Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. I Am the End: Chronicles of the New King
  4. Capítulo 22 - 22 El rumor que aprendió a caminar
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: El rumor que aprendió a caminar 22: El rumor que aprendió a caminar Los rumores no nacen gritando.

Nacen susurrando, pegándose a las paredes, pasando de boca en boca como una herida que arde cuando la cubres.

Esa noche, Varhen durmió mal.

Aoi lo sintió desde la posada.

Cada edificio parecía emitir una tensión distinta: miedo contenido, rabia cansada, esperanza tímida.

Seren permanecía junto a la ventana, mirando sin mirar.

Lyria, sentada en el alféizar, jugueteaba con una daga que no necesitaba desenvainar.

—Ya empezó —dijo Lyria—.

Se movió.

—¿El rumor?

—preguntó Seren.

—La gente —corrigió—.

El rumor solo les dio permiso.

Abajo, en la calle, dos soldados discutían en voz baja.

Una anciana observaba desde su balcón.

Un comerciante cerró su tienda antes de tiempo.

Gestos pequeños.

Decisiones minúsculas.

Cambio.

Aoi cerró los ojos y escuchó más allá del ruido.

Escuchó preguntas.

¿Por qué no cayó la lanza?

¿Por qué ese hombre se detuvo sin tocarlo?

¿Por qué alguien se atrevió a decirlo… y vivió?

—No fue buena idea intervenir —dijo Seren, sin reproche—.

Aceleraste el pulso de la ciudad.

—Era inevitable —respondió Aoi—.

Varhen estaba esperando un motivo.

Yo solo pasé cerca.

Lyria soltó una carcajada baja.

—Siempre tan humilde.

No pasó mucho tiempo antes de que alguien llamara a la puerta.

Tres golpes.

Cautelosos.

Seren abrió.

Era el posadero del Ciervo Gris.

Tenía el rostro tenso y una jarra en las manos, como excusa.

—No suelo hacer esto —dijo, sin levantar la mirada—.

Pero hoy… nadie duerme.

Entró y cerró con cuidado.

—Lo que hicieron en la plaza —continuó—.

No fue discreto.

—No pretendía serlo —respondió Aoi.

El hombre levantó la vista por primera vez.

Sus ojos no mostraban miedo.

Mostraban reconocimiento.

—Mi padre me habló una vez de alguien como usted —dijo—.

Dijo que el mundo tembló cuando apareció… y más cuando desapareció.

Silencio.

Lyria dejó de sonreír.

—Tenía razón —murmuró el hombre—.

El Reino mintió.

—¿Cuántos lo saben?

—preguntó Seren.

—Más de los que deberían —contestó—.

Menos de los que necesitan.

Dejó la jarra sobre la mesa.

—Mañana vendrá un destacamento desde la capital.

Dicen que buscan agitadores.

—Buscan cerrar grietas —dijo Aoi.

—No —respondió el posadero—.

Buscan culpables baratos.

Cuando se fue, la habitación quedó más pequeña.

—Esto escala rápido —dijo Seren.

Aoi asintió.

—Porque el Reino sabe escuchar cuando el miedo habla su idioma.

Lyria saltó del alféizar.

—Entonces supongo que vienen por mí —dijo, divertida—.

Siempre les gustó empezar por la persona incorrecta.

— Al amanecer, Varhen despertó rodeada.

Soldados con armaduras nuevas.

Pendones reales.

Un capitán con sonrisa rígida y órdenes selladas.

Aoi los vio desde la ventana.

—No vienen a pelear —dijo—.

Vienen a afirmar autoridad.

—¿Y si no se les concede?

—preguntó Seren.

—Impondrán narrativa.

El capitán habló en la plaza.

Palabras limpias.

Promesas viejas.

Advirtió sobre “fuerzas desestabilizadoras” y “mentiras peligrosas”.

Luego miró directo hacia la posada.

—Nos invitarán amablemente —dijo Lyria—.

Qué honor.

Los soldados entraron minutos después.

Cortesía forzada.

Manos cerca de las empuñaduras.

—Por orden del consejo —anunció el capitán—, deben acompañarnos para aclarar ciertos… malentendidos.

Aoi dio un paso al frente.

—No hay malentendidos —dijo—.

Solo recuerdos que regresan.

El capitán tragó saliva.

No entendió las palabras, pero sí el peso.

—Insisto.

Aoi lo miró.

No con amenaza.

Con historia.

El estandarte del reino crujó.

El aire se comprimió.

Nadie podía moverse del todo, como si el suelo hubiera decidido retenerlos.

—Váyanse —ordenó Aoi—.

Hoy.

El capitán quiso responder.

No pudo.

Se retiraron.

Rápido.

En silencio.

Desde ventanas y callejones, la gente observó.

No celebró.

Aprendió.

Cuando la plaza quedó vacía, Seren habló: —Ahora Varhen sabe que el Reino puede ser desobedecido.

—No —corrigió Aoi—.

Ahora sabe que no es absoluto.

Lyria sonrió, mirando cómo el rumor se desparramaba, libre por fin.

—Y eso —dijo— es mucho más peligroso.

En algún lugar lejos de Varhen, un consejero rompió un sello de emergencia.

El rumor había aprendido a caminar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo