Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Parecerlo también cansa
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16: Parecerlo también cansa 16: Parecerlo también cansa El primer corte aún estaba lejos, pero el dinero empezó a asomar antes.
No en fajos.
En detalles.
Joel pagó dos facturas de golpe sin mirar la cuenta.
Cambió una herramienta vieja por una nueva “porque sí”.
Llenó el depósito de la furgoneta sin calcular.
Pequeñas cosas que no gritaban riqueza, pero susurraban comodidad.
—Ojo con eso —dijo Javi una mañana—.
Los cambios pequeños son los que más cantan.
—Lo sé —respondió Joel—.
Por eso son pequeños.
Revisaron el calendario del cultivo.
Todo seguía en tiempo.
Nada forzado.
Nada raro.
El primer corte apuntaba bien.
Demasiado bien para tocarlo.
—Aquí no se gana corriendo —dijo Joel—.
Se gana llegando.
Javi asintió.
Ese mantra empezaba a gustarle.
A media mañana, Joel hizo algo que no hacía desde hacía tiempo: Entró a currar de cara al público.
Dos trabajos reales.
Presupuestos normales.
Manos a la obra.
Fontanería de verdad.
Sudor.
Clientes.
Coartada viva.
—Así sí —comentó Javi—.
Esto cuadra.
—Tiene que cuadrar —dijo Joel—.
Para mí y para los demás.
Por la tarde pasó por el supermercado.
No por necesidad.
Por rutina.
Silvia estaba en la caja, como casi siempre.
Le sonrió al verlo.
—¿Qué tal el jefe?
—preguntó ella, marcando los productos.
—No sé si fiarme de él—respondió Joel—.
Es peor de lo que pensaba.
Silvia rió.
—Eso también se nota cuando alguien empieza por su cuenta.
—¿En qué?
—En que mira el reloj distinto.
Joel se encogió de hombros.
—Supongo que es aprender.
Silvia le devolvió el cambio y se inclinó un poco.
—Si te apetece, el otro día me quedé con ganas de seguir la conversación.
Joel dudó lo justo para que pareciera natural.
—Cuando acabes.
Silvia salió del supermercado con el abrigo colgado del brazo.
Caminaban despacio, como si ninguno tuviera prisa por llegar a ningún sitio.
—Antes no te veía así —dijo ella—.
Siempre ibas acelerado.
—Antes no tenía nada que perder —respondió Joel.
Silvia lo miró de lado.
—Eso suena serio.
—Lo es un poco.
Pasaron junto a un bar con música alta y gente fumando en la puerta.
Joel ni siquiera giró la cabeza.
Silvia lo notó.
—¿No eres de salir?
—preguntó.
—Lo era —dijo él—.
Ahora prefiero hablar.
Silvia sonrió, sorprendida.
—Pues entonces vamos bien.
Siguieron caminando.
Hablando de cosas pequeñas.
Del barrio.
De gente conocida.
De rutinas.
Joel se dio cuenta de que con ella no sentía la necesidad de aparentar nada.
Y eso, sin saber por qué, le hacía bajar la guardia más de lo que le convenía.
Se despidieron temprano.
Joel volvió a la nave.
Revisó sensores.
Todo perfecto.
Demasiado perfecto para tocar nada.
Al salir, se quedó un momento más de la cuenta mirando el polígono.
Pensó en lo fácil que era parecer normal cuando todo iba bien.
Y en lo difícil que sería sostenerlo cuando el dinero del primer corte entrara de verdad.
El móvil vibró.
Un mensaje de Dani, corto, paciente.
“Cuando llegue el momento, avísame.” Joel guardó el móvil sin responder.
El momento llegaría.
Y con él, la parte más complicada de su plan.
No era cultivar.
No era vender.
Era seguir pareciendo el mismo cuando ya no lo era.
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