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Huí con mis cuatrillizos: Mi exmarido multimillonario quiere recuperarme - Capítulo 53

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  3. Capítulo 53 - 53 CAPÍTULO 53
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53: CAPÍTULO 53 53: CAPÍTULO 53 Tercera persona
—No es que busque algo serio.

Solo te admiro; tu disciplina y la forma en que tratas a tu personal.

No eres orgulloso, o sea… —se encogió de hombros—.

Eres tan bueno y perfecto.

Espero que mi futuro esposo sea como tú.

Adrián le dedicó una sonrisa pensativa.

—No soy perfecto, digamos que hago lo posible por ser bueno.

—No quería sonar orgulloso al aceptar los halagos—.

No has hecho mal en preguntar por mi vida amorosa, hasta un periodista haría lo mismo.

Sí, hay una mujer a la que amo, pero se acaba de divorciar de su marido y él ha vuelto a por ella.

Así que, literalmente, somos rivales.

Sofía estiró el cuello, mirándolo fijamente sin moverse.

Estaba a punto de llevarse el tenedor con el postre a la boca, pero al oír aquello, el tenedor se le resbaló de la mano y cayó de nuevo en el plato.

—¿Qué?

¿Ocurre algo?

—se alarmó Adrián al ver su expresión de pánico; parecía que había visto un fantasma mientras lo miraba.

«¡Oh, Dios!».

Se culpó a sí mismo por habérselo dicho.

—Siento si te he herido con la verdad, pero todavía no estamos casados, así que puedes probar suerte.

—Buscó algo que decir para mejorar su estado, y solo entonces una leve sonrisa se dibujó en los labios de ella.

—Sí.

Ajá.

—Asintió y volvió a comer.

Lo que la reina le había pedido que hiciera le daba vueltas en la cabeza.

Lanzaba miradas frecuentes a Adrián mientras comía y, cada vez que sus ojos se encontraban, ella le dedicaba una sonrisa ladina.

—Creo que estoy lleno —se quejó Adrián al terminar el postre, aunque siguió bebiendo el vino.

—¿Ah, sí?

Sé que no bebes mucho, pero por favor, no te vayas.

Si te vas, se me quitarán las ganas de comer.

La última vez que comí fue por la mañana, así que tengo mucha hambre —exclamó, desplegando sus tácticas femeninas, torciendo los labios y dando una patadita en el suelo.

—Está bien, no me voy.

Me quedaré a verte comer.

Ella sonrió con picardía mientras seguía comiendo el postre.

Como comía despacio, no terminó al mismo tiempo que Adrián, que lo hacía a un ritmo normal.

Dio un sorbo a su vino e instó a Adrián a beber al menos un poco más.

—Ya sabes, el vino alegra el corazón.

Tendrás el sueño más plácido.

—Consiguió convencerlo de que bebiera más.

Poco después, empezó a contarle un montón de cosas interesantes que habían ocurrido durante el día, llegando a señalar un edificio que Adrián tuvo que mirar fijamente durante un buen rato para entender de qué hablaba.

—¿Ves esa planta con la iluminación amarilla?

—describió.

—¡No!

—murmuró Adrián e hizo ademán de volverse hacia ella, pero Sofía intervino rápidamente.

—¡Fíjate bien!

Si logras verla, ahí es donde el personal conspiró para estafarnos a nosotros y a otras grandes compañías.

Es la unidad cibernética de la organización.

Todos los que trabajan en esa planta son genios de la informática.

Les encanta atacar a las empresas más importantes.

Debes tener cuidado y reforzar la seguridad de tu compañía porque tienen en el punto de mira a gente como nosotros.

Aquella simple frase captó la atención de Adrián.

Quería grabar el edificio y, usando su aplicación de puntero de navegación, marcar la planta específica que acababa de mirar.

Finalmente, logró localizar la planta con una iluminación distinta a la del resto, aunque resultó bastante difícil, ya que el edificio estaba algo lejos.

Sacó el móvil rápidamente y abrió la grabadora de vídeo, incorporando la aplicación de puntero que le ayudaría a localizar la planta en cuestión.

Hecho esto, guardó el vídeo sin siquiera mirarlo y apagó el móvil, volviendo a guardárselo en el bolsillo.

Se giró de nuevo hacia Sofía, que sonreía con más intensidad que antes.

—Me alegro mucho de habértelo contado de antemano, ahora podemos estar prevenidos contra ellos.

—Muchas gracias, Sofía —la llamó por su nombre por primera vez.

Según las costumbres locales, llamar por su nombre a una chica que te quiere es una muestra de cariño.

Sofía se sonrojó, soltando una risita.

Tenía la mirada fija en la copa de él y le sirvió un poco más de vino.

—Ya he terminado el postre.

Brindemos y bebámonos esta última copa de vino.

—Alzó su copa, haciéndole un gesto a Adrián para que hiciera lo mismo.

Él cogió la suya y ambos las chocaron.

—¡Salud!

—¡Salud!

—Por una larga vida, felicidad y prosperidad juntos —deseó Sofía con una sonrisa radiante.

Adrián sonrió y, con un asentimiento, agradeció sus buenos deseos.

—Sí…

Intercambiaron las copas y se bebieron la última copa de vino, tal como había dicho Sofía.

Se relajaron en sus asientos mientras Sofía observaba a Adrián.

Sintió un cosquilleo en el estómago al contemplar su rostro encantador y sus ojos soñadores; lo que más la enloquecía era la parte superior de su pecho, con tres de los botones de la camisa ya desabrochados.

Sus hormonas se estaban disparando; no podía esperar a que las de Adrián hicieran lo mismo.

Su mirada recorrió cada parte del rostro de él, y sus labios se curvaron en una sonrisa siniestra.

—¡Cielos!

Me siento eufórico.

—Adrián perdió la compostura y se levantó para acercarse a ella.

Se inclinó y percibió la fragancia que ella usaba como perfume.

—Girasol Lisa.

—¿Conoces la fragancia?

—preguntó ella, fingiendo entusiasmo.

—Sí, huele tan dulce y seductora como tú.

«¡Está funcionando!», se dijo para sus adentros, y sus ojos seductores brillaron con más intensidad.

Se puso de pie y agarró a Adrián de la muñeca.

—Creo que estás borracho y necesitas descansar —declaró—.

Ven, te llevaré a tu habitación…
—¡Estoy borracho de ti!

—la interrumpió Adrián—.

Hagámoslo dentro.

Sofía no pudo evitar que un intenso sonrojo le cubriera las mejillas.

Miró a su alrededor y luego tiró de Adrián para que la siguiera.

Podría haber gente observando desde alguna parte, pero el personal del hotel no le preocupaba; solo le inquietaba la cantidad de edificios altos que los rodeaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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