I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 35
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- Capítulo 35 - 35 La coronación que no fue
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35: La coronación que no fue 35: La coronación que no fue Aoi no se sentó en ningún trono.
Eso desconcertó a muchos.
La sala central del bastión estaba lista para una ceremonia: estandartes, símbolos antiguos, incluso una corona forjada con restos de sellos rotos.
Todo había sido preparado… por otros.
Aoi la miró un segundo.
Luego pasó de largo.
—Guárdenla —dijo—.
No necesito algo que el mundo reconozca.
El mundo ya reaccionó.
El silencio que siguió no fue decepción.
Fue entendimiento.
Eiden intercambió miradas con los líderes de la secta.
—Entonces… ¿qué hacemos ahora?
Aoi se apoyó en la mesa de piedra donde mapas, rutas y nombres del Reino estaban marcados con tinta negra.
—Ahora rompemos la idea de “héroe” —respondió— sin matar al mundo en el intento.
Levantó la mano y los mapas cambiaron.
No mágicamente.
Conceptualmente.
Las fronteras dejaron de verse sólidas.
Las capitales se volvieron nodos frágiles.
—El Reino cree que el poder se concentra —dijo—.
Por eso corta cabezas.
Por eso crea héroes.
Por eso sella lo que no controla.
Señaló distintos puntos.
—Nosotros no vamos a conquistar.
—Vamos a descentralizar.
Lyria alzó una ceja.
—¿Eso fue una palabra bonita para caos organizado?
—Exacto —respondió Aoi sin mirarla—.
Pero consciente.
Seren cruzó los brazos.
—Si socavamos sus sistemas sin atacar directamente… los obligamos a actuar.
—Y cuando actúen —añadió Aoi— quedará claro quién sostiene el mundo y quién solo lo explota.
Esa noche, el mundo recibió algo peor que una invasión.
Recibió ideas.
En ciudades pequeñas aparecieron mensajeros sin estandarte.
No predicaban a Aoi.
No hablaban del Fin.
Hablaban de elección, de romper juramentos impuestos, de órdenes que podían cuestionarse.
Los templos sintieron el golpe primero.
No porque fueran atacados.
Porque dejaron de ser necesarios.
—Las oraciones… —dijo un sumo sacerdote, temblando—.
Ya no se sienten dirigidas.
—No —respondió otro—.
Se sienten… libres.
El Reino respondió con prisa.
Decretos.
Censura.
Acusaciones de herejía.
Demasiado tarde.
Aoi observaba desde el balcón del bastión, con Seren a su lado.
—No te están coronando —dijo ella—.
Te están… imitando.
—El miedo copia —respondió Aoi—.
El poder crea.
Kael, recién recuperado, se acercó con cautela.
—Si sigues así… no quedará nadie a quien derrotar.
Aoi lo miró con calma peligrosa.
—Ese es el punto.
El cielo seguía intacto.
Los dioses seguían escondidos.
El Rey Demonio seguía huyendo.
Pero algo irreversible había empezado.
No una guerra.
No una rebelión.
Una transición.
Y cuando las transiciones fallan… los mundos no se rompen.
Se reemplazan.
Aoi cerró los ojos un segundo.
—Que el Reino mueva su ficha —murmuró—.
—Ahora le toca cometer el error visible.
El capítulo terminó sin sangre.
Pero todos supieron algo: La coronación que no fue… había sido peor que cualquier proclamación.
Porque el Rey que no pidió permiso ya estaba gobernando sin ser visto.
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