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Huí con mis cuatrillizos: Mi exmarido multimillonario quiere recuperarme - Capítulo 75

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  3. Capítulo 75 - 75 CAPÍTULO 75
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75: CAPÍTULO 75 75: CAPÍTULO 75 Tercera persona
—Estaremos en un lío si Adrián está planeando cualquier otra cosa aparte de recibir el tratamiento médico del que habló Leo.

¿Qué situación médica urgente podría surgir tan de repente o es que teme que tengas alguna ETS?

—¡Ya no sé qué decir ni qué hacer, mamá!

—gruñó Sofía—.

Ahora estoy embarazada, debería preocuparse más por venir a cuidarme.

Antonella le lanzó a su hija una mirada de reojo, divertida por su queja.

—¿Así es como quieres empezar lo tuyo?

Apenas un día y ya quieres convertirte en una muñequita.

Ella se sonrojó y se acurrucó.

—Y, mamá, tenemos que celebrar la boda lo antes posible, o estaré en problemas.

—¡Relájate!

—le indicó la reina a su hija—.

Estamos juntas en esto.

Si Adrián puede entrar en nuestra familia, adoptando nuestro apellido, tendremos mucho que ganar.

Ese era su principal objetivo al atrapar a Adrián con el embarazo; la reina sabía que ganarían mucho, desde conexiones políticas hasta financieras.

La reina Antonella fue previsora en su deseo de engañar a Adrián, mientras que a su hija solo le interesaba su belleza, su dinero y su popularidad.

Quería que la llamaran la princesa que se casó con uno de los solteros más cotizados del mundo.

En el hospital, Adrián ya había recibido sus análisis.

Era hora de obtener los resultados físicos, y el auxiliar, que iba acompañado por el jefe de consultores del departamento, se acercó a él.

El auxiliar sostenía una carpeta en la mano; al verla, Adrián supo que su destino estaba cerca.

Respiró hondo y luego miró fijamente los rostros de los dos hombres.

Con buen juicio, pudo darse cuenta de que no todo estaba bien.

—¿Cuál es mi resultado?

—Extendió la mano para coger la carpeta, el corazón le latía con fuerza y, por eso, le temblaban los labios.

Cerró los ojos con fuerza por un momento mientras sacaba con cuidado la hoja de papel con el resultado.

—Señor, acabemos con su suspense.

Tiene gonorrea.

Podemos tratarla en una semana y no volverá a haber rastro de ella.

Es la única infección que detectamos en su sistema y tiene un día, lo que facilita su tratamiento.

Adrián respiró hondo, pero eso no era todo.

—Necesito una prueba completa para usarla como evidencia en un tribunal —solicitó.

Ante esto, el doctor se adelantó y chasqueó los dedos a una de las enfermeras.

—¡Tráigalo!

En la mano de la enfermera había una copia impresa con una carpeta adjunta.

Se la dio al doctor, quien se la entregó a Adrián.

—Aquí tiene, señor.

—Muchas gracias.

—Metió la mano en el bolsillo y sacó su tarjeta de crédito—.

Tenga, el pago por los servicios.

—El doctor extendió la mano y tomó la tarjeta.

—Por favor, llame al cajero móvil —pidió a la enfermera.

Ella hizo una reverencia y fue a cumplir con su deber.

—¿El tratamiento empezará lo antes posible?

—preguntó Adrián.

—Sí, así será —dijo el doctor—.

Sígame, por favor —le indicó, y se levantó de la silla en la que estaba sentado—.

Se avisará a la enfermera y al cajero para que vengan a mi despacho.

—Un auxiliar los siguió fuera de la sala de espera del laboratorio.

Adrián, antes de salir por la puerta, se giró para asentir al auxiliar del laboratorio.

—Se lo agradezco.

El auxiliar hizo una reverencia en señal de reconocimiento.

—De nada, señor.

A Adrián le dieron las recetas de los medicamentos apropiados en el despacho del doctor.

Curar la infección no era el problema principal en ese momento, sino las acciones legales; tenía que ser muy táctico y tener todas las pruebas.

Así que llamó a Denis y le informó de todo al salir del despacho del doctor.

—No te preocupes por emprender acciones legales, tienes toda una legión de abogados.

¡Trescientos!

¿Y aun así te preocupas?

¿Qué me dices de los CEOs que solo tienen uno?

—Mmm —Adrián tragó saliva—.

Es verdad.

Contactaré a mi Asistente Personal Especial ahora.

—Dijo y terminó la llamada.

Tal como le había dicho a Denis, la siguiente persona a la que llamó fue Bestian.

No solo era su asistente más cercano, sino también su confidente.

—¿Bestian?

—Sí, señor, ¿qué ocurre?

—preguntó Bestian, que estaba en su oficina de París, con tono serio.

Sabía que cada vez que Adrián lo llamaba usando su número oficial, era algo grave.

—Anoche, como te informé, asistí al cumpleaños de la reina Antonella.

Su hija me invitó a una cita nocturna en la que acabó drogándome y esta mañana me ha llamado para decirme que está embarazada —Adrián asintió, haciendo todo lo posible por controlar sus emociones—.

Me dijo que está embarazada por la intimidad de anoche.

No recuerdo casi nada.

Al revisar mi teléfono, me di cuenta de que grabé accidentalmente el momento en que drogaba mi vino con una jeringuilla.

—¡Espera!

¿Esto es en serio?

—Bestian estaba alarmado y bastante preocupado como amigo, pero en ese momento, no era lo que Adrián realmente quería—.

Necesito que contactes a mis abogados y que se envíe una citación judicial contra la reina y su hija inmediatamente.

—No dejaré que use su autoridad para debilitarme —gruñó—.

Mira, incluso he dado positivo en gonorrea.

Acabo de salir del despacho del doctor.

—Vale, ¿saliste de tu alojamiento para hacerte las pruebas?

—preguntó Bestian para confirmar y así tener información precisa que dar a los abogados.

—No, estaba en un vuelo.

Siento no habértelo comunicado como tu AEP, pero ella me citó en el palacio por el embarazo de su hija.

Supongo que es hora de que sus malvados planes queden al descubierto.

—La reina debe de estar loca para rebajarse tanto.

—La rabia en la voz de Bestian era claramente perceptible; jadeaba en su despacho.

Estaba sentado, pero se levantó de inmediato.

Se le ocurrió algo que pensó que sería bueno decirle a su amigo.

—Señor, sabe que ella es la reina y tiene autoridad en Francia y en gran parte del mundo, ¿que tiene muchas conexiones políticas?

En cuanto a nosotros, dependemos de su dinero y de sus conexiones financieras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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