo aliento.
El efecto fue instantáneo.
Joshua sintió que la fuerza en sus brazos y piernas se desvanecía, como si el tiempo y la gravedad no pudieran sostenerlo.
Su visión se volvió borrosa y su cuerpo pesado.
Con un leve suspiro, cayó al suelo, dormido, mientras la niebla se disipaba lentamente alrededor, dejando a Linx de pie, respirando con control, observando el fruto de su entrenamiento y la primera victoria sobre su propio padre.
Después de dos horas despertó y se sintió un poco desconcentrado.
Joshua se levantó lentamente, sacudiéndose el cuerpo para recuperar el equilibrio y la respiración.
Una sonrisa apareció en su rostro mientras miraba a Linx, orgulloso y sereno.
—Lo hiciste bien, hijo —dijo Joshua con calma, su voz firme pero cálida.
Linx bajó la mirada un momento, sonriendo humildemente.
—Gracias, padre… intenté aplicar lo que aprendí.
Ambos salieron de la habitación temporal y miraron el mundo exterior.
El sol iluminaba las calles y casas de su ciudad, pero algo curioso llamó su atención: lo que habían vivido dentro de esa habitación, cinco meses de intenso entrenamiento, afuera solo habían sido cinco minutos.
La diferencia de tiempo les recordó la magnitud de lo que habían logrado.
Joshua se acercó a su hijo y con un tono inquisitivo pero confiado, le preguntó: —¿Qué fue exactamente lo que hiciste para crear esa habilidad?
Linx respiró hondo y respondió: —Conozco ciertas sustancias… propofol, etomidato y ketamina.
Las combiné de manera que, al inhalarlas junto con mi energía demoníaca y natural, generara una niebla capaz de adormecer y debilitar temporalmente al enemigo… en este caso, a usted.
—mencionó, con una sonrisa.
Joshua lo miró por un instante, evaluando la respuesta, y luego sonrió ampliamente.
—Bien pensado, hijo.
No solo es fuerza bruta lo que se necesita para ser un gran guerrero.
La creatividad y la estrategia también cuentan.
Has avanzado mucho.
— Sonrió esa naturaleza de ser un buen padre para su hijo.
Linx asintió, sintiendo orgullo y satisfacción por haber sorprendido a su padre y haber aprendido a dominar un nuevo nivel de combate.
Con el paso de los años, la civilización demoníaca fue cambiando.
Las aldeas de roca volcánica crecieron en tamaño y en conocimiento; los guerreros ya no solo dependían de su fuerza instintiva, sino del estudio, de la estrategia y del análisis.
Los templos que antes solo servían para entrenar empezaron a llenarse de manuscritos, tablas de investigación, diagramas y nuevas teorías.
La gente comenzó a valorar el aprender tanto como el combatir.
En medio de esta evolución, Linx también creció.
Aquel niño que apenas podía mantenerse en pie bajo la gravedad aplastante de la habitación temporal ahora era un adulto de entre veinticinco y veintiocho años, fuerte, disciplinado y dueño de una mente inquieta.
Su energía demoníaca se había vuelto estable, fina, casi quirúrgica… y eso lo llevó a descubrir algo que transformaría por completo a su pueblo.
Durante sus años de estudio y práctica, Linx se obsesionó con un problema que había visto repetirse demasiado: la muerte repentina de personas jóvenes, accidentes, enfermedades demoníacas, heridas que ni la medicina del momento podía revertir.
Familias enteras quedaban destrozadas, y aunque su raza era fuerte, no era inmortal.
Así nació una idea arriesgada, casi imposible.
Una idea que pocos habrían intentado siquiera pensar.
Tras incontables pruebas, fracasos y avances, Linx desarrolló una técnica única.
No era energía común ni tampoco ciencia pura.
Era una mezcla de ambos mundos, guiada por su energía natural y demoníaca: la mutación de cambio.
Consistía en separar el alma y el cerebro de alguien agonizante o recién fallecido, preservar su esencia, su memoria, su identidad… y transferirlos a un nuevo cuerpo.
Los familiares debían elegir entre cuerpos disponibles: voluntarios donantes, seres sin alma, incluso constructos demoníacos diseñados para recibir conciencia.
Una vez elegido, Linx iniciaba el proceso, conectando alma y cerebro con precisión absoluta, como si tejiera hilos invisibles entre dos destinos.
La primera vez que lo hizo, el pueblo entero se quedó en silencio.
La segunda, se llenaron de esperanza.
Para la décima, ya se había convertido en una práctica normal.
En los pasillos de la aldea se escuchaban murmullos agradecidos, llantos de alegría y pasos de seres que habían vuelto a vivir en cuerpos diferentes pero corazones intactos.
Linx, aunque admirado, nunca se sintió superior.
Solo veía su trabajo como una forma de evitar pérdidas innecesarias…
como una deuda hacia el entrenamiento que sobrevivió y hacia su padre, que siempre lo empujó a ser más de lo que parecía.
Así, con cada alma restaurada y cada familia que sonreía de nuevo, la civilización demoníaca avanzaba no solo en fuerza, sino en humanidad, impulsada por el ingenio de aquel niño que una vez cayó bajo la gravedad extrema y se levantó dispuesto a cambiar el destino de todos.
Linx se sentía satisfecho, casi orgulloso, con cada alma que lograba salvar gracias a la mutación de cambio.
Cada procedimiento exitoso le llenaba de un calor interno, de esa sensación de propósito que pocos podían entender.
Sin embargo, últimamente había algo que lo incomodaba.
Cada cuerpo que tomaba, cada ritual que realizaba, lo hacía sentir… extraño.
Como si el suyo propio, aunque fuerte y funcional, ya no le bastara.
Un asco silencioso se formaba en su interior, un desdén que no podía ignorar.
Un día, lejos de la ciudad, se alejó de los templos, de las calles y de los murmullos agradecidos de quienes había salvado.
Se internó en los bosques, donde el viento rompía las ramas y el sol apenas se filtraba entre las copas.
Se sentó sobre la tierra húmeda, cruzando las piernas, apoyando los codos sobre sus rodillas, con la mirada fija en un punto indefinido.
Su mente divagaba.
— “¿Es esto… correcto?
¿Sigo haciendo esto por ellos o solo por mí?
¿Merezco este poder si no puedo ni sentirme completo en mi propio cuerpo?” Sus manos descansaban sobre la tierra, pero no temblaban.
Su respiración era calmada, profunda.
Sus pensamientos giraban en círculos sobre la moralidad, el propósito, la ética, y un vacío que no lograba llenar.
Hasta que un olor, extraño y penetrante, lo hizo levantar la cabeza.
Su agudo sentido lo guió entre los arbustos y los árboles, hasta que algo le llamó la atención bajo un montículo de hojas.
Escarbó con ambas manos y lo que encontró lo hizo fruncir el ceño: un cuerpo inerte, pero… diferente.
No era cualquier cuerpo que muchos hubieran visto.
Su piel era tersa, perfecta, como si estuviera hecha de algo más que carne común.
Su cabello oscuro caía con naturalidad, sus ojos eran de un café apagado, casi negro, y su ropa irradiaba una presencia… poderosa, pero silenciosa.
El aura que emanaba era pesada, imponente.
— “Interesante… este cuerpo… no tiene alma… perfecto.” Sus manos se movieron con precisión.
Sacó el cerebro del cuerpo original que había traído consigo, asegurándose de conservar todos los recuerdos necesarios.
Los recuerdos eran esenciales: sin ellos, el cuerpo sería solo un cascarón.
Con cuidado y concentración, trasladó toda la información a su propio cerebro.
Era un procedimiento delicado, pero Linx estaba preparado.
Finalmente, introdujo su cerebro y su alma al nuevo cuerpo.
Una hora pasó en silencio, un ritual intenso, donde cada pensamiento estaba enfocado en integrarse a esa nueva forma.
Cuando terminó, se levantó con cuidado.
Una cicatriz atravesaba su frente, recordatorio del procedimiento y del cráneo que tuvo que abrir para conectar todo.
Se tocó la cara, sintiendo cada línea, cada músculo, cada movimiento como propio.
El poder que emanaba de su nuevo cuerpo era… abrumador.
Sintió la energía fluir desde su núcleo hasta la punta de los dedos.
Su mente se expandió, como si cada neurona tuviera acceso a un conocimiento que antes solo podía imaginar.
— “Este… es un cuerpo divino.
No solo fuerte… es… superior.
Puedo sentirlo.
Cada fibra de mi ser… me pertenece… pero a la vez… pertenece a algo más grande.” Linx levantó la mirada hacia el cielo, la respiración lenta pero llena de anticipación.
— “Así que este cuerpo… es de alguien llamado Steven… el dios de la destrucción… No puedo creerlo.
Toda la fuerza, toda la presencia… y ahora… es mía.
Todo lo que soy y todo lo que puedo ser… se multiplica en un instante.” Se giró, observando los árboles, el viento y el sol que se filtraba entre las hojas.
Sentía el poder latir en su interior, y un pensamiento resonó con fuerza en su mente: — “Finalmente… finalmente puedo ver hasta dónde puedo llegar.
Con este cuerpo… nada será imposible.” Linx sonrió, una sonrisa tranquila pero cargada de determinación.
Por primera vez en años, su desdén por su antiguo cuerpo se desvaneció, reemplazado por un sentimiento de propósito absoluto.
Se había elevado… y nadie podría detenerlo.
Linx, ahora con el cuerpo de Steven y sintiendo todo el poder fluyendo por él, cerró los ojos por un instante y una visión lo atravesó.
No era suya, pero resonaba en su mente como un eco lejano: un recuerdo de los últimos momentos de alguien, un instante cargado de significado.
Escuchó un nombre que parecía flotar en el aire: Lumi.
Al principio, lo desestimó.
— “Insignificante… por ahora”, pensó, arqueando una ceja, sin entender aún la magnitud de aquello.
Pero algo en su interior lo hizo dudar.
La energía, la vibración del nombre, le daba un peso que no podía ignorar.
Y entonces la vio.
Lumi, con una presencia que emanaba poder y misterio, caminaba hacia él.
Su atuendo era negro, elegante y funcional, marcando cada movimiento con precisión.
Su aura era única: un equilibrio entre la luz y la oscuridad, un reflejo de los agujeros negros que parecían bailar a su alrededor.
Linx observó cada detalle, notando que detrás de esa apariencia calmada y controlada, había un poder que podía rivalizar con cualquier ser.
La diosa de los agujeros negros y de la luz estaba frente a él, y aunque en apariencia parecía sencilla y distante, Linx percibió que subestimarla sería un error.
— “Así que… Lumi… diosa de los agujeros negros y la luz…”, — murmuró para sí mismo, dejando que un hilo de anticipación recorriera su espina dorsal.
Sus pensamientos se entrelazaban con curiosidad y cautela: — “Insignificante, eh… veremos si lo sigue siendo cuando esté frente a mí.” Sin decir una palabra, Linx ajustó su postura, sintiendo el poder de Steven fluyendo en cada músculo, cada fibra de su ser.
Un nuevo encuentro se avecinaba, y con él, la certeza de que el destino de ambos estaba a punto de entrelazarse de formas que ninguno de los dos podía prever.
Fin.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com