Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 2

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. I Am the End: Chronicles of the New King
  4. Capítulo 2 - 2 CUANDO EL MUNDO INTENTA RESPIRAR ANTE LO IMPOSIBLE
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

2: CUANDO EL MUNDO INTENTA RESPIRAR ANTE LO IMPOSIBLE 2: CUANDO EL MUNDO INTENTA RESPIRAR ANTE LO IMPOSIBLE Aoi descendió desde el templo flotante como si la gravedad fuera un concepto opcional.

No cayó: simplemente bajó, sostenido por un aire que no hacía viento y un cielo que parecía temer cerrarse a su alrededor.

El mundo trataba de procesarlo y fallaba.

Las nubes se partían al paso de su cuerpo, como tinta escapando de un pincel roto.

La tierra apareció bajo él: un bosque denso, de árboles altos y cortezas oscuras, hojas gruesas que parecían absorber la luz.

Aoi aterrizó sin sonido, como si el suelo hubiera sido moldeado para recibirlo.

Miró su entorno con calma.

El olor era a musgo húmedo, madera vieja y vida salvaje.

Un lugar perfecto para un primer paseo.

—Veamos qué tipo de juguete es este mundo —murmuró, metiendo las manos en los bolsillos.

Caminó sin prisa.

Las criaturas escondidas entre los arbustos se alejaban incluso antes de que él las percibiera.

Los pájaros callaban.

El bosque parecía contener la respiración, esperando que él se fuera… o que lo destruyera sin querer.

Aoi lo sentía: era como moverse dentro de un cuerpo vivo que sabía que su presencia era anormal.

Tras unos minutos, escuchó risas.

Voces humanas.

Y no el tipo de voces alegres, sino esas risas arrogantes y tensas de gente que cree tener poder porque están en grupo.

Bandidos.

Clásico.

Aoi se acercó sin ocultarse.

Tres hombres salieron de entre los árboles.

Llevaban armaduras ligeras y cuchillos gastados.

Sus sonrisas tenían la típica mezcla de hambre y confianza barata.

—Mira, mira —dijo el primero—.

Un niño perdido.

Qué bendición del destino.

—No parece local —añadió el segundo—.

¿Tal vez un noble despistado?

—O un viajero ingenuo.

Da igual —concluyó el tercero con entusiasmo—.

Si tiene algo de dinero, lo tomamos.

Si se resiste… ya saben.

Aoi los observó con una expresión plana.

No había emoción, ni molestia.

Solo la sensación de estar viendo un insecto repitiendo un patrón que ya había visto cien veces.

—No tienen que hacer nada —dijo él con voz tranquila—.

Solo sigan su camino y vivan su vida.

No estoy interesado.

Los tres estallaron en carcajadas.

—¿Escucharon eso?

—rió el primero—.

¡Nos está dejando ir!

—Qué adorable —se burló el segundo—.

Ni siquiera tiene arma.

¿De verdad cree que puede hablarnos así?

El tercero dio un paso adelante y extendió la mano hacia Aoi.

—Entrega todo lo que tengas.

Y tal vez te dejemos ir sin un rasguño.

Aoi lo miró.

Y el mundo reaccionó antes que él.

Un parpadeo.

Una ligera vibración.

Un susurro sordo, como un hilo de aire rompiéndose.

El bandido cayó al suelo.

No gritó.

No sufrió.

Simplemente dejó de tener vida en un instante.

Como si alguien hubiera cerrado un libro a la mitad de un capítulo.

Los otros dos dieron un salto atrás, horrorizados.

—¿Qué… qué le hiciste…?

¡¿Qué demonios…?!

Aoi respiró hondo, como si el aire del bosque fuera de mejor calidad que en su mundo anterior.

—Les dije que no tenían que hacer nada.

El segundo bandido intentó correr.

La intención de huir estaba empapada en miedo, pero también llevaba una chispa de agresión, un reflejo instintivo de quien se siente acorralado.

Y esa chispa fue suficiente.

Otro parpadeo.

Otro cuerpo inerte.

El último quedó paralizado, los ojos temblando.

—P-por favor… por favor… yo… yo no quería… yo no… Aoi lo observó durante unos segundos.

Luego asintió.

—Vete.

El bandido salió corriendo como si huyera de un desastre natural, tropezando, llorando, suplicando a cualquier dios cercano.

Aoi siguió caminando, indiferente.

No había orgullo, ni rabia, ni satisfacción.

Solo un hecho: la existencia respondía a él de forma automática.

Lo obedecía aunque él no lo pidiera.

En su mundo había tenido que contenerlo.

Aquí… la realidad ni siquiera intentaba resistirse.

Unos minutos después, el bosque se abrió hacia un camino de tierra que llevaba a una ruta principal.

Aoi avanzó sin apuro, mirando el cielo.

Dos lunas brillaban como ojos vigilantes.

No tardó en encontrarse con otro grupo.

Cinco aventureros.

Jóvenes, equipados con armaduras de cuero y espadas nuevas.

El típico grupo novato que cree ser un equipo de élite porque aprobaron el examen básico.

Al verlo, el que parecía el líder levantó la mano.

—Hey, chico.

¿Estás perdido?

Esa ropa no es de aquí.

¿De dónde vienes?

Aoi no tenía ganas de explicar nada.

—Estoy caminando.

Eso es todo.

La arquera del grupo soltó una risita.

—Qué raro.

Ese aura tuya es débil.

¿Nivel 1?

Aoi no respondió.

El líder sonrió con superioridad.

—Escucha, estamos cazando bandidos.

Zona peligrosa.

Si no quieres meterte en problemas, será mejor que nos entregues tus cosas y vuelvas por donde viniste.

No queremos que termines como un peso muerto que tengamos que enterrar.

Aoi lo miró directamente a los ojos.

—No me sigan.

No me hablen.

No intenten tocarme.

Solo sigan su camino.

Eso debía ser suficiente.

Pero la soberbia humana siempre hacía más ruido que la lógica.

—¿Pero qué dices?

—se burló el mago del equipo—.

Mira tus estadísticas, seguro eres un advenedizo sin clase real.

¿Quién te crees para hablarnos así?

La arquera añadió: —Podemos protegerte, si quieres.

Aunque… quizás antes deberíamos quitarte algo de oro por la molestia.

Ya sabes, tarifa de escolta.

El líder tragó aire con un orgullo irritado.

—La verdad… estás siendo grosero.

Te conviene agachar la cabeza.

Un aventurero de verdad nunca soporta a los insolentes.

El error fue ese pensamiento.

Esa intención diminuta.

Esa idea de “enseñarle una lección”.

Un latido.

Un microsegundo.

Cinco cuerpos vacíos cayeron al suelo sin heridas, sin marcas, sin violencia.

Solo… cesaron.

La brisa arrastró el polvo sobre sus figuras inmóviles.

Aoi siguió caminando.

—No aprendieron —murmuró.

El camino finalmente lo llevó a un pequeño pueblo.

No entró.

Solo se detuvo fuera, observando el humo salir de las chimeneas y el movimiento cotidiano de la gente.

Un mundo vivo.

Un mundo lleno de reglas.

Reglas que él rompía con existir.

Y mientras observaba, sintió un pequeño zumbido.

Alguien había intentado rastrearlo.

Una magia de seguimiento, lanzada desde el templo de donde lo invocaron.

Aoi suspiró.

—Les dije que no me siguieran.

El hechizo se apagó en un instante.

Y con él, los magos que lo lanzaron.

Sin espectáculo.

Sin fuego.

Sin ruidos.

Solo una línea de existencia que se cortó de raíz a kilómetros de distancia.

El cielo se estremeció con una vibración tenue, como si el mundo hubiera contenido el aliento.

Aoi se metió las manos en los bolsillos, mirando el horizonte.

—Al final… siempre hacen lo mismo —dijo con voz baja, serena—.

En mi mundo, me usaban.

En este, quieren hacerlo otra vez.

Hizo una pausa.

Y sonrió.

—Pero esta vez soy yo quien pone las reglas.

Dio media vuelta y se alejó del pueblo.

No necesitaba posadas ni ayuda.

El mundo entero era suyo, aunque aún no lo supiera.

Y mientras caminaba hacia la luna doble, los árboles, la tierra y el viento parecían abrirse para dejarlo pasar.

Porque algo imposible había despertado.

Y lo imposible no aceptaba cadenas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo