I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 81
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Capítulo 81: Epílogo: La Era de los Reyes Demonio — Diez Años Después
Diez años habían pasado desde aquella boda que hizo temblar el mundo. Diez años desde que Aoi y Seren comenzaron a reconstruir un mundo roto, guiándolo con fuerza, inteligencia y un propósito claro.
El paisaje había cambiado. Ciudades reconstruidas con arquitectura que combinaba majestuosidad y funcionalidad, bosques restaurados llenos de vida, ríos cristalinos y mares vibrantes. Sin embargo, la tranquilidad era solo relativa: los que vivían bajo el dominio de los Reyes Demonio sabían que cualquier intento de rebelión o de corrupción sería enfrentado sin piedad.
Aoi se encontraba en lo alto de una torre de observación, acompañado por Seren. Sus auras aún impresionaban, pero no por miedo; ahora imponían respeto. Juntos, habían forjado un mundo donde los fuertes protegían a los débiles, y donde la justicia no siempre era amable, pero sí infalible.
—Mira —dijo Seren, señalando hacia el horizonte—. La frontera sur ha sido completamente reconstruida.
—Y el sistema de defensa está operativo. Ningún intruso puede atravesarla sin ser detectado.
Aoi asintió, observando la ciudad con satisfacción. Pero no había tiempo para complacencia. Su mirada se dirigió hacia el jardín privado de la torre, donde sus dos hijos jugaban.
Ambos eran una mezcla de luz y sombra: poderosos, inteligentes y fríos, con una mirada que podía helar incluso al más valiente. A diferencia de la mayoría de los niños, ellos no eran impulsivos ni ingenuos; su mente funcionaba como la de estrategas consumados, capaces de analizar situaciones complejas en segundos y anticipar cualquier movimiento enemigo.
El mayor, un joven de cabello oscuro y ojos grises que recordaban a Aoi, se levantó del suelo mientras manipulaba una esfera de energía oscura que giraba a su alrededor sin explotar. Su sonrisa era mínima, pero su confianza era absoluta.
—Padre, probé el límite de mi control sobre la energía destructiva —dijo con calma—.
—Puedo destruir un bosque entero en menos de un parpadeo, y aún así mantener a salvo a todos los que están dentro.
Aoi se acercó, evaluando al muchacho.
—Bien —dijo—. Esa es la disciplina que necesitamos. Pero recuerda: el poder sin control es igual a la destrucción sin propósito.
El hijo asintió, como si fuera la lección más natural del mundo. Su aura emitía un frío intenso que hacía que incluso los árboles cercanos parecieran temblar ligeramente.
La hija, menor por un año, se acercó, manipulando un cristal de energía que brillaba con luz y sombra fusionadas. Sus ojos eran de un azul profundo, penetrantes, y su expresión calculadora, como si analizara cada fibra de la realidad a su alrededor.
—Madre, he calculado que puedo concentrar un 70% de mi poder destructivo en un solo ataque y mantener la integridad de la ciudad en un radio seguro —dijo con precisión quirúrgica.
Seren la observó con orgullo.
—Excelente —dijo—. Pero nunca olvides la responsabilidad que viene con el poder.
—Ser fuerte no es suficiente. Debes ser sabia, calculadora… y siempre proteger a los que dependen de ti.
Ambos niños se miraron entre sí, compartiendo un entendimiento silencioso. No necesitaban palabras; su intelecto y poder eran tan sincronizados que podían anticipar los movimientos del otro con solo un gesto.
Aoi y Seren intercambiaron una mirada cargada de emoción contenida. Sabían que sus hijos eran la culminación de todo lo que habían construido y luchado: fuerza devastadora, inteligencia suprema, y un frío que no era maldad, sino concentración y disciplina.
—El mundo nunca volverá a ser igual —murmuró Aoi—.
—Ni debería serlo. Ellos son nuestra garantía de que la paz no es solo un sueño, sino una fuerza tangible.
Seren asintió.
—Y aún así… —dijo suavemente—. No pierden la humanidad. Esa es la clave. Fríos, sí, calculadores… sí, pero siempre con la capacidad de comprender lo que significa proteger.
Los niños rieron suavemente, una risa apenas perceptible, más intelectual que emocional, pero llena de confianza. Era la risa de aquellos que saben que su poder es absoluto, pero que su destino está claramente definido: ser los guardianes de un mundo que ellos mismos podrían destruir si quisieran.
La familia caminó junta hacia la ciudad, pasando por calles llenas de vida. Los habitantes no tenían miedo, pero mantenían un respeto absoluto. Incluso los mercenarios y aventureros más temibles se inclinaban al pasar, porque sabían que los Reyes Demonio y sus hijos no eran figuras que se podían desafiar impunemente.
—Papá —dijo el hijo mayor, mirando un grupo de entrenadores y aprendices que practicaban cerca—. Podemos empezar a entrenarlos para mejorar sus habilidades estratégicas y de combate.
—El mundo necesita líderes fuertes, no solo héroes que actúen por impulso.
—Estoy de acuerdo —respondió Aoi—. Pero debemos balancear fuerza y mente. No quiero que sean solo armas vivientes.
—Quiero que sean guías, igual que nosotros.
La hija lo miró con esa fría determinación que combinaba inteligencia y análisis.
—Podemos enseñarles a anticipar movimientos enemigos, manipular recursos del entorno y coordinar ataques masivos sin destruir lo que debe protegerse —dijo—.
—Incluso podemos simular escenarios de invasión de dioses y criaturas devastadoras para que aprendan a reaccionar.
Seren sonrió, orgullosa de la claridad y visión de sus hijos.
—Nunca pensé que entrenarlos sería tan… gratificante —dijo, abrazando suavemente a la hija—.
—Ni yo —murmuró Aoi, colocando una mano sobre el hombro del hijo—. Pero este es el mundo que dejamos atrás: fuerte, justo y preparado.
Esa noche, mientras las estrellas iluminaban la ciudad reconstruida, la familia se sentó junta en la cima de la colina. La luna reflejaba la calma que solo una era de paz cuidadosamente construida podía ofrecer.
—Recuerden —dijo Aoi, con voz grave pero llena de afecto—. El poder que tienen no es solo para destruir.
—Es para proteger, para planear, para garantizar que el mundo que heredaron sea mejor que el que nosotros encontramos.
—Y aunque puedan parecer fríos —añadió Seren—, también deben recordar que la verdadera fuerza radica en comprender a quienes dependen de ustedes, y en usar su intelecto y poder para hacer lo correcto, incluso cuando nadie más lo haría.
Los hijos asintieron, con la serenidad de quienes ya habían comprendido la magnitud de su legado. Su poder destructivo podía arrasar continentes, su frialdad podía helar a los más valientes, y su mente analítica podía superar a cualquier enemigo… pero también había en ellos un núcleo de respeto y comprensión, forjado por la influencia de Aoi y Seren.
—El mundo es nuestro —murmuró el hijo mayor—. Pero no como tiranos.
—Como guardianes.
La hija asintió, y ambas miradas se cruzaron, llenas de determinación y conexión mutua. Su presencia era un recordatorio de que incluso los más poderosos podían ser responsables, estratégicos y protectores.
Aoi colocó una mano sobre el hombro de Seren, y ambos observaron a sus hijos.
—Han superado lo que nosotros éramos a su edad —dijo Aoi—.
—Y continuarán construyendo algo que ni los dioses podrían destruir.
Seren lo miró, con una sonrisa que combinaba orgullo y amor.
—Y nosotros estaremos allí para guiarlos, como siempre lo hemos hecho —dijo—.
—No solo como padres, sino como compañeros en la creación de un mundo mejor.
La brisa nocturna acarició la colina, moviendo suavemente el cabello de la familia. El mundo respiraba, temblaba solo levemente, pero no por miedo. Lo hacía como si reconociera a sus guardianes, los nuevos Reyes Demonio, y los seres que heredaron su legado: dos niños con poder devastador, mente estratégica, y frialdad capaz de helar a cualquier enemigo, pero con un propósito noble y un corazón condicionado por la responsabilidad.
—El fin no ha llegado —dijo Aoi—.
—Es solo el principio de una era donde incluso los más poderosos pueden elegir proteger, amar y construir.
Seren asintió, mientras los hijos se sentaban a su lado, observando las luces de la ciudad que brillaban como pequeñas promesas de futuro.
Y así, bajo el cielo estrellado, la familia de los Reyes Demonio permaneció unida, un símbolo del poder absoluto, la inteligencia, la disciplina y la esperanza, marcando la nueva era del mundo: no solo como gobernantes, sino como protectores y guías de todo lo que estaba por venir.
Fin del Epílogo y de la saga.
Si quieres, puedo hacer también un resumen final de la saga completa, resaltando todos los arcos de Aoi, Seren, Kael y Nyx, de modo que tengas un documento listo para publicar o archivar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com