I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 71
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Capítulo 71: Cartografía de la calma
El mundo era enorme cuando no intentabas conquistarlo.
Aoi lo olvidaba a veces.
Después de la playa, no regresaron a fortalezas ni a salas de guerra. No hubo consejos, ni informes, ni nombres de enemigos escritos con sangre. Simplemente… caminaron.
—¿Y ahora a dónde? —preguntó Lyria, girando sobre sí misma como si el mundo fuera un mapa nuevo.
Nyx alzó la mano y señaló al norte.
—Allá.
—Siento algo distinto.
Aoi la miró de reojo.
—¿Oscuridad?
Nyx negó con la cabeza.
—No.
—Tranquilidad.
Eso bastó.
El primer lugar fue un valle oculto entre montañas antiguas. No aparecía en mapas. La niebla lo protegía como un secreto celoso. Al entrar, el aire cambió. No pesaba. No cortaba. Respirar ahí se sentía… correcto.
Hierba alta, flores que brillaban suavemente al atardecer, un río tan claro que parecía no existir.
Seren se arrodilló junto al agua.
—Esto… no debería existir —murmuró—.
—Con todo lo que ha pasado.
Azrael se encogió de hombros.
—El mundo siempre guarda rincones que se niegan a morir.
Nyx se quitó las sandalias y metió los pies en el río. El agua reaccionó, formando pequeñas ondas oscuras que se disiparon enseguida.
—Aquí no me rechazan —dijo—.
—Ni me veneran.
Aoi cerró los ojos.
Su aura no alteró nada.
Eso lo desconcertó más que cualquier batalla.
Pasaron horas ahí.
Lyria recolectó flores y las trenzó torpemente en coronas. Seren intentó pescar con magia y falló estrepitosamente. Azrael, por pura terquedad, logró atrapar un pez con las manos… y lo dejó ir.
—No tenía hambre —se justificó.
Nyx se rió.
Era un sonido raro todavía. Nuevo. Pero real.
Aoi los observaba desde una roca. Pensó en cuántas veces había visto mundos morir sin haber visto algo así antes. No por falta de oportunidad… sino porque nunca se había detenido.
—Oye —dijo Seren, sentándose a su lado—.
—Cuando todo esto acabe… ¿crees que el mundo pueda volver a tener más lugares así?
Aoi tardó en responder.
—No lo sé —admitió—.
—Pero si no puede… entonces no merece sobrevivir.
Seren sonrió con tristeza.
—Qué respuesta tan tuya.
El segundo destino fue una ciudad flotante en ruinas.
Restos de una civilización que había intentado tocar el cielo… y había pagado el precio. Fragmentos de calles suspendidas en el aire, edificios partidos a la mitad, escaleras que no llevaban a ningún sitio.
—Esto es increíble —dijo Lyria, con los ojos brillando—.
—¡Mira eso! ¡Está al revés!
Nyx caminó por una pasarela suspendida.
—Aquí hubo sueños grandes —dijo—.
—Demasiado grandes.
Azrael examinó símbolos antiguos grabados en piedra.
—No cayeron por arrogancia —corrigió—.
—Cayeron porque los dioses se sintieron amenazados.
Aoi apretó la mandíbula.
—Como siempre.
Exploraron bibliotecas rotas, salas de observación abiertas al vacío, jardines que flotaban sin raíces. En una plaza central, encontraron una estatua caída: una figura humana mirando al cielo, la mano extendida.
Nyx la tocó.
—No querían gobernar el mundo —susurró—.
—Solo entenderlo.
Por un instante, Aoi imaginó cómo habría sido ese mundo si los dioses no hubieran intervenido.
Luego dejó la idea morir.
El tercer lugar fue elegido por Lyria.
—¡Bosque! —anunció—.
—Pero no uno normal. Uno raro.
Y vaya que lo era.
Árboles gigantescos con troncos translúcidos, hojas que cambiaban de color según el sonido, criaturas pequeñas que parecían hechas de luz y sombra mezcladas.
Nyx se agachó cuando una de ellas se acercó. No huyó. No la atacó.
La tocó.
—No me tienen miedo —dijo, sorprendida.
Aoi lo notó también.
—No te ven como amenaza —explicó—.
—Te ven como parte del ciclo.
Eso la dejó pensativa.
Seren y Lyria corrieron entre los árboles, persiguiendo luces. Azrael observó desde lejos, serio.
—Este bosque existe entre capas —dijo—.
—No debería ser accesible.
—Pero lo es —respondió Aoi—.
—Eso lo hace valioso.
Se sentaron bajo un árbol que emitía un resplandor suave. El tiempo parecía ir más lento ahí. Las preocupaciones no desaparecieron… pero se callaron.
Nyx apoyó la cabeza en el tronco.
—Aoi…
—Si el mundo termina…
—¿estos lugares también desaparecen?
Aoi miró al cielo filtrado por hojas luminosas.
—Si el mundo termina por mi mano…
—haré que algo quede.
Nyx sonrió levemente.
—Eso me basta.
Al caer la noche, encendieron una fogata pequeña. No por necesidad. Por costumbre humana.
Lyria se quedó dormida primero. Seren la cubrió con una manta. Azrael se sentó un poco apartado, vigilando por inercia.
Nyx miraba el fuego.
—¿Crees que Kael habría disfrutado esto? —preguntó en voz baja.
Aoi no respondió de inmediato.
—Sí —dijo al final—.
—Y nos habría llamado idiotas por no hacerlo antes.
Nyx rió suavemente.
El fuego chisporroteó.
Por primera vez en mucho tiempo, Aoi no pensó en dioses, ni en sellos, ni en finales inevitables. Pensó en caminos sin nombre, en mapas incompletos, en días que no pedían nada a cambio.
El mundo seguía roto.
Ellos también.
Pero mientras existieran lugares por descubrir,
la destrucción podía esperar un poco más.
Y esa noche, bajo un cielo que no juzgaba,
el Rey Demonio del Fin
simplemente vivió.
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