I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 54
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Capítulo 54: Promesas hechas con ceniza
El recuerdo de Kael no se fue.
Empeoró.
No como un grito…
sino como una presión constante en el pecho,
como si algo invisible apretara el corazón de Aoi cada vez que respiraba.
Cada risa ajena le recordaba la suya.
Cada acto de valentía le devolvía su imagen cayendo.
Cada niña a la que miraba… era esa niña.
Aoi cerró los ojos.
Y el mundo tembló levemente.
—Otra vez… —susurró Seren, sintiendo la vibración en el aire—.
—Cada vez que piensa en él…
Lyria apretó los dientes.
—No es rabia.
—Es miedo.
Aoi se detuvo en medio del camino. La sombra que lo rodeaba se contrajo, como si obedeciera una orden silenciosa. Por primera vez en mucho tiempo… la oscuridad no avanzó.
—Kael murió porque fue débil —dijo Aoi, con voz apagada.
Seren reaccionó al instante.
—No.
—Murió porque eligió proteger.
Aoi no respondió.
—Y tú lo sabes —continuó ella—.
—Eso es lo que más te duele.
El silencio cayó pesado.
Aoi apretó el colgante con la piedra.
—No volverá a pasar.
Levantó la mirada.
No hacia el cielo.
Hacia ellas.
—No perderé a nadie más.
—Ni por dioses.
—Ni por mundos.
—Ni por destinos.
La oscuridad cambió.
Ya no se sentía como destrucción.
Se sentía como un muro.
🔓 Nueva manifestación — “Dominio del Rey”
Todo aliado dentro del radio de Aoi recibe protección absoluta contra interferencias divinas directas.
Lyria abrió los ojos con sorpresa.
—Esto… esto no es ofensivo.
—Nunca lo fue —respondió Aoi—.
—Solo estaba mal dirigida.
Seren dio un paso adelante.
—¿Y si el mundo usa eso en tu contra?
—¿Si te obligan a elegir otra vez?
Aoi la miró.
Por primera vez…
había algo roto en sus ojos.
—Entonces destruiré la elección.
Esa noche, Aoi no durmió.
Se quedó de pie, vigilando.
Como Kael lo hacía.
La niña dormía tranquila entre mantas. Lyria respiraba con calma. Seren fingía dormir, pero lo observaba de reojo.
—Te estás pareciendo demasiado a él —dijo en voz baja.
Aoi asintió.
—Por eso sigo en pie.
El viento pasó suave.
La oscuridad no lo devoró.
—Kael creía en un mundo donde los fuertes protegían a los débiles —continuó Aoi—.
—Yo ya no creo en ese mundo.
Apretó el puño.
—Pero crearé uno donde nadie pueda tocar a los míos.
Seren cerró los ojos.
Eso no era esperanza.
Era una promesa hecha con dolor.
Y las promesas nacidas así…
siempre se cumplen.
Muy lejos, los dioses sintieron algo nuevo.
No terror.
No ira.
Instinto de supervivencia.
Porque el Rey Demonio ya no caminaba solo hacia el fin.
Ahora caminaba
rodeando lo que amaba.
Y cualquiera que intentara cruzar ese límite…
no sería destruido.
Sería borrado del concepto de amenaza.
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