Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 1
- Inicio
- Todas las novelas
- Imperio en la sombra - Verde fácil
- Capítulo 1 - 1 Nunca más pisado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: Nunca más pisado 1: Nunca más pisado Joel aprendió muy pronto una cosa: si te agachas una vez, luego esperan que vivas de rodillas.
Tenía treinta años y la sensación de llevar cincuenta tragando mierda.
El jefe le gritaba con la boca llena de café barato, escupiendo palabras como si fueran órdenes sagradas.
Doce horas de curro, prisas, chapuzas mal hechas porque “no hay tiempo”, y al final del mes, la misma historia: —Este mes voy justo, Joel.
Ya te pagaré.
Mentira.
Joel no bajaba la cabeza.
Nunca lo había hecho.
Le miraba fijo, con esos ojos oscuros que no pedían nada, pero avisaban de todo.
A veces funcionaba.
Otras no.
Pero siempre se iba con la mandíbula apretada, el estómago ardiendo y una idea martilleándole el cerebro: Esto no es vida.
Salía del curro con el mono manchado, las manos ásperas y el cuerpo cansado, pero la cabeza seguía funcionando a mil.
Pensando.
Maquinando.
Buscando salidas donde nadie más las veía.
Esa noche volvió a casa, se duchó rápido, sin mirarse demasiado al espejo.
El agua caliente le caía por la espalda mientras recordaba, sin querer, la voz de su padre años atrás.
Gritos.
Puños contra la mesa.
Su madre encogida.
Él, con los dientes apretados, prometiéndose algo que no dijo en voz alta: Nunca más.
Se puso una camiseta limpia, vaqueros y salió.
Siempre salía.
El bar estaba lleno.
Música alta, copas baratas, cuerpos rozándose.
Joel entró como si aquel sitio le perteneciera, sin alzar la voz, sin hacer ruido.
No necesitaba destacar.
Bastaba con estar.
La vio apoyada en la barra.
Morena.
Vestido corto.
Mirada directa.
Joel tardó exactamente tres segundos en decidirse.
—¿Te invito a algo?
—le dijo, pegándose lo justo para que lo notara.
Ella sonrió.
No hizo preguntas.
Una copa.
Dos.
Risas.
Mano en el muslo.
La boca de ella buscando la suya sin rodeos.
Joel no prometía nada, y eso, curiosamente, le hacía irresistible.
En el portal, ya se estaban desnudando.
La empujó suavemente contra la pared, le levantó el vestido y ella se abrió para él sin decir palabra.
Joel la folló con prisa, con hambre, con esa mezcla de rabia y deseo que llevaba acumulando todo el día.
Ella gemía bajito, agarrándose a su cuello, pidiéndole más sin palabras.
En la cama fue peor.
Más lento.
Más profundo.
Joel mandaba, ella seguía.
Sudor, respiraciones rotas, cuerpos chocando hasta que todo explotó y, por unos segundos, no existió nada más.
Después, el silencio.
Ella se quedó dormida, Joel no.
Miraba el techo, con el pecho subiendo y bajando, sintiendo cómo esa sensación de vacío volvía a ocuparlo todo.
El sexo siempre le calmaba… pero nunca duraba.
Se levantó, se vistió sin hacer ruido y salió del piso.
En la calle, encendió un cigarro que no terminó.
Pensaba en el curro.
En el jefe.
En el dinero que no llegaba.
En la vida que se le estaba escapando sin pedir permiso.
Entonces sonó el móvil.
Un número que no tenía guardado.
—¿Joel?
Soy Rubén.
El colega de Javi.
El que te dije que estaba con… ya sabes.
Joel frunció el ceño.
—Dime.
—Mira, igual te interesa.
Estoy comprando algo… verde.
Poco lío.
Exterior.
Bien hecho.
Se paga bien.
Joel miró la noche, la calle vacía, el humo perdiéndose en el aire.
—¿Cuánto es “bien”?
—preguntó.
Hubo un segundo de silencio.
—Mil pavos por planta.
Si está como tiene que estar.
Joel colgó sin responder.
Se quedó quieto, con el móvil en la mano, notando cómo algo se encendía dentro de su cabeza.
No era ilusión.
No era emoción.
Algo peor.
Era una idea.
Y Joel, cuando tenía una idea, sabía que ya no había vuelta atrás.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com