I Am the End: Chronicles of the New King - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 EL ECO DE LOS QUE DESAFÍAN AL ABISMO
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9: EL ECO DE LOS QUE DESAFÍAN AL ABISMO 9: EL ECO DE LOS QUE DESAFÍAN AL ABISMO La fortaleza respiraba.
No con pulmones, sino con sombras.
Cada muro de raíces ennegrecidas, cada estaca viva clavada en la tierra, latía al ritmo de Aoi Kurogane.
Donde antes solo había bosque, ahora existía orden, un orden torcido, silencioso y absoluto.
El Lupo Carmesí patrullaba el perímetro con pasos pesados.
Sus ojos rojos rastreaban la oscuridad no como un animal, sino como un centinela consciente de su propósito.
Aoi observaba desde lo alto de una estructura central aún en crecimiento, las manos en los bolsillos, el rostro tranquilo.
—Se están acercando —dijo Seren sin voltear—.
Siete… no, nueve presencias.
Lyria cerró los ojos, afinando su percepción.
—Magia de detección.
Débil, pero insistente.
No son aventureros comunes.
Aoi asintió, como si ya lo supiera.
—El mundo tarda poco en reaccionar cuando algo rompe sus reglas.
A lo lejos, entre los árboles, las sombras comenzaron a agitarse.
Antorchas aparecieron como luciérnagas nerviosas.
Voces humanas se filtraron, cargadas de miedo y determinación artificial.
Un grupo avanzó hasta el borde del claro.
Eran nueve: cinco soldados con armaduras del reino, un mago de túnica azul, una sacerdotisa, y dos figuras cubiertas con capas negras marcadas por símbolos sagrados.
Inquisidores.
—Por decreto del Reino de Veltoria —gritó uno de ellos, con voz firme pero tensa—.
¡La entidad conocida como Aoi Kurogane queda arrestada por herejía, uso de magia prohibida y asesinato de agentes del reino!
Lyria sonrió ladeado.
—Vaya.
Llegaron más rápido de lo que pensé.
Seren apretó los puños.
—¿Damos la advertencia?
Aoi negó suavemente.
—No.
Ya la di antes.
Dio un paso adelante, visible para todos.
No levantó la voz.
No necesitó hacerlo.
—Retrocedan —dijo—.
Este territorio ya tiene dueño.
El inquisidor principal escupió al suelo.
—¡No nos intimidan los trucos de un falso demonio!
¡Por la luz, sométete!
La sacerdotisa del grupo alzó su báculo.
Una luz blanca comenzó a formarse… una intención clara, afilada, cargada de “purificar”.
El mundo se tensó.
No hubo explosión.
No hubo gritos.
La luz se apagó como una vela sin oxígeno.
La sacerdotisa cayó de rodillas, viva, pero incapaz de moverse, como si la idea misma de desafiar hubiera sido arrancada de su mente.
Los soldados retrocedieron de inmediato.
—¿Q-qué hiciste…?
—susurró el mago, pálido.
Aoi inclinó la cabeza, casi curioso.
—Nada.
Ustedes hicieron el resto.
Uno de los soldados, temblando, levantó su espada.
No atacó… pero pensó en hacerlo.
Fue suficiente.
El Lupo Carmesí se movió en un parpadeo.
No desgarró, no despedazó.
Simplemente golpeó el suelo frente al soldado con una fuerza tan descomunal que la onda de choque lo lanzó varios metros hacia atrás, inconsciente, vivo, derrotado.
El mensaje era claro.
El inquisidor dio un paso atrás.
—Esto… esto es una abominación… Aoi lo miró directamente.
—No.
Esto es consecuencia.
Levantó la mano, y el suelo bajo los pies del grupo comenzó a oscurecerse, las raíces asomando como dedos ansiosos.
No atacaron.
Solo rodearon.
Encerraron.
—Vayan y cuenten lo que vieron —dijo Aoi con calma—.
Digan que aquí no hay un rey demonio… todavía.
Digan que el mundo debería aprender a no mirar demasiado de cerca.
Uno de los inquisidores tragó saliva.
—¿Y si regresamos con un ejército?
Aoi sonrió.
No era una sonrisa cruel.
Era una sonrisa cansada.
—Entonces aprenderán más rápido.
Las raíces se retiraron.
El camino quedó libre.
No lo dudaron.
Huyeron.
Cuando el silencio volvió, Seren soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo.
—Eso fue… limpio.
Lyria miró a Aoi, con una mezcla peligrosa de respeto y devoción.
—No los mataste.
—No eran necesarios —respondió él—.
El miedo también construye imperios.
Se giró hacia la fortaleza, que ya había crecido otro nivel, como si celebrara el resultado.
—Hoy dimos forma a dos cosas —continuó—.
Nuestra base… y nuestra reputación.
Seren asintió con firmeza.
—¿Cuál es el siguiente objetivo?
Aoi miró el horizonte, donde las dos lunas comenzaban a elevarse.
—Expandirnos.
Reclutar.
Someter lo que no pueda reclutarse.
Hizo una pausa.
—Y encontrar a otros como nosotros.
Los que fueron rotos por este mundo y estarían dispuestos a romperlo de vuelta.
Lyria sonrió, afilada.
—Una legión de sombras.
—Un reino —corrigió Aoi.
El viento recorrió la Fortaleza Umbría, llevando su nombre más lejos de lo que cualquiera imaginaba.
Porque el mundo ya había escuchado el eco.
Y ahora… el eco respondía.
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