Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. I Am the End: Chronicles of the New King
  4. Capítulo 6 - 6 EL MUNDO TIEMBLA CUANDO NACE UN SEGUIDOR
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: EL MUNDO TIEMBLA CUANDO NACE UN SEGUIDOR 6: EL MUNDO TIEMBLA CUANDO NACE UN SEGUIDOR El desierto se extendía como una serpiente infinita hecha de luz y polvo.

Aoi caminaba al frente, sin prisa y sin mirar atrás.

Las dunas se acomodaban a sus pasos, como si el propio paisaje se inclinara para evitar molestarlo.

Detrás de él, siguiendo su sombra sin cuestionar, iban Lyria y Seren.

Dos presencias distintas, dos silencios diferentes, dos fuerzas que antes habían estado encadenadas y ahora caminaban libres… pero no para sí mismas.

Para él.

Aoi avanzaba con las manos en los bolsillos, como si cruzar un desierto abrasador fuera tan trivial como atravesar un pasillo.

Ni el calor lo rozaba.

Ni el viento se atrevía a tocarlo.

Lyria lo observaba desde atrás con una mezcla de admiración incandescente y hambre de acción; Seren, en cambio, lo miraba como quien contempla una verdad inevitable.

No había cuestionamientos.

No había dudas.

Solo propósito.

—Maestro… —dijo Seren con voz tranquila, suave como el eco de un templo antiguo—.

El camino cambia.

Hay presencia humana a dos kilómetros.

Alguien nos vigila.

Aoi ni siquiera giró el rostro.

—Déjalos.

Si tienen intención hostil, el mundo se encargará antes que yo.

Lyria sonrió.

Su sonrisa era filo.

Un filo que quería cortar algo.

—¿Podemos arrasarlos si llegan vivos?

Hace mucho no estiro los brazos —dijo ella cruzando los dedos como quien calienta antes de un baile.

—Si llegan vivos —repitió Aoi—, haz lo que quieras.

Este mundo es ancho.

Yo no pienso limitarte.

Mientras no me estorben, pueden gritar todo lo que quieran.

Lyria rió.

Seren sonrió apenas.

Y siguieron.

El camino terminó revelando una ciudad encaramada sobre un oasis: Vandor, una ciudad de mercaderes, esclavistas, aventureros, templos falsos y promesas vacías.

Un nido de corrupción tan natural en su podredumbre que casi resultaba bello.

Aoi la observó desde la colina, con esa expresión ausente que tenía cuando estaba decidiendo algo que otros llamarían destino, pero para él era solo… preferencia.

—Entraremos —dijo simplemente.

No había estrategia.

No había preparación.

No había miedo.

Solo una decisión.

Y las decisiones de Aoi se convertían en realidad mucho antes de que él diera un paso.

La ciudad vibró por un instante.

Un murmullo cruzó sus muros.

Una sensación eléctrica que nadie supo explicar.

Los mercaderes voltearon sin razón.

Los guardias sintieron un escalofrío en la nuca.

Un niño dejó caer un cubo de agua sin saber por qué.

Como si Vandor, por un segundo, hubiera detectado la llegada de algo que estaba más allá de cualquier sistema.

Lyria respiró hondo, emocionada.

—Este lugar está lleno de basura útil.

—No los necesitaré a todos —respondió Aoi—.

Pero sí necesito información.

Y necesito mover piezas.

Este mundo tiene un trono vacío.

No pienso esperar a que otro idiota lo reclame.

Seren bajó la cabeza en señal de acuerdo.

Su voz era un susurro perfecto.

—Lo que desee, maestro.

Aoi entró en la ciudad sin disminuir el paso.

La multitud se abría a su paso sin darse cuenta.

Ni siquiera lo veían bien; era como si sus sentidos decidieran hacerse a un lado por instinto primitivo.

No miedo, no respeto… algo más profundo.

Como cuando un animal percibe que delante suyo no hay un depredador… sino una anomalía.

Vandor bullía de actividad.

Un mercado inmenso donde se vendían desde armaduras falsas hasta reliquias mágicas que no servían ni de pisa papeles.

Gente regateando, ladrones cortando bolsas ajenas, aventureros presumiendo niveles que nadie podía verificar.

Aoi ignoró todo.

Caminó directo a la plaza central.

Y entonces ocurrió.

Una explosión de polvo levantó gritos.

De una carreta volcada salieron dos guardias empujando a un grupo de esclavos: niños, adultos, ancianos… todos encadenados, con marcas de castigo y ojos apagados.

El mercado se detuvo unos segundos.

Algunos miraron con indiferencia.

Otros, con asco.

Otros, con interés de comprador.

Lyria apretó los puños.

Seren frunció el ceño, apenas perceptible.

Aoi clavó la mirada en los guardias como quien observa un insecto haciendo ruido en una habitación silenciosa.

—Otra vez esclavistas… —murmuró Lyria con cierto fastidio—.

¿Los exterminamos?

—No —respondió Aoi.

Lyria lo miró sorprendida.

Aoi avanzó un paso.

—Hoy no vinimos a matar basuras pequeñas.

Vinimos a encontrar información.

Aunque… —se detuvo un segundo, observando a dos figuras entre los esclavos— …veo algo interesante.

Dos chicas estaban en la fila.

Una de cabello negro, mirada endurecida, respiración contenida pero firme.

Otra de cabello gris pálido, ojos quietos, postura serena incluso en la humillación.

Aoi conocía ese tipo de resistencia.

No era heroísmo.

Era supervivencia pura.

Era potencial.

Lyria se acercó a él.

—¿Las quieres?

—Las necesito.

Aoi caminó hacia los guardias.

Al verlo, uno levantó la mano con gesto brusco.

—Eh, chico.

Aléjate.

No es un espectáculo.

Vete por— El guardia cayó antes de terminar la frase.

No por intervención de Aoi.

No por violencia visible.

Simplemente cayó.

Vacío.

El otro guardia retrocedió, aterrado.

—¿Q-qué… qué está…?!

Aoi no lo miró.

—No pienso repetir advertencias.

Nunca lo hago.

El guardia huyó en silencio, tragándose sus gritos.

La multitud quedó muda.

Aoi se detuvo frente a las dos chicas.

Una lo miraba sin bajar la cabeza; la otra lo miraba sin subirla.

—Sus nombres —ordenó.

La de cabello negro respondió primero.

—Hana.

La de gris lo hizo después.

—Mira.

Aoi asintió.

—Desde ahora, son libres.

Los esclavos murmuraron.

Algunos lloraron.

Los comerciantes estaban demasiado aterrados para protestar.

Pero Aoi no había terminado.

—Y ustedes dos —continuó, mirándolas como quien evalúa piezas únicas—.

Desde ahora me pertenecen.

No como dueñas de cadenas.

Sino como armas.

Como sombras.

Como parte de mi camino.

Hana bajó una rodilla con determinación ardiente.

—Haré lo que ordene.

Mi fuerza, mi vida… son suyas.

Mira inclinó la cabeza sin prisa, con devoción silenciosa.

—Mi espíritu está a su servicio.

La multitud se estremeció.

No por temor.

Por esa sensación de presenciar el nacimiento de algo anormal.

Aoi sonrió apenas.

—Perfecto.

Las piezas empiezan a acomodarse.

Lyria sonrió con orgullo.

Seren observó a las dos nuevas integrantes con calma.

Hana tenía la chispa de Lyria.

Mira tenía la quietud de Seren.

Era equilibrio.

Era poder.

Era expansión.

Aoi se dio vuelta hacia la ciudad.

—Tenemos trabajo que hacer.

Vandor es un hormiguero lleno de reyes de mentira y monstruos aburridos.

Vamos a reorganizarlo.

Lyria rio emocionada.

Seren cerró los ojos, aceptando cada palabra.

Hana apretó los puños como quien se prepara para renacer.

Mira siguió con pasos suaves, segura de su lugar en el mundo.

Y la ciudad entera sintió un escalofrío.

Porque por primera vez desde que existía, Vandor se dio cuenta de que había dejado entrar a algo que no podía controlar.

Algo que no venía a negociar.

Algo que venía a gobernar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo