I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 80
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Capítulo 80: Renacimiento del Fin
El sol ascendía lentamente sobre un mundo todavía marcado por cicatrices, pero lleno de potencial. Las ciudades derruidas eran testigos mudos de batallas pasadas, los bosques marchitos susurraban historias de dolor, y los mares conservaban recuerdos de eras rotas. Sin embargo, en lo alto de la colina donde Aoi y Seren habían sellado su unión, algo nuevo se respiraba: esperanza.
Aoi se encontraba de pie, observando la extensión del mundo frente a él. Su aura, antes intimidante, ahora era un manto de autoridad templada, mezclada con cuidado y protección. A su lado, Seren caminaba con seguridad, cada paso suyo reflejando el poder que Aoi le había confiado, y su responsabilidad como Destructora. Entre ambos, un lazo que no solo unía fuerzas, sino voluntades, corazones y destinos.
—Es… impresionante —murmuró Nyx, acercándose desde un sendero que serpenteaba la colina—.
—Nunca imaginé que un mundo roto pudiera lucir así de… vivo.
Aoi sonrió con una mezcla de orgullo y nostalgia.
—No está completo —admitió—.
—Ni lo estará por un tiempo. Pero cada piedra reconstruida, cada árbol que vuelve a brotar, cada vida que sobrevive… es un paso hacia algo que valga la pena.
Seren se situó frente a él, sus ojos brillando con determinación y afecto.
—Y no lo haremos solos —dijo—.
—Juntos, podemos lograr que este mundo sea digno de nuestro poder, y de nuestra responsabilidad.
Lyria se acercó, riendo suavemente.
—¿De verdad crees que el mundo te escuchará sin destruirlo todo otra vez? —preguntó con sarcasmo, pero con cariño.
Aoi frunció ligeramente el ceño, pero su sonrisa lo suavizó.
—No destruiré lo que deseo preservar —dijo—.
—Eso es parte de la lección que el mundo debe aprender.
Azrael, apoyado en un árbol cercano, observaba con los brazos cruzados. Su silencio siempre había sido un recordatorio de que incluso el más escéptico de los aliados podía ver el cambio en Aoi.
—Deberían moverse rápido —comentó—. Los mortales, incluso los dioses que aún quedan, ya están atentos. No todos estarán dispuestos a aceptar esta nueva era.
—Lo sé —replicó Aoi, con gravedad—. Pero los enfrentaremos. No con miedo ni destrucción gratuita… sino con autoridad y ejemplo.
La primera tarea era clara: reconstruir. No solo ciudades, sino sistemas, leyes y fuerzas que pudieran mantener el equilibrio entre el poder de los Reyes Demonio y la seguridad del mundo. Para ello, Aoi convocó a sus aliados más cercanos: Nyx, Lyria, Azrael, y varios sobrevivientes humanos que habían demostrado valor, lealtad y capacidad.
—Escúchenme —dijo Aoi—.
—No seré el gobernante que oprime con miedo.
—Tampoco será un mundo sin reglas.
—Necesitamos estructuras, defensas, líderes que puedan actuar con justicia.
Seren añadió, su voz firme:
—Y yo estaré al lado de Aoi, no como sombra, sino como su igual.
—Nuestra fuerza no es solo para conquistar… es para proteger.
—Cualquiera que intente destruir lo que construyamos, enfrentará nuestras decisiones.
Los primeros días fueron de planificación y entrenamiento. Aoi y Seren compartieron su poder con aquellos que consideraron dignos, transmitiendo no solo fuerza física, sino estrategias, control de aura y tácticas de combate. Cada sesión mostraba cuánto habían crecido juntos, y cómo la confianza mutua no solo fortalecía su vínculo, sino la de quienes los rodeaban.
—Nyx —dijo Aoi durante una práctica de control de aura—. Concéntrate en sentir el flujo, no en dirigirlo. Déjalo existir dentro de ti y te seguirá.
—Pero… —Nyx titubeó—.
—Si me pierdo, no hay marcha atrás.
—Eso no es cierto —intervino Seren—.
—Aoi estará allí. Yo estaré allí. Y todos los que confíen en nosotros también. El poder no es solo fuerza bruta; es responsabilidad compartida.
Los días se convirtieron en semanas. Las aldeas destruidas comenzaron a reconstruirse, bajo la supervisión de los aliados del Rey Demonio. Las ruinas se transformaron en fuertes, los campos quemados florecieron nuevamente, y poco a poco, la gente volvió a sentir seguridad.
Aoi observaba esto con una mezcla de orgullo y humildad. Nunca había imaginado que él, un ser temido por todos, podría inspirar respeto y esperanza en lugar de terror. Seren, siempre a su lado, le recordaba que la oscuridad podía coexistir con la luz, y que incluso un monstruo podía elegir proteger.
Pero no todo era reconstrucción pacífica. Algunos dioses menores, resentidos por la unión de los Reyes Demonio y su influencia creciente, comenzaron a enviar emisarios para observar, intimidar e incluso atacar. Aoi y Seren los enfrentaron, pero con moderación. Su intención no era destruir sin sentido; era demostrar que incluso el poder absoluto podía coexistir con control y juicio.
—Este mundo no volverá a temblar por ego —dijo Aoi durante una confrontación con un dios menor—.
—No mientras yo respire.
—No mientras esté a su lado.
Seren, a su vez, mostraba su poder recién adquirido al máximo, manejando las fuerzas de destrucción que Aoi le había confiado. Cada movimiento era elegante, decisivo, y reflejaba la armonía entre fuerza y responsabilidad.
—No solo somos destructores —dijo ella después del combate—.
—Somos guardianes del equilibrio.
Los aliados presentes, así como los sobrevivientes, comenzaron a ver a los Reyes Demonio bajo una nueva luz: no como entidades de terror, sino como líderes que podían cambiar el destino del mundo.
Durante las noches, Aoi y Seren encontraban momentos para sí mismos. Miraban las estrellas, recordaban a Kael, recordaban los días de caos y destrucción, y hablaban de lo que aún querían lograr. La relación entre ambos crecía con cada conversación, cada entrenamiento y cada desafío superado.
—A veces —dijo Aoi mientras observaba el cielo estrellado—. Siento que todo lo que hicimos, todo lo que destruimos, nos llevó hasta aquí.
—Hasta nosotros —respondió Seren, apretando su mano—.
—Y ahora debemos asegurarnos de que lo que venga después sea diferente.
El vínculo que los unía no era solo amor romántico, sino una fusión de destino y responsabilidad. Cada decisión que tomaban afectaba el mundo entero, y cada momento juntos reforzaba su compromiso con la vida que querían proteger.
A medida que los días se convertían en meses, la influencia de Aoi y Seren creció. Las aldeas prosperaban, los bosques se regeneraban y los mares recuperaban su vitalidad. La humanidad y los demonios que deseaban coexistir comenzaron a colaborar, siguiendo el ejemplo de los Reyes Demonio.
Incluso los dioses restantes, aquellos que inicialmente desconfiaban, empezaron a reconocer la fuerza y la sabiduría de la pareja. No todos aceptaron, pero la mayoría comprendió que resistirlos sería inútil y contraproducente.
—Aoi… Seren —dijo Nyx una tarde mientras observaban a un grupo de aldeanos reconstruir un puente—. Nunca pensé que vería esto.
—El Rey Demonio y la Destructora… cuidando el mundo.
—Eso es exactamente lo que estamos haciendo —respondió Seren—.
—No solo por poder, sino por responsabilidad.
Aoi asintió, tomando la mano de Seren.
—El mundo finalmente tiene la oportunidad de renacer —dijo—.
—Y nosotros seremos los guardianes de esa nueva era.
Llegó un día de celebración. Las aldeas que habían sido reconstruidas organizaron una ceremonia para honrar a los Reyes Demonio y la Destructora. No hubo temor, solo respeto y gratitud. La gente trajo flores, ofrendas y canciones. Incluso los aliados más poderosos se permitieron sonreír y reír, algo raro en aquellos tiempos de guerra y caos.
Aoi y Seren se encontraban en el centro, recibiendo el homenaje. Sus auras no intimidaban; irradiaban seguridad y equilibrio. Nyx, Lyria y Azrael los rodeaban, orgullosos y felices.
—Miren lo que logramos —dijo Aoi, con un ligero brillo en los ojos—.
—Esto es solo el comienzo.
Seren asintió.
—Sí —dijo—. El mundo sigue siendo frágil, pero con nuestra guía… podemos hacerlo fuerte.
El viento llevó las palabras de Aoi hacia los cielos, como si Kael y todos los que habían caído escucharan desde algún lugar.
—Lo hacemos por ellos también —susurró Aoi—. Para que sus sacrificios no hayan sido en vano.
Y así, el mundo comenzó a sanar. Cada ciudad reconstruida, cada bosque regenerado, cada persona protegida era un recordatorio del poder que se podía usar para crear, no solo para destruir. Aoi y Seren caminaron juntos, mano a mano, conscientes de que su camino aún estaba lleno de desafíos, pero también de posibilidades infinitas.
Mientras el sol se ocultaba y el cielo se llenaba de estrellas, Aoi miró a Seren.
—Esto no es el final —dijo—.
—Es solo el comienzo de nuestra historia, de nuestro mundo, de todo lo que aún queda por hacer.
Seren lo miró, su sonrisa reflejando confianza y amor.
—Juntos —dijo—. Pase lo que pase, siempre juntos.
El Rey Demonio del Fin y la Destructora, los seres más poderosos que este mundo había conocido, habían elegido no solo gobernar, sino proteger y crear, dejando atrás la sombra de la destrucción y abrazando la luz que habían encontrado en sí mismos y en los demás.
El mundo tembló, sí. Pero no por miedo.
Sino por renacimiento.
Y así, bajo las estrellas, comenzó la era de los Reyes Demonio, un mundo donde el poder absoluto convivía con la compasión, la oscuridad con la luz, y donde incluso los más temidos podían encontrar amor, esperanza y propósito.
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