Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Nada grave… hasta que lo es
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13: Nada grave… hasta que lo es 13: Nada grave… hasta que lo es El fallo era mínimo.
Tan pequeño que, de no saber qué mirar, habría pasado desapercibido.
Joel lo vio al entrar al container a primera hora.
No por el ruido, ni por el olor.
Por una hoja.
Apenas una.
Un tono más apagado de lo normal, en una de las plantas del fondo.
Se quedó quieto unos segundos, observando.
—Javi —dijo al final—.
Ven un momento.
Javi entró, miró donde señalaba Joel y frunció el ceño.
—No es plaga —dijo—.
Tampoco exceso de riego.
—Temperatura.
—O flujo de aire.
Joel revisó los sensores.
Todo marcaba dentro de rango.
Perfecto.
Demasiado perfecto.
—Eso es lo que me jode —murmuró—.
Que en teoría esté todo bien.
Javi se agachó, tocó la tierra, levantó un poco el follaje.
—No es para alarmarse —dijo—.
Ajustamos y listo.
—¿O disimulamos?
—preguntó Javi.
Joel lo miró.
—¿Disimular qué?
—Que algo no ha ido exactamente como debía.
Joel se incorporó despacio.
—No empieces con eso —dijo—.
Si hay fallo, se corrige.
No se tapa.
Javi asintió.
Sabía que tenía razón.
Aun así, notó el impulso.
El mismo de siempre: si nadie lo ve, no existe.
Ajustaron el flujo de aire.
Bajaron un punto la temperatura nocturna.
Nada dramático.
Nada irreversible.
—Esto no afecta al corte —dijo Javi—.
Si actuamos ahora.
—Eso quiero oír.
Cerraron el container y salieron.
Joel respiró hondo.
Primer fallo.
Primera prueba real de algo más que teoría.
A media mañana, mientras cargaban material para un trabajo exterior, Joel vio un coche detenerse al final de la calle del polígono.
No era Dani.
Tampoco Rubén.
Laura bajó del coche con tranquilidad, como si supiera exactamente dónde iba.
Javi la vio también.
—¿Esa no es…?
—Sí —respondió Joel—.
Y no debería estar aquí.
Laura se acercó sin prisa.
Miró la nave, el movimiento, las herramientas.
—Bonito sitio —dijo—.
No parece gran cosa.
—Porque no lo es —respondió Joel—.
¿Qué haces aquí?
—Pasaba cerca.
—Nadie pasa cerca de aquí sin querer.
Laura sonrió.
—Siempre tan directo.
Javi se excusó con una mirada y se alejó unos metros.
—Dani no me ha mandado —dijo ella—.
Antes de que te lo preguntes.
—Entonces no deberías haber venido.
—Quizá —admitió—.
Pero tenía curiosidad.
Joel la miró fijamente.
—Eso ya te lo quité.
—No del todo.
Laura dio un paso más cerca.
No invadía.
Medía.
—He visto sitios como este antes —dijo—.
Los que funcionan de verdad nunca parecen importantes.
Joel notó el leve enfado subirle por el pecho.
No por lo que decía, sino porque no estaba equivocada.
—No es buen momento —dijo.
—Nunca lo es cuando algo empieza a funcionar —respondió ella.
Silencio.
—¿Todo va bien?
—preguntó, señalando la nave.
Joel no respondió.
Laura lo miró un segundo más de la cuenta.
—Vale —dijo al final—.
Ya me voy.
Se dio la vuelta sin dramatismos.
Sin amenazas.
Sin presión.
Antes de subir al coche, se giró.
—Solo una cosa, Joel.
Cuando algo va mal por primera vez… no es peligroso por el fallo.
Lo es por cómo decides gestionarlo.
Se fue.
Joel se quedó mirando la calle vacía.
Javi volvió a su lado.
—No me gusta —dijo Javi—.
Nada.
—A mí tampoco.
—Ese fallo del container… —Está controlado.
Javi lo miró.
—Eso dijiste antes de verla aparecer.
Joel no contestó.
Entró en la nave, cerró la puerta y apoyó la frente un segundo contra el metal frío.
No había pasado nada grave.
Nada irreversible.
Pero ya eran dos cosas el mismo día.
Y Joel sabía, por experiencia, que los problemas no avisaban cuando eran grandes.
Avisaban cuando parecían insignificantes.
Y ese tipo de aviso… era el más jodido de todos.
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