Huí con mis cuatrillizos: Mi exmarido multimillonario quiere recuperarme - Capítulo 129
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Capítulo 129: CAPÍTULO 129
POV de Adrián
Sigue vestido con la misma ropa de ayer. Sonreí ante esto; si no hubiera dejado que su naturaleza malvada se apoderara de él, estaría en la suite que le reservé, disfrutando de buena comida, un buen ambiente y vistiendo ropa bonita del armario.
—¡Eh! —espeto. Él levanta la cabeza de inmediato—. ¡Mírame! —ordeno.
Levanta la cabeza lentamente para mirarme, sus ojos son fríos y sombríos. Esbozo una sonrisa socarrona. Debe de estar consiguiendo lo que quiere aquí. Esto es lo que le pasa a un hombre que no quiere comportarse como una persona responsable.
—¿Qué haces aquí?
—¿Que qué hago aquí? —grito en voz alta, haciéndolo estremecerse. Nunca me he comportado así, por lo que esto realmente lo está desconcertando. No estoy alterado, es lo que hablamos con los agentes de policía. Quiero infundirle algo de miedo.
—He venido a advertirte por última vez que te olvides de Estella. Ahora es mi novia. Somos una pareja oficial. Aceptó mi propuesta y ha roto contigo. ¡Asúmelo!
Sus ojos se abren como platos por la sorpresa. De alguna manera, interpretaría esto como duda y, por otro lado, rabia, pero no hay nada que pueda hacer.
—¿Dudas de mí? —espeto.
—Sí, dudo y te odio. Me pones en una situación como esta, sabes el sufrimiento por el que he pasado desde ayer, los dolores, el aburrimiento y la depresión. No he podido cambiarme de ropa, no tengo comida ni cama especiales como las que siempre he disfrutado. Te odio —dice con rabia, lo que hace que mi expresión se vuelva más divertida y sarcástica.
—Sabes que eso es lo que esperaba de ti. Quiero que sufras de verdad por lo que hiciste. Vaya. Estoy tan contento ahora, que nadie me lo tiene que decir. Puedo sentirlo yo mismo.
Me río a carcajadas. Él me mira con asco.
—Venga ya, eres el tipo más malo de la tierra, inhumano y sádico —sisea él.
—Antes que yo, lo eras tú. Vamos, si de verdad hubieras atacado a Estella, dime qué habrías creado para mí, ¿no serían tristeza y pena?
Ante esto, se queda callado, incapaz de responder. Mi rostro se ilumina de placer al ser capaz de superarlo en palabras; no tiene nada que decir. No me siento culpable en absoluto en este asunto porque Estella fue mía primero, antes de que yo la cagara y me largara por otra chica que poco después me dejó. En segundo lugar, no me siento culpable porque he conseguido salvar a Estella del maltrato que soportaba en silencio. ¿Cómo se puede amenazar a una mujer con tomar represalias si alguna vez deja la relación como si fuera un contrato vitalicio? Incluso un contrato puede romperse en ciertos casos, aunque con graves consecuencias.
—Adivina qué, aún no has visto nada —me inclino hacia los barrotes y digo en tono burlón—. No te voy a pagar por tus servicios, todos los lujos que te compré como gratificación por trabajar para mí quedan confiscados, ¿no te mereces nada de eso?
Abre la boca de par en par, mirándome atónito, y luego se pasa la mano por el pelo con frustración. Puedo ver cómo esto le está doliendo de verdad y es exactamente lo que quiero. Sacude la cabeza lentamente, en silenciosa contemplación, y nadie necesita decirme que está urdiendo algún plan malvado.
Me vuelvo hacia los agentes de policía y les guiño un ojo.
—Oye, escucha, colega —uno de ellos abre la reja, lo levanta bruscamente y lo saca de la celda. Lo obligan a ponerse de pie frente a mí—. Mírale a la cara —le ordena el agente. Damon no tiene más remedio que mirarme. Cuando finalmente lo hace, veo el odio en su rostro, sus ojos se inyectan en sangre por la ira. Sonrío con aire de suficiencia.
—Todo esto no significa nada —siseo, apuntando con mi puño a su cara—. No eres más que un imbécil que parece bueno por fuera pero que es un demonio malvado por dentro.
—Voy a demandarte en los tribunales en cuanto salga de aquí por dos cargos: quitarme a mi novia y negarte a pagarme por el tiempo que trabajé contigo —pone una expresión mortalmente seria. Yo me río para su sorpresa.
—¿Qué te crees? ¿Que voy a tener miedo? —me reí en su cara—. ¿Adivina qué? ¿Quién ganaría en un juicio? Con mi dinero puedo hacer que vayas a la cárcel legítimamente, por intento de asesinato, abuso emocional y manipulación. Sabes que esos son delitos atroces. ¿Crees que Estella no me lo ha contado todo sobre ti?
Se queda boquiabierto al oír esto, le cuesta cerrar la boca. Aprovecho esto como la excusa perfecta para burlarme de él; Glasgow y sus agentes sonríen encantados. Entonces su expresión cambia a una astuta. Me desconcierta.
¿Qué está pasando?
—Yo también tengo mis cargos contra ti: violación y fraude por internet. ¿Tú también crees que Estella no me ha contado cosas sobre ti?
Suelto una risa sarcástica. —¿Esto es lo que querías decir? ¿Pensaba que era algo más grave? —una sonrisa socarrona se escapa de mis labios. Claro, pensé que iba a sacar algo que de verdad me comprometería. Esto es un juego de niños.
—Eso no tiene ninguna base, aunque lo saques en un tribunal, porque la persona ofendida ya lo ha olvidado. Ya no lo considera una violación y, en cuanto al dinero, nada le impediría decir que simplemente me lo regaló. Cuando se le hagan pruebas y se demuestre que está mentalmente sana, el tribunal y todo el mundo se creerán lo que ella diga y no lo que digas tú. ¡Métetelo en tu puta cabeza! —le regaño duramente, apuntando con el puño a su nariz mientras le lanzo una mirada furiosa.
—¡Ya veremos! —replica él, volviendo a su celda y a su estado deprimido. Resoplo y me marcho.
POV de Estella
Estoy viendo unos documentales en la tele. Cuando Adrián llega, va directo al sofá en el que estoy sentada y pone la mano en mi regazo, dándome un beso. Me recuerda a nuestro dulce momento juntos de hace una hora.
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