I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 CUANDO DOS HÉROES NO PUEDEN EXISTIR EN EL MISMO MUNDO
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11: CUANDO DOS HÉROES NO PUEDEN EXISTIR EN EL MISMO MUNDO 11: CUANDO DOS HÉROES NO PUEDEN EXISTIR EN EL MISMO MUNDO El cielo se partió primero.
No con relámpagos, sino con una grieta de luz blanca, vertical, limpia, ofensiva.
El tipo de luz que no pregunta, que juzga.
Aoi Kurogane levantó la vista desde la Fortaleza Umbría.
El viento se detuvo.
El bosque, por primera vez, dudó.
—Ah… —murmuró—.
Así que ya tomaron esa decisión.
Seren sintió el impacto antes de verlo.
—Esa presencia… es distinta.
No es un ejército.
No es un inquisidor.
Lyria apretó los dientes, excitada y alerta.
—Es como tú.
Pero… ruidoso.
La grieta explotó en un torrente de luz, y una figura descendió envuelta en símbolos sagrados flotantes, círculos mágicos girando como engranajes divinos.
Aterrizó fuera del perímetro de la fortaleza, de pie, firme, como si el mundo lo sostuviera con orgullo.
Un joven.
Cabello claro, ojos decididos.
Armadura blanca grabada con runas doradas.
Una espada larga clavada en el suelo, irradiando poder.
Una ventana invisible se abrió sola, forzada por el sistema del mundo.
Nombre: Caelum Ardent Clase: Héroe de la Luz Nivel: ???
Bendiciones: Protección Divina, Juicio Absoluto, Resistencia al Abismo Seren frunció el ceño.
—El sistema… lo está favoreciendo.
—Claro que sí —respondió Aoi, con una media sonrisa—.
Necesitan a alguien que crea que tiene razón.
Caelum alzó la cabeza y miró directamente a la fortaleza.
—Aoi Kurogane —dijo, y su voz resonó amplificada, cargada de convicción—.
Por orden del Oráculo y los dioses aliados, has sido designado Héroe Corrupto.
Mi misión es eliminarte.
Lyria soltó una risa baja.
—Qué título tan feo.
Aoi avanzó solo, saliendo del dominio de sombras.
No llevó guardias.
No llamó al Lupo Carmesí.
—¿Te dijeron que soy corrupto?
—preguntó con calma—.
¿O te dijeron que no obedecía?
Caelum apretó el agarre de su espada.
—Traicionaste el propósito del héroe.
Usas tu poder para dominar, no para salvar.
Has causado muertes.
—Cierto —admitió Aoi—.
Hizo una pausa.
—¿Y cuántas causará el reino cuando decida que ya no eres útil?
El aire vibró.
Las runas de Caelum brillaron con furia.
—No compares tu oscuridad con mi deber.
Yo elegí proteger este mundo.
Aoi lo miró con algo cercano a la lástima.
—No.
Elegiste creer lo que te dijeron.
Sin más palabras, Caelum arrancó la espada del suelo.
El movimiento detonó una onda de luz que barrió el claro, empujando incluso a las sombras hacia atrás.
—¡JUICIO DEL CIELO!
La espada descendió, liberando una hoja de luz pura que partió la tierra… y se detuvo a centímetros del pecho de Aoi.
No por impacto.
Por negación.
La luz tembló, distorsionada, como si el espacio se negara a cooperar.
Aoi alzó dos dedos y tocó el filo.
La hoja divina se desintegró en partículas.
Silencio.
Caelum retrocedió un paso, incredulidad pura en el rostro.
—¿Qué… qué eres…?
Aoi inclinó la cabeza.
—Yo soy lo que pasa cuando el mundo se equivoca… y decide no corregirse.
Caelum gritó y avanzó, envuelto en luz.
Sus movimientos eran perfectos, bendecidos, acelerados.
Cortes imposibles.
Impactos que habrían pulverizado montañas.
Nada tocó a Aoi.
Cada ataque era desviado antes de existir.
No bloqueado.
Invalidado.
Seren observaba con el corazón acelerado.
—No lo está derrotando… lo está dejando fallar.
Lyria sonrió, peligrosa.
—Peor.
Lo está desarmando por dentro.
Caelum cayó de rodillas, jadeando, la luz parpadeando errática.
—¡Los dioses… están conmigo…!
—gritó, desesperado.
Aoi se acercó y se detuvo frente a él.
—Ese es el problema —dijo en voz baja—.
Nunca estuvieron contigo.
Solo te usaron como una piedra que lanzar.
Apoyó dos dedos en la frente de Caelum.
El mundo contuvo el aliento.
No hubo muerte.
No hubo explosión.
Las bendiciones se apagaron una a una, como estrellas siendo cubiertas.
La armadura se volvió simple metal.
Las runas, marcas muertas.
La espada… un trozo de hierro.
Caelum cayó hacia adelante, vivo, pero vacío.
—Regresa —dijo Aoi—.
Vive.
Recuerda.
Sus ojos se endurecieron.
—Y diles que no envíen héroes.
Aoi dio media vuelta y regresó a la fortaleza.
Las sombras lo recibieron como un rey legítimo.
Seren rompió el silencio.
—Ese era… el héroe elegido.
—Sí —respondió Aoi—.
Miró el cielo.
—Y ahora el mundo sabe algo importante.
Lyria cruzó los brazos, satisfecha.
—Que no hay luz suficiente para corregirte.
Aoi sonrió, oscuro, absoluto.
—No.
Dio un paso dentro de la Fortaleza Umbría.
—Que ya eligieron al equivocado.
Y en algún lugar lejano, el Oráculo se quebró.
Porque el héroe destinado a salvar el mundo… acababa de perder contra el que no estaba destinado a existir.
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