Huí con mis cuatrillizos: Mi exmarido multimillonario quiere recuperarme - Capítulo 113
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113: CAPÍTULO 113 113: CAPÍTULO 113 POV Estella
—Vaya, gracias, pero ¿por qué?
—¿Qué?
—¿Por qué ibas a ser tan amable?
—murmuro.
—Porque eres especial para mí.
—¡Oh!
—Enarco una ceja.
Adrián me levanta del sofá y me sienta en su regazo.
Abro las piernas para quedar frente a él; su miembro palpitante ya está erecto.
¿Tan rápido lo excito?
Suelto una risita; mis hormonas están de fiesta dentro de mí.
Ahora mismo me siento como una adolescente.
Las sensaciones son tan abrumadoras…
¿Es esto algo que debería sentir por un hombre al que veo como un enemigo?
Aunque, en realidad, todavía no puedo catalogarlo como un enemigo.
Me hace cosquillas en los costados y río extasiada mientras miro hacia arriba.
Me da una nalgada en el culo, haciéndome gemir de placer.
—Soy feliz cuando tú eres feliz.
Siempre quiero verte sonreír.
—Su voz está coronada de sinceridad, pero finjo no fiarme de lo que dice.
—¿Desde cuándo?
—espeto.
—Desde que puse los ojos en ti.
—Me dedica una dulce sonrisa.
—¿Estás seguro de esto?
—No estoy bromeando contigo, lo digo muy en serio.
—¡Hagámoslo!
Me quito el sujetador, me bajo la cremallera de los pantalones cortos y los deslizo hacia abajo.
Luego, me bajo de su regazo, me quito los pantalones del todo y los lanzo a un lado.
Habrían caído fuera de no ser por la cristalera que va del suelo al techo.
Él intenta bajarse la cremallera de sus pantalones.
—¡No, todavía no!
—Le agarro las manos—.
Quiero que me ofrezcas un gran romance, romance antes que sexo.
POV Adrián
Cuando me pide que le haga esto, mi corazón brilla de alegría.
Siempre ha sido mi deseo que confíe en mí, mi corazón anhela ser compartido con ella; lo que quiero es un amor correspondido.
No me satisface solo el sexo, quiero su corazón.
Pagarle por esto mientras me muero por tenerla de verdad me duele.
Sé que necesita el dinero de verdad, y yo aceptaría darle mucho más de lo que quiere, pero no como a una mujer contratada.
Quiero ayudarla, quiero compartir mi vida con ella, quiero que sea más que una escort.
Espero que un día me despierte y ella sea mi esposa, la madre de mis hijos.
Trabajaré duro para conseguirlo.
La atraigo entre mis piernas, presiono mis dedos contra sus pezones y la beso en los labios.
Bajo la mirada hacia sus pechos, adorándolos; son tan grandes y redondos.
Los beso, sonriéndole a la cara.
—Gracias por ser tan sincera —murmuro.
—De nada.
—Su voz es tranquila y seductora—.
Siempre he querido esto, pero nunca supe cómo pedirlo.
—No tienes por qué tener miedo, siéntete siempre libre conmigo.
—Pero ¿eres mi jefe?
¡Oh, joder!
Odio cómo deja que esa cosa de que soy su jefe cree una barrera mental entre nosotros.
Ojalá nunca lo fuera, ojalá para ella solo fuera un multimillonario cualquiera.
—El título es solo una formalidad.
Este trabajo te acerca a mí, así que no olvides la razón detrás de esto —digo mientras juego con sus grandes pezones marrones, que parecen dos cervatillos.
—¡Urgh!
—Un suave gemido escapó de sus labios cuando le pellizqué uno de ellos—.
¿Quieres decir que me contrataste para que estuviéramos cerca el uno del otro?
—Sonríe con suficiencia, confundiéndome sobre si le gusta lo que oye o no.
Sabe cómo confundir a la gente.
No me importa cómo reaccione.
Le diré la verdad.
—Sí, quiero compensarte por lo que hice mal.
Sé que cometí una gran ofensa que te impide confiar en mí.
No necesito que confíes en mí ahora, me ganaré esa confianza con el tiempo.
—¡De acuerdo!
Deslizo mis manos desde sus pezones hasta la parte baja de su abdomen, donde juego con su ombligo, provocándole dulces sensaciones.
Ella gime, cierra los ojos y levanta la cara.
Me encanta verla así, quiero que se sienta así para siempre, si es que es posible.
¡Una vida de placer, sin trabajo!
Lamentablemente, eso no existe.
Tengo que trabajar y tener a Estella a mi lado, como algo más que una escort a la que le pagan por tener sexo conmigo.
Mis manos bajan desde su ombligo hasta su entrepierna y juego con ella.
¡Prefiero depilado a peludo!
Gime con fuerza cuando mis dedos se acercan a su clítoris.
La tensión está a punto de alcanzar su punto álgido, me doy cuenta y me retiro un poco para que siga deseando más.
Abre los ojos, me mira fijamente y frunce el ceño.
Me inclino y le doy un ligero beso en sus sexis labios rosados.
Ella se ríe por lo bajo.
Vuelvo a su clítoris, lo acaricio un poco y luego me retiro de forma juguetona.
Observo su reacción.
Se muere de ganas de que la penetre con los dedos.
Puedo ver esa necesidad en sus ojos.
Inesperadamente, deslicé un dedo en su rosado agujero.
Se retuerce, agarrándome con firmeza los hombros.
Mi mano izquierda la atrae contra mi pecho y gimo al sentir sus pechos.
En este momento no nos importa nada más que nosotros mismos y lo que estamos haciendo.
—¿Damon va a estar…?
¿Dónde se quedará antes de que volvamos?
—pregunta, desviando mi atención de lo que estamos haciendo.
¿Todavía piensa en Damon?
¿Incluso durante esto?
—Se queda con nosotros.
Una clara expresión de decepción aparece en su rostro feliz, cambiándolo todo.
—¿Damon es abusivo?
—pregunto por curiosidad.
No veo por qué una chica tendría miedo de un tipo así, a menos que sea violento.
Aun si lo fuera, no tiene nada que temer.
Estoy con ella y no hay nada que él pueda hacerle.
—¡No!
—Entonces, ¿por qué le tienes miedo?
En ese momento, suena mi teléfono.
Qué sorpresa me llevo al mirar la pantalla y ver que es Damon.
El hombre que está causando tanta ansiedad en este momento.
Lamento habérmelo cruzado, haberlo elegido para que me pilotara.
Sin embargo, ha sido para mi beneficio; he llegado a saber lo que se me ocultaba, lo que Estella no me diría de forma natural.
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