Huí con mis cuatrillizos: Mi exmarido multimillonario quiere recuperarme - Capítulo 22
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22: Capítulo 22 22: Capítulo 22 POV de Estella
Entonces volvió a mirarme, observando cómo estaba sobre la cama: expuesta, con el pelo revuelto.
Cada centímetro de mi ser ya había sido devorado por él una y otra vez durante el fin de semana.
“Joder, qué preciosa eres”.
Le habría dicho lo mismo, si me hubiera dado la ocasión, pero su lengua ya estaba en mi boca antes de que tuviera la oportunidad.
“Bebé”, fue todo lo que logré decir entre nuestros besos.
“¿Cuál es tu idea?”, preguntó.
“Cierto”.
Otro beso.
“Nunca he tomado un baño.
Bueno, puede que de pequeña.
Pero aquí tenemos una bañera enorme, así que…
usémosla”.
“¿Quieres que nos sentemos en nuestro propio sudor?”.
Me reí mientras lo provocaba.
“Si es el tuyo, siempre”.
Entonces se levantó, con la mano extendida para levantarme de la cama.
“Vamos”.
Gruñí, pero dejé que me levantara, chocando contra él y besándolo una vez más mientras sus manos descansaban en mi espalda.
“Prepárala y estaré allí en un segundo”, dijo él.
No estaba segura de por qué aceptó, pero sabía que tenía un plan, así que preparé la bañera.
Era enorme, con vistas al océano por un lado y una pared de azulejos de color azul cristalino por el otro.
La llené con agua tibia y burbujas, luego me metí y la saboreé antes de que él también entrara.
Lo observé cerrar la puerta con llave, aunque de todos modos estábamos solos en casa, y acercarse a mí.
Me vio morderme el labio, perdida en un trance mientras lo recorría con la mirada.
Sonrió y sentí que el corazón me iba a estallar en cualquier momento.
“Hola, bebé”.
“Hola, bebé”, dije como siempre.
Metió un pie en el agua, luego el otro, pero antes de que pudiera sentarse, tiré de él hacia delante por la parte de atrás de su rodilla.
“¿Qué estás haciendo…?”.
La mano que un segundo antes tenía en el agua tibia se envolvió alrededor de su magnífica verga, y mis delgados dedos se movieron suavemente hacia arriba y hacia abajo.
Él inspiró bruscamente mientras yo lo miraba.
“¿Puedo, bebé?”.
No le di mucho tiempo para responder, aunque tampoco lo necesitaba.
Una de sus manos se enredó en mi pelo, atrayéndome hacia él.
La otra se apoyó en la pared para no caerse hacia delante.
Y él bajó la mirada mientras yo abría lentamente la boca y pasaba la lengua desde la base de su verga, que se endurecía, hasta la punta, como si fuera un helado del que nunca tengo suficiente.
Y cuando mis suaves labios lo envolvieron y lo metí en mi boca, pareció que él tampoco se cansaba de mí.
Mis manos se aferraron a su culo y tiré de él para acercarlo; él también movió mi cabeza, para que pudiera chupársela mejor.
Más profundo.
Más húmedo.
Mi lengua lo recorría mientras me movía, mis labios siempre jugueteando alrededor de su punta, pero sin abandonarlo nunca.
Porque de verdad no tenía suficiente.
Y podía notar que lo estaba disfrutando, por la forma en que no dejaba de musitar “joder” entre dientes.
Por cómo empezó a perder la concentración, con la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta mientras gemía.
“Así, bebé”, logró decir, mientras sus manos apretaban con más fuerza y su respiración se aceleraba.
“Voy a…
joder…
por favor”.
Estaba cerca…
Durante el fin de semana me había vuelto mejor en tragarme su semen, probando cosas nuevas.
Se echó hacia atrás para que yo pudiera ponerme de pie, y lo hice girarse hacia el otro lado, de cara a la pared.
Sintió mi piel mojada detrás de él, mis pechos apretando contra su espalda, mientras me echaba un poco de gel de ducha en la mano y lo rodeaba para masturbarlo.
“Joder, bebé”, decía una y otra vez mientras lo acercaba más y más al orgasmo, mis manos moviéndose cada vez más rápido.
Le besé el hombro y el cuello, todo lo que pude, y le susurré: “Más alto, bebé.
Sé mi puto chico bueno”.
Gimió más fuerte, con la cabeza echada hacia atrás mientras yo le lamía la piel y mi otra mano se unía a la primera.
Y antes de que pudiera susurrarle que se corriera para mí, lo hizo, chorro tras chorro golpeando la pared, mi mano resbaladiza por él.
Sabía que su corazón debía de estar latiendo con fuerza.
Podía ver que su cara estaba sonrojada, roja.
“Mi turno, bebé”, dijo, y me empujó suavemente contra la bañera, inmovilizando mis muñecas sobre mi cabeza mientras me devoraba a besos.
Me encantaba cuando estaba hambriento de mí.
Eché la cabeza hacia atrás cuando dejó besos húmedos y apasionados por todo mi cuello.
Podía sentir su verga contra mi estómago en la bañera y arqueé la espalda para estar más cerca de él, pero se rio y deslizó su lengua por mi cuello para susurrar: “Todavía no, princesa.
Quiero lamer tu delicioso coño primero”.
Gimoteé, sintiendo sus manos recorrer mis curvas y volver a subir mientras agarraba mis pechos.
Gemí cuando hizo rodar mi pezón entre sus dedos, para luego bajar la boca hacia el otro.
Nada me volvía más loca que cuando me chupaba los pezones, y ahí estaba él, empujándome contra la pared de la ducha, succionando mi pezón como si no hubiera un mañana.
Jugueteó con la lengua alrededor de mi pezón y me agarré a su pelo.
“Joder, bebé.
Joder, te necesito”.
Apartó la boca y me miró mientras deslizaba la lengua por mi pecho en busca del otro pezón, a la vez que sus dedos volvían a pellizcar y hacer rodar el primero.
“¿Quieres que te folle?”, succionó mis pezones con la fuerza suficiente para dejarme sin aliento.
“¿Que folle tu coño apretado y húmedo?”, preguntó de nuevo.
“¡Joder!”, grité, tirando de su pelo.
“Por favor, bebé.
Por favor, fóllame”.
“Qué buena chica”.
Vació el agua de la bañera mientras empezaba a arrodillarse y yo gimoteaba.
Empezó a besar mi torso hasta las caderas.
Una de sus manos se sumergió en el agua de la bañera y luego me recorrió desde la pantorrilla hasta la cara interna del muslo.
Me estremecí cuando me separó las piernas.
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