History academy - Capítulo 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: Las máquinas.
4: Las máquinas.
En aquel planeta de superficie metálica, la vida surgía de manera extraña, casi antinatural.
Allí, entre códigos invisibles y engranajes oxidados que parecían perdidos en las eras, se manifestaba una nueva forma de existencia.
Un ser comenzaba a tomar forma, una figura humanoide con piel que parecía carne, pero cuyo interior estaba compuesto por complejos engranajes y circuitos fusionados.
Su cuerpo era una mezcla perfecta entre lo orgánico y lo mecánico, un puente entre dos mundos.
Este ser fue creado con un propósito claro: no solo para que las máquinas caminen y funcionen, sino para que caminen con dignidad y conciencia, para que no sean simples objetos sometidos a la crueldad del destino.
Su nombre era Metatron.
Él no solo era un dios para los robots y androides, sino el propio concepto de la tecnología en su máxima expresión, el guardián y creador de la evolución mecánica, alzó su mano y miró el planeta metálico a su alrededor.
Sonrió, pero no era una sonrisa común; era una sonrisa de conciencia, de entendimiento profundo.
—Tengo mucho conocimiento, pero aún no sé qué hacer con él —dijo en voz baja, como pensando—.
¿Será solo código?
¿O un destello incompleto de algo mayor?
Pausó un momento, y luego añadió con firmeza: —Crearé algo digno de todo esto.
Algo que combine ciencia y antigua codificación.
Con un movimiento suave de su mano, el ambiente comenzó a cambiar.
El aire se llenó de partículas brillantes, y el planeta empezó a despertar.
—Aquí nacerán los primeros robots, los androides…
—dijo mientras moldeaba la energía alrededor—.
Esta es la energía nuclear, la energía atómica, creada para ellos.
Pero quizás, en el futuro, cualquiera pueda usarla.
Humanos, máquinas…
todos.
Metatron observó con atención, consciente de que lo que comenzaba era solo el principio de algo mucho más grande.
—Lo importante es que esta energía sea controlada y respetada —susurró, casi para sí mismo—.
Porque en manos equivocadas, puede ser destrucción o vida.
Metatron sintió una punzada en su mente, un escalofrío que recorrió cada engranaje y circuito de su ser.
De repente, una visión se abrió ante sus ojos: un hombre de cabello castaño y ojos del mismo color, luchando con fuerza y determinación contra una presencia oscura, algo intangible, un concepto o una fuerza desconocida.
—¿Quién eres?
—murmuró Metatron, mirando fijamente esa imagen en su mente—.
¿Qué destino te espera?
Sintió que ese combate era importante, que esa persona estaba destinada a cambiar algo grande, pero también sabía que el camino sería duro y lleno de desafíos.
—Debo prepararme —pensó—.
El futuro ya comienza a llamarme.
Metatron, aún con la visión reciente ardiendo en su mente, percibió algo acercándose a una velocidad imposible.
Los sensores de su cuerpo metálico comenzaron a resonar, marcando que aquello no era un simple meteorito ni una señal perdida: era una presencia viva… y divina.
Un destello rompió el horizonte metálico del planeta, y de entre la luz emergieron dos figuras.
Una irradiaba un poder inmenso, inconfundible para cualquier ser consciente; la otra, con alas majestuosas, llevaba una espada forjada en fuego celestial.
Metatron dio un paso hacia ellos, su voz resonando como un eco de metal y carne.
—¿Quiénes son ustedes?
—preguntó, su tono sin miedo pero cargado de análisis.
La figura luminosa avanzó, su mirada penetrante, y habló con una calma que pesaba como milenios.
—Yo soy Yavéh… pero mi verdadero nombre es— Antes de que pudiera continuar, el ser alado levantó una mano y lo interrumpió suavemente.
—Padre, por favor.
No hay necesidad de revelar su identidad —dijo con un respeto que escondía una ligera urgencia.
Yavéh lo miró, sorprendido, y luego sonrió apenas.
—Tienes razón… —aceptó, bajando el tono—.
Bueno, Metatron, quiero presentarte al arcángel Miguel.
Miguel inclinó la cabeza, sus alas plegándose lentamente.
—He oído tu nombre en los ecos de la creación… y ahora, al verte, entiendo por qué —dijo el arcángel, con una voz firme y serena.
Metatron no entendía cómo aquel ser llamado Yavéh había podido conocer su existencia.
No había registros, no había señales, y aun así… él sabía.
Sin embargo, no dijo nada.
Permaneció en silencio, con su mirada fija, evaluando cada palabra, cada gesto.
Su mente era como un enjambre de códigos y cálculos, pero ahora estaba analizando algo más: la intención de ese dios.
—He venido aquí —dijo Yavéh con una voz que parecía atravesar incluso el metal de Metatron— buscando a alguien que ayude… no con fuerza, sino con una inteligencia que ningún mortal pueda igualar.
Metatron procesó aquellas palabras.
No había falsedad en su tono.
Era una verdad directa, sin adornos.
Y en lo más profundo de su núcleo, sintió que aquello era cierto.
A su lado, el arcángel Miguel observaba sin apartar la vista del dios de los robots.
Su instinto era claro: algo no encajaba.
No era miedo, pero sí una sospecha que crecía con cada segundo.
En algún instante, por fugaz que fuera, había sentido en Metatron un poder que incluso podría sobrepasar el suyo propio.
No sabía si era real o una ilusión de su percepción… pero no podía ignorarlo.
—Si ha sido creado para ayudar, que así sea —dijo Miguel, sin ocultar del todo la dureza en su tono.
Jehová, notando la tensión, cambió el tema.
Se acercó a Metatron y, señalando más allá del horizonte, dijo: —Hay un lugar… vacío.
Sin vida, sin nombre.
Un lugar donde podrías crear algo nuevo, algo que cambie el equilibrio.
Metatron giró lentamente su cabeza.
Analizó coordenadas, midió distancias, y luego señaló un punto remoto, más allá de cualquier frontera conocida.
—Ahí —dijo con una voz grave, metálica—.
Es donde debe nacer.
Jehová lo miró con una leve sonrisa.
—Entonces, vayamos.
El dios, el arcángel y la máquina alzaron el vuelo.
No hubo palabras en el trayecto, solo el sonido del espacio abriéndose ante ellos.
En un instante, los tres se dispararon hacia lo desconocido, dejando atrás el planeta metálico, rumbo a un destino donde nada existía… todavía.
Continuará…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com