I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 CUANDO LAS SOMBRAS APRENDEN A ARRODILLARSE
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10: CUANDO LAS SOMBRAS APRENDEN A ARRODILLARSE 10: CUANDO LAS SOMBRAS APRENDEN A ARRODILLARSE El nombre de Aoi Kurogane empezó a moverse antes que él.
No como un rumor heroico, sino como esos susurros incómodos que nadie quiere decir en voz alta pero todos escuchan.
“Un bosque que obedece”, “una fortaleza que crece sola”, “un hombre al que no se puede apuntar con intención hostil”.
Cada versión era distinta.
Todas eran ciertas.
La Fortaleza Umbría ya no era solo un bastión.
Era un símbolo.
Aoi observaba desde la estructura central, más alta ahora, formada por raíces negras entrelazadas como vértebras gigantes.
Abajo, el claro hervía de actividad.
No humana exactamente, pero tampoco bestial.
—Se están reuniendo —comentó Seren, con una extraña mezcla de profesionalismo y entusiasmo—.
Bestias menores, espíritus errantes… incluso algunos desertores.
Lyria chasqueó la lengua, divertida.
—Quién diría que el miedo sería tan buen reclutador.
Aoi no respondió de inmediato.
Sentía cada presencia como una presión ligera sobre la piel.
No eran iguales.
Algunos venían por instinto.
Otros por ambición.
Unos pocos… por devoción genuina.
—Que entren —ordenó.
Las sombras se apartaron.
El primero en avanzar fue un hombre.
Delgado, armado pobremente, con una capa rota y una mirada demasiado lúcida para alguien que había sobrevivido solo tanto tiempo.
—Fui aventurero —dijo sin arrodillarse—.
Nivel medio.
Mi grupo murió cazando algo que nunca debimos enfrentar.
El reino nos llamó “bajas aceptables”.
Aoi lo miró.
—¿Y qué quieres?
—Servir —respondió sin titubear—.
No por justicia.
Por supervivencia.
Aquí… siento que no me van a usar y tirarme.
Detrás de él, una criatura encapuchada emergió flotando apenas del suelo.
Un espíritu oscuro, incompleto, con forma humana deformada.
—Yo… fui sellado —susurró—.
Olvidado.
Tú… me escuchas.
Luego vinieron más.
Bestias rechazadas.
Magos expulsados por estudiar lo prohibido.
Personas rotas que ya no encajaban en el tablero “correcto” del mundo.
Seren observaba con atención.
—No todos son útiles.
—No todos deben serlo ahora —respondió Aoi—.
Pero todos pueden aprender a obedecer.
Lyria dio un paso adelante, con una sonrisa peligrosa.
—Entonces hagámoslo oficial.
Se colocó junto a Seren, ambas detrás de Aoi.
La escena era simple, pero pesada: tres figuras frente a decenas de sombras expectantes.
—Escuchen bien —dijo Aoi, su voz propagándose sin alzar el tono—.
Aquí no hay promesas de gloria.
No hay héroes.
No hay redención.
Hizo una pausa.
—Solo propósito.
El silencio era total.
—Quien se una a mí vivirá bajo una sola ley: no traición.
No necesitan amarme.
No necesito su fe.
Solo su lealtad.
El aventurero fue el primero en arrodillarse.
Luego otro.
Y otro.
Las bestias bajaron la cabeza.
Los espíritus se inclinaron.
Incluso el bosque crujió, como si se uniera al gesto.
Seren tragó saliva.
—Aoi… míralos.
—Ya lo hago —respondió él—.
Y no los veo como súbditos.
Lyria lo miró de reojo.
—Entonces ¿qué son?
—Cimientos.
Aoi levantó la mano.
Marcas oscuras, similares pero más débiles a las del Lupo Carmesí, comenzaron a aparecer en aquellos que habían jurado obediencia.
No eran cadenas.
Eran contratos.
Existían mientras existiera la voluntad de seguirlo.
—Desde hoy —declaró—, son parte del Dominio Umbrío.
Sus ojos brillaron apenas.
—Y el mundo va a empezar a sentirlo.
A lo lejos, más allá del bosque, una campana sonó.
Una ciudad cercana había activado defensas mágicas.
El reino ya se estaba moviendo.
Seren sonrió, ajustando su postura.
—Parece que se acerca acción.
Lyria flexionó los dedos, excitada.
—Hora de probar si este “ejército” sirve.
Aoi miró hacia el horizonte.
No había prisa.
No había duda.
—No vamos a atacar primero —dijo—.
Hizo una pausa.
—Vamos a dejar que vengan.
El viento oscuro recorrió la fortaleza como una risa contenida.
Porque un imperio no nace cuando conquista su primera ciudad.
Nace cuando el mundo decide enfrentarlo… y se arrepiente.
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