I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 50
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- Capítulo 50 - 50 El llanto del Rey del Caos
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50: El llanto del Rey del Caos 50: El llanto del Rey del Caos El mundo no gritó.
Se rindió.
La furia de Aoi no fue inmediata.
No explotó.
No arrasó sin pensar.
Fue peor.
Fue silenciosa.
El cielo se volvió negro sin nubes.
El tiempo dejó de avanzar por un latido eterno.
Y en ese espacio suspendido… Aoi caminó.
Cada paso suyo era una orden que la realidad obedecía sin discusión.
—Salgan —dijo.
No al mundo.
No a la gente.
A ellos.
El plano superior se resquebrajó como vidrio viejo.
Cuatro presencias descendieron, esta vez sin máscaras, sin rodeos.
Los Dioses Supremos.
No novatos.
No administradores.
Arquitectos del sistema.
—Rey Demonio —dijo uno—.
—Has cruzado un límite.
Aoi los miró.
No había rabia en sus ojos.
Solo un vacío que lo devoraba todo.
—Ustedes cruzaron primero —respondió—.
—Cuando tocaron a alguien que no tenía nada que ver con su guerra.
El segundo dios habló, su voz cargada de autoridad absoluta: —El Portador de Memoria era una amenaza estructural.
—Su eliminación fue necesaria.
Eso… Eso fue suficiente.
El Trono del Rey Demonio rugió.
No como bestia.
Como juez.
🔓 Habilidad trascendental: “Decreto del Fin” Aoi puede sentenciar entidades que rompan las leyes fundamentales de la existencia.
El primer dios intentó resistir.
No atacó.
Desapareció.
No muerto.
No sellado.
Concluido.
El segundo levantó barreras, realidades superpuestas, líneas de causalidad.
Aoi alzó la mano.
—No.
El concepto de “defensa” fue rechazado.
El dios se fragmentó en luz inútil, dispersándose fuera del sistema.
El tercero gritó su nombre, reclamó su dominio, invocó el orden primordial.
Aoi caminó hacia él.
—El orden que necesita matar a un niño… —no merece existir.
Un solo gesto.
El tercer dios fue reducido a silencio eterno.
El cuarto retrocedió.
Por primera vez… un dios supremo tuvo miedo.
—Espera —dijo—.
—Podemos negociar.
—Podemos devolverlo.
Aoi se detuvo.
—No.
Y el cuarto dejó de ser contado entre los dieciocho.
El cielo se cerró de golpe.
El mundo volvió a moverse.
Las montañas seguían en pie.
Las ciudades intactas.
Pero algo irreparable había ocurrido.
⚠️ Estado del Panteón: 4 de 18 Dioses Supremos — ELIMINADOS El equilibrio divino ha sido comprometido.
Aoi no celebró.
No habló.
No miró a sus acompañantes.
Caminó hasta el lugar donde Kael había desaparecido.
Se arrodilló.
Y ahí… el Rey Demonio se rompió.
Las lágrimas cayeron sin control, oscuras, pesadas, manchando la tierra.
—Lo siento… —susurró—.
—Te traje a este infierno.
Seren se acercó, temblando.
—Aoi… —Él era como yo —continuó—.
—Roto.
—Solo.
—Arrastrado por un mundo injusto.
Su voz se quebró.
—Pero mientras yo me hundía… —él eligió seguir siendo bueno.
Apretó los puños contra el suelo.
—Estuvo a mi lado… —y no perdió su luz.
Lyria lloraba en silencio.
—Kael creyó en nosotros —dijo—.
—Creyó en ti.
Aoi cerró los ojos, apoyando la frente en la tierra.
—Y yo fallé en protegerlo.
La niña se acercó lentamente.
Temblando.
Puso su pequeña mano sobre el hombro de Aoi.
—Él dijo… que alguien me cuidó —susurró—.
—¿Eso es verdad?
Aoi respiró hondo.
Levantó la mirada, los ojos rojos, pero claros.
—Sí —respondió—.
—Y mientras yo exista… —su recuerdo tampoco morirá.
El viento sopló suave.
Como si el mundo, por primera vez desde el reinicio, pidiera perdón.
Aoi se puso de pie.
Ya no era solo furia.
Era determinación absoluta.
—Escuchen bien —dijo—.
—Esto ya no es una rebelión.
—No es caos.
Miró al cielo.
—Es una guerra contra los dioses.
Y esta vez… no habrá reinicio que los salve.
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