I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 La mitad que faltaba
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32: La mitad que faltaba 32: La mitad que faltaba El mundo ya estaba roto.
Pero aún no completo.
Aoi lo sintió primero como un tirón en el pecho.
No dolor.
Atracción.
Como dos imanes que por fin recordaban que siempre fueron uno solo.
—Así que seguías ahí… —murmuró.
Kael no entendía, pero lo percibía.
El aire vibraba distinto, como si una nota final estuviera a punto de sonar.
Desde el horizonte, algo respondió.
No venía caminando.
No venía volando.
Se superponía a la realidad.
La otra mitad de Aoi —la que fue liberada del sello ase poco tiempo — emergió como una silueta idéntica, pero opuesta en calma.
Donde uno era maldad asumida, el otro era vacío consciente.
No emociones.
No dudas.
Solo propósito puro.
Kael sintió arcadas.
—Eso… eso también eres tú… —Siempre lo fue —respondieron ambos Aoi al mismo tiempo.
Cuando se miraron, no hubo hostilidad.
Tampoco nostalgia.
Solo reconocimiento absoluto.
—Yo avancé —dijo la mitad libre—.
—Yo soporté —respondió el Aoi sellado.
Dieron un paso uno hacia el otro.
El mundo gritó.
Montañas colapsaron.
Mares se elevaron como si intentaran escapar.
Los límites mágicos del planeta comenzaron a fallar uno por uno, como cerraduras viejas ante una llave perfecta.
—Si se fusionan… —susurró Kael— ¿qué pasará?
Aoi lo miró por última vez como entidades separadas.
—Pasará lo que siempre debió existir.
Se tocaron.
No hubo explosión.
Hubo silencio.
Un silencio tan absoluto que incluso los pensamientos parecieron suspenderse.
Durante un latido inexistente, nada fue Rey Demonio, nada fue dios, nada fue héroe.
Y entonces… El mundo aceptó.
Las dos mitades se fundieron sin resistencia, encajando con una perfección obscena.
No se sumaron: se corrigieron.
Todo lo que faltaba, todo lo que sobraba, desapareció.
Aoi cayó de pie.
Uno solo.
Sus ojos ya no brillaban.
Contenían.
La aura regresó… pero distinta.
No se filtraba.
No presionaba.
Estaba tan condensada que el espacio a su alrededor se curvaba apenas.
—Esto… —Kael apenas podía respirar— …esto no es un Rey Demonio.
Aoi inclinó la cabeza.
—Nunca quise ese título.
Levantó la mano y el cielo, obediente, dejó de agrietarse.
Las bestias ancestrales se congelaron donde estaban.
El grito del Rey Demonio se apagó como una vela bajo el agua.
—El mundo necesitaba un enemigo —dijo Aoi—.
—Yo necesitaba estar completo.
Miró al horizonte donde estaba el Reino.
—Ahora veremos cuál de los dos fue un error.
Muy lejos, Seren abrió los ojos de golpe.
—No es solo él… —susurró—.
El mundo cambió de eje.
Lyria sonrió, nerviosa y feliz.
—Ajá.
Ahora sí estamos en problemas de verdad.
Aoi dio un paso al frente.
No dejó huella.
No la necesitaba.
El Fin ya no caminaba hacia el mundo.
El mundo caminaba alrededor de él.
Y así, con su mitad finalmente recuperada, comenzó la era donde ya no existían excusas, ni sellos… ni dioses cómodos.
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