I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 EL PRIMER PASO HACIA LA CORONA DEL ABISMO
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7: EL PRIMER PASO HACIA LA CORONA DEL ABISMO 7: EL PRIMER PASO HACIA LA CORONA DEL ABISMO La noche cayó como una cortina negra sobre la aldea arruinada.
El fuego que Aoi había provocado aún humeaba entre las casas derrumbadas, dibujando columnas grises que se elevaban al cielo como si quisieran delatarlo.
Pero no había nadie vivo para acusarlo.
Y si lo hubiera, no duraría.
El mundo —eso ya lo había entendido— solo respetaba a quienes caminaban con la sombra de frente y jamás retrocedían ante ella.
Aoi avanzó por el sendero que conducía al bosque con una calma casi inhumana, como si el caos detrás de él no fuera más que una nota a pie de página en una historia mucho más grande.
Lyria y Seren lo seguían sin cuestionar, las pisadas ligeras, los ojos fijos en su espalda, como si temieran parpadear y perder la silueta que acababa de arrancarlas de su destino maldito.
—¿A dónde vamos ahora, maestro?
—preguntó Seren con una voz frágil pero firme, una que quería sonar valiente aunque su alma todavía sangrara por dentro.
Aoi no volteó.
—A reclamar territorio —respondió simplemente—.
Todo rey demonio comienza dominando un punto en el mapa.
Y yo no pienso ser la excepción.
Lyria aceleró el paso hasta quedar a su lado.
—¿Un territorio… para levantar tu futuro reino?
—Para levantar mi imperio —corrigió él—.
Y para que ustedes dos dejen de ser sombras sin nombre y se conviertan en algo que este mundo no pueda ignorar.
Las chicas se miraron entre sí, y por primera vez desde que lo habían conocido, una chispa distinta cruzó sus rostros.
No era miedo, ni dependencia, ni dolor.
Era algo más crudo: propósito.
El bosque era oscuro y retorcido, pero Aoi lo cruzaba como si ya perteneciera allí.
La luna iluminaba apenas los troncos nudosos, proyectando sombras que parecían criaturas asustadas escondiéndose del recién nacido demonio.
Había rumores de que en lo profundo vivía un espíritu antiguo, un ser que llevaba décadas maldiciendo el lugar.
La gente evitaba la zona.
Aoi, en cambio, sonrió cuando sintió esa presencia aletear entre los árboles.
—Lo sientes, ¿verdad?
—preguntó—.
Esto no es solo bosque.
Esto es poder muerto… esperando dueño.
Seren tragó saliva.
—¿Vas a enfrentarlo?
—No.
Voy a exigirle que se arrodille.
Una ráfaga helada rasgó el aire.
Las hojas temblaron.
El suelo mismo pareció contraerse, como si la tierra exhalara un susurro de advertencia.
Lyria llevó la mano al pecho, instinto de esclava entrenada para temer lo desconocido.
Aoi extendió el brazo y la detuvo sin mirarla.
—No se muevan.
Esto es mío.
Entonces lo vieron.
Una figura envuelta en humo, con un cuerpo a medio formar, garras translúcidas y ojos hundidos que brillaban como carbones moribundos.
Su presencia era pesada, como si cargara siglos de odio sin resolver.
El espíritu flotó frente a Aoi con un gesto que imitaba la furia humana.
—Intruso… La voz era un eco roto.
—Este bosque… pertenece… a los muertos… Aoi avanzó un paso.
—Pues ahora pertenece a mí.
El espíritu aulló, extendiendo sus garras como lanzas oscuras.
Lyria gritó su nombre, pero Aoi levantó una mano, ordenándolo todo a callar.
Y el bosque obedeció.
Una onda oscura estalló desde sus pies, un pulso denso como tinta derramada.
No era magia común.
No era hechicería estándar.
Era la marca del mundo al que una vez perteneció… y del demonio que había despertado en él desde el día de su muerte inicial.
El espíritu vaciló, como si lo hubieran sujetado por el cuello.
Aoi habló con la voz de alguien que ya vio su futuro escrito y solo está caminando hacia él.
—Inclínate.
O desaparece para siempre.
El espíritu tembló, la forma distorsionada por el miedo.
—¿Qué… eres…?
—Aoi Kurogane —respondió—.
Próximo rey demonio.
Tu nuevo dueño.
La figura se quebró como vidrio que muere, agrietándose desde el centro.
No explotó, no chilló, no forcejeó más.
Simplemente cayó de rodillas, o lo más parecido que un espíritu podía hacer, antes de desvanecerse en un remolino negro que fue absorbido por el cuerpo de Aoi como agua regresando a su fuente.
Lyria y Seren se quedaron mudas.
Aoi inhaló, sintiendo que algo dentro de él había cambiado.
El bosque mismo pareció inclinarse ante él; el ambiente dejó de oprimir y se volvió expectante, como un reino sin rey esperando coronación.
—A partir de hoy —dijo él, girándose a mirar a las chicas con una sonrisa que mezclaba ambición y fuego—, este bosque será nuestra base.
Aquí construiré el primer ladrillo de mi imperio.
Elevó la mano y dejó que la oscuridad respondiera, extendiéndose entre los árboles como raíces vivas.
—Y ustedes… Sus miradas se clavaron en las suyas.
—Ustedes serán mis primeras lugartenientes.
Seren bajó la cabeza, el corazón golpeándole el pecho.
—Haré lo que sea necesario.
Todo.
Solo ordénalo.
Lyria sonrió con una sombra de orgullo recién nacido.
—Y yo haré que este bosque tema tu nombre, Aoi.
El viento sopló, llevando hojas secas alrededor de los tres como si celebrara un pacto silencioso.
Aoi Kurogane avanzó hacia la oscuridad recién conquistada.
No como un fugitivo.
No como un desconocido.
Sino como alguien que ya había dado su primer paso verdadero hacia el trono demoníaco.
Y el mundo… aunque aún no lo sabía… ya estaba temblando.
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