Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 10
- Inicio
- Todas las novelas
- Imperio en la sombra - Verde fácil
- Capítulo 10 - 10 Cuerpos que no esperan
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
10: Cuerpos que no esperan 10: Cuerpos que no esperan Joel llevaba días midiendo todo.
Temperaturas.
Tiempos.
Ruidos.
Demasiado control acaba pidiendo una grieta.
El bar estaba en penumbra, con esa luz cálida que suaviza las caras y afloja las distancias.
Joel pidió una cerveza y se apoyó en la barra.
No buscaba nada, pero cuando ella se colocó a su lado, supo que no iba a marcharse solo.
No fue el cuerpo lo primero.
Fue la forma de mirarlo.
Sin urgencia.
Sin cálculo.
—Tienes pinta de no querer hablar —dijo ella, acercándose lo justo para que Joel notara el calor.
—Y tú de no necesitar que lo haga —respondió.
Ella sonrió, lenta.
Bebió un trago y dejó el vaso sobre la barra con calma exagerada.
—Entonces no hablemos.
No hubo más señales.
Joel pagó.
Salieron juntos.
En el portal, ella se giró y lo besó primero, sin preguntar.
Boca decidida, lengua lenta, manos que buscaban sin timidez.
Joel respondió igual, arrinconándola contra la pared, sintiendo cómo ella se pegaba a él con una facilidad que encendía.
En el piso, la ropa cayó sin miramientos.
Joel la empujó suavemente hacia la cama y se quedó un segundo mirándola, como quien toma una decisión consciente.
Ella sostuvo la mirada, abierta, expectante.
El sexo fue intenso, pero contenido.
Nada torpe.
Nada brusco.
Ritmo firme, respiraciones mezcladas, cuerpos entendiendo cuándo apretar y cuándo alargar el momento.
Joel marcaba el tempo.
Ella lo seguía, arqueándose, agarrándose a su espalda, dejándose llevar sin perderse.
Cuando terminó, Joel se quedó un instante encima, respirando hondo, sintiendo ese segundo exacto en el que todo parecía en orden.
Luego se apartó despacio.
Ella cerró los ojos, todavía caliente, todavía presente.
—Siempre tienes cara de estar pensando —dijo al final.
—Es difícil apagarla —respondió Joel.
—Algún día te va a pasar factura.
Joel se vistió sin prisa.
No se besaron al despedirse.
No hizo falta.
A la mañana siguiente, el zumbido del container lo recibió como siempre.
Estable.
Tranquilo.
Joel revisó datos, ajustó un par de parámetros y entonces vio el mensaje nuevo.
“Soy Laura.
No te escribo por trabajo.” Lo leyó sin tensión.
Sin curiosidad excesiva.
Lo dejó ahí.
Javi apareció más tarde con dos cafés en la mano.
—Te noto distinto —dijo.
—Solo cansado.
—Eso no es cansancio.
Joel no respondió.
Miró el segundo container.
Cerrado.
Esperando.
Por la tarde, otro mensaje.
“No busco nada raro.
Solo hablar.” Joel pensó en la mujer de la noche anterior.
En cómo había entrado y salido sin dejar ruido.
En cómo las chicas con las que había estado no hacían eso.
La respondió al caer la noche.
“Café.
Mañana.” Cerró la nave y bajó la persiana.
El polígono estaba casi vacío.
Luces lejanas.
Silencio industrial.
Mientras caminaba hacia el coche, tuvo una certeza incómoda: El negocio podía esperar, las plantas seguían su ritmo… Pero el deseo, las miradas, y las personas que entraban en tu vida sin pedir permiso no entendían de ciclos ni de control.
Y eso, justo eso, era lo que más peligro tenía de descolocar todo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com