Huí con mis cuatrillizos: Mi exmarido multimillonario quiere recuperarme - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 CAPÍTULO 11
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11: CAPÍTULO 11 11: CAPÍTULO 11 —¿Por qué a mí?
—gimió mientras tomaba el sendero entre los arbustos hacia su casa.
No podía tomar la carretera principal por miedo a que la policía lo arrestara.
Lo calificarían como acoso a su ex e intentos sospechosos de hacerle daño.
Además, dañaría su reputación como CEO y figura pública.
—¿Por qué me está pasando todo esto después de divorciarme de ella?
—sollozó mientras seguía entre la maleza.
Su voz era lo único que se oía, pero, de todos modos, no tenía miedo.
—¿Será este el castigo por divorciarme de Estella?
Sin duda me reconciliaré con ella.
El matrimonio que tuve con Riana ni siquiera duró y, ahora mismo, no sé si volverá alguna vez —murmuró para sí mientras sollozaba de dolor y arrepentimiento entre la maleza.
Cameron era un multimillonario frío; sus sollozos significaban que la situación realmente le dolía, pero eso no sería motivo suficiente para que Estella lo aceptara.
Por la mañana, se preparó para ir a trabajar.
Chloe regresó de su turno de noche a las 8 de la mañana para hacerse cargo del apartamento; para entonces, Estella ya estaba lista y de salida.
Entonces recordó algo importante y regresó deprisa, con los ojos muy abiertos y parpadeantes.
—¿Qué pasa ahora otra vez?
—preguntó Chloe, bastante asustada.
Como era la mejor amiga de Estella desde hacía años, podía interpretar la gravedad de la situación solo con verle los ojos muy abiertos y parpadeantes.
—Anoche, una hora después de que te fueras, una persona extraña vino a llamar a la ventana.
No quería irse, no sé si era un hombre o una mujer, pero puedo decir que sospecho de Cameron, de Riana o de un sica…
—¡Basta!
No me asustes ahora —la regañó Chloe.
Odiaba oír cosas así, cosas capaces de meterle el miedo en el cuerpo.
—¡Quienquiera que sea, me importa una mierda!
Estella se encogió de hombros, sorprendida, preguntándose qué bicho le había picado a su mejor amiga.
Quería decirle que tuviera más cuidado y que cerrara bien las puertas y ventanas cuando todo el mundo se hubiera ido a trabajar, pero ella ya se había metido en su habitación.
Estella miró su reloj y vio que llegaba unos minutos tarde.
—Adiós, Chloe.
Ya me voy, puesto que no quieres escucharme, ¡pero cuídate!
—le gritó desde la primera habitación.
Chloe estaba tan molesta que no respondió.
—¿Por qué tiene que pasar algo así en mi casa por primera vez?
—murmuró cuando Estella se fue—.
Si estos son los problemas que trae, le buscaré otra casa.
Chloe valoraba su tranquilidad mental por encima de todo, incluso más que a la familia y las amistades.
No estaba siendo egoísta, sino que cuidaba de su salud mental, la cual controlaba todas las demás actividades de su vida.
Estella llegó al trabajo a tiempo.
Después de intercambiar unas palabras amables con sus colegas, que de verdad la habían echado de menos, fue a su despacho y sacó su bata blanca de doctora del armario.
Se dirigió a la nevera que estaba en un extremo y sacó una botella de agua.
Abrió la botella y bebió el agua a grandes tragos.
Luego, lanzó un suspiro de alivio.
Devolvió la botella a la nevera y se ajustó la bata.
—¡Ya estoy lista!
—No hablaba con nadie más que consigo misma.
Una notificación sonó en su teléfono y lo sacó para comprobarlo.
«¡Este debe de ser un mensaje mañanero!».
Como no estaba siempre con su sistema, la forma más segura que tenían sus superiores de contactarla para que se ocupara de un paciente era a través de las aplicaciones de mensajería de su teléfono.
Con el sonido de notificación de cada aplicación, podía estar segura de que la avisarían cada vez que surgiera un caso.
«Doctora Estella, tenemos a una personalidad muy importante en la sala de urología y masajes.
Se le ha asignado para que lo atienda».
Algo en su interior la hizo preguntarse quién podría ser.
«El Doctor Adrián también comerá con los tres mejores doctores del hospital, y usted es una de ellos.
Prepárese.
Le espera un día ajetreado».
Su rostro se tensó, mostrando su seriedad habitual mientras se preparaba para el tratamiento, pero al oír el nombre de Adrián, una sonrisa iluminó su cara.
«Guau, ¿por qué?», había tecleado ya como respuesta al mensaje, pero entonces recordó que era un mensaje de su jefe de sección que no admitía respuesta y borró rápidamente lo que había escrito.
Luego, respiró hondo y fue directa a la sala de tratamiento, donde el paciente debía de estar esperándola.
Estaba delimitado del resto de la sala por una cortina azul que lo rodeaba por completo.
Corrió la cortina, a punto de entrar, cuando sus ojos se toparon con un hombre.
Parpadeó varias veces para asegurarse de si era real o producto de su imaginación.
¡Era real!
—Buenos días, Estella —la saludó Cameron con voz débil—.
Te he echado mucho de menos.
—¡Cállate!
—le gritó—.
¿Que me has echado mucho de menos?
¿Te has oído?
Así que por eso decidiste venir aquí a tumbarte desnudo para seducirme de nuevo con la excusa de recibir tratamiento.
—Somos muchos en esta unidad, hay doctores varones disponibles en este momento, ¿por qué no los pediste a ellos en lugar de conseguir que me asignaran a mí?
¿Es esta tu nueva táctica?
—Estaba muy enfurecida con él y le gritaba a pesar de que iba en contra de su ética profesional, mezclando asuntos personales con la medicina.
Podrían abrirle un expediente disciplinario y acabar suspendida o perdiendo su trabajo.
—Vuelve conmigo, por favor.
Después de que te fueras, me di cuenta de que de verdad te necesitaba.
—¿Responde a mi pregunta?
—alzó la voz, golpeándolo en el regazo.
Fuera, sin que ellos lo supieran, el rival de Estella, el segundo mejor doctor del hospital que había venido a verla molesto por que Adrián fuera a visitarlos, estaba justo al otro lado de la cortina.
Ya se había dado cuenta de que podría tratarse de otra recompensa, la mejor del año, un título que Estella había mantenido durante tres años consecutivos.
Aunque incluía a doctores de todos los departamentos, los tres finalistas se determinaban en base a una serie de factores.
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