I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 75
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Capítulo 75: El despertar de la Destructora
El aire temblaba alrededor del grupo, pesado y eléctrico, como si el mundo mismo contuviera la respiración. Aoi se encontraba de pie en la cima de un acantilado, contemplando el horizonte, mientras Seren avanzaba lentamente hacia él, con la mezcla de determinación y nerviosismo que lo hacía sentir vivo por primera vez en mucho tiempo.
—Seren —dijo Aoi, su voz profunda y firme—.
—Hoy no solo serás mi compañera.
—Hoy serás algo más.
Seren lo miró, confundida, sin entender del todo lo que se avecinaba.
—¿De qué hablas? —preguntó, con la cautela de quien ha visto monstruos devorando mundos y sabe que cada gesto puede ser una sentencia.
Aoi extendió la mano, y su aura oscura se expandió a su alrededor, pulsando con intensidad. Cada paso que daba hacia ella parecía alterar el viento, las nubes y la misma tierra bajo sus pies.
—Te voy a dar… parte de mi poder —dijo—.
—Un 65% de lo que soy.
Seren tragó saliva, sin palabras. Sus ojos se abrieron ampliamente.
—¿65%? —repitió—.
—¿Por qué tanto?
Aoi la miró con seriedad.
—Porque no basta con fuerza.
—Si vas a cargar con el título de Destructora, debes tenerlo todo: poder, voluntad y control.
—Y confío en ti para manejarlo.
Nyx, Lyria y Azrael se habían acercado sin hacer ruido, sintiendo cómo la energía de Aoi y Seren llenaba el aire. Incluso el mar y los cielos parecían detenerse.
—¿Estás seguro? —preguntó Nyx, con una mezcla de preocupación y admiración.
—No quiero que te pierdas en esto.
Aoi asintió, con una determinación fría pero confiada.
—Si alguien puede sostenerlo… eres tú.
—Y no estás sola.
—Yo seguiré aquí, vigilando y guiando.
El contacto fue simple. Las manos se tocaron, y la energía comenzó a fluir. Primero suave, como un murmullo, luego rugiendo como un río desbordado. El 65% del núcleo de poder de Aoi se trasladaba hacia Seren, fusionándose con su esencia.
El cielo se oscureció levemente, y pequeñas grietas de luz se formaron sobre el horizonte, reflejando la magnitud del traspaso de poder. Seren gimió levemente, pero no de dolor: de asombro y emoción contenida.
Su cuerpo brilló, primero con un resplandor blanco, luego con un negro profundo que se mezclaba con el aura de Aoi. El poder fluía dentro de ella como un río caótico, pero bajo su control. Su corazón palpitaba con fuerza. Cada músculo, cada fibra de su ser, estaba consciente del nuevo poder que la atravesaba.
—Lo siento… —susurró Seren—.
—No puedo fallarte.
Aoi sonrió, por primera vez sin sombra ni distancia.
—Nunca lo harás.
—Confío en ti.
Cuando la transferencia se completó, Seren cayó de rodillas por un instante, pero su mirada ya era diferente. Sus ojos brillaban con un fuego propio, oscuro y feroz, como si reflejaran la mitad del abismo que Aoi contenía.
—Ahora eres… —dijo Aoi, su voz vibrando en el aire—.
—Seren, la Destructora.
Un halo de poder se formó alrededor de ella. La tierra tembló suavemente. Las nubes giraron como si saludaran a su nuevo portador de la oscuridad. Nyx se acercó, con un brillo de orgullo en los ojos.
—Impresionante —murmuró—.
—No sabía que podías… hacer algo así.
Seren se levantó, y su voz resonó firme, clara, con una autoridad que nunca había tenido.
—Ahora… yo también puedo proteger —dijo—.
—Y destruir lo que se interponga.
Aoi la observó, con la sensación de que el mundo había cambiado en ese instante. No solo porque su poder se había multiplicado en manos de Seren, sino porque ahora había un vínculo más profundo que cualquier sello o habilidad: un poder compartido, un destino común.
El viento se calmó. El mar, los cielos, las montañas: todos parecían inclinarse ante la presencia de la nueva Destructora. Aoi sonrió ligeramente, satisfecho y confiado. Por primera vez, sabía que no estaba solo, y que juntos podrían enfrentar incluso lo que los dioses creían inquebrantable.
—Vamos —dijo Aoi—.
—El mundo aún tiene mucho que enseñarnos.
Seren asintió, poderosa, decidida y más viva que nunca. Su aura se mezclaba con la de Aoi, no como sombra ni rival, sino como aliada absoluta, marcando el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de los Reyes Demonio.
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