Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Cuando todo parece encajar
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17: Cuando todo parece encajar 17: Cuando todo parece encajar El corte ya no era una idea lejana.
Era una fecha.
Joel lo notaba en la forma en que miraba las plantas, en cómo ajustaba dos veces lo que antes ajustaba una, en el silencio más largo antes de apagar las luces del container.
No había nervios.
Había responsabilidad.
—Estamos en ventana buena —dijo Javi, revisando los tricomas con la lupa—.
Si esperamos un poco más, ganamos peso.
Si nos pasamos, perdemos aroma.
—Ni un día de más —respondió Joel—.
Quiero hacerlo limpio.
Javi asintió.
Apuntó la fecha en el calendario.
El primer corte serio.
El que iba a decir si todo lo que habían montado tenía sentido.
Afuera, la nave empezaba a tener vida propia.
Dos o tres trabajos por semana.
Arreglos pequeños.
Gente del barrio.
Facturas normales.
Nada espectacular, pero constante.
—La fontanería está funcionando —comentó Javi—.
De cara a la galería, digo.
—Tiene que hacerlo —respondió Joel—.
Esto es lo que sostiene todo lo demás.
Joel se implicó más de lo que había previsto.
Presupuestos.
Llamadas.
Algún día entero de mono y herramientas.
No porque hiciera falta, sino porque daba credibilidad.
Y porque le ayudaba a mantener los pies en el suelo.
—Te estás tomando en serio lo de parecer normal —bromeó Javi.
—No es parecer —dijo Joel—.
Es serlo… en lo que se vea.
Con Silvia, la coartada funcionaba.
Se veían de vez en cuando.
Cafés.
Paseos cortos.
Conversaciones tranquilas.
Joel cuidaba no cambiar el ritmo.
No gastar de más.
No prometer nada raro.
—Se te nota cansado —le dijo ella una tarde—.
Pero bien cansado.
—Eso existe —sonrió Joel.
—Existe cuando las cosas van saliendo.
Joel asintió.
Eso era exactamente.
Dani no volvió a aparecer.
Tampoco hacía falta.
Mandaba mensajes breves, espaciados.
Sin presión.
“Cuando cortes, me dices.” Nada más.
Joel agradecía ese respeto.
Le permitía concentrarse en lo importante: Hacerlo bien.
La noche antes del corte, Joel volvió solo a la nave.
Se quedó un rato dentro del container, con las luces encendidas, observando las plantas como quien mira un trabajo terminado.
No era orgullo.
Era calma.
Pensó en el dinero que entraría.
No como un golpe, sino como algo manejable.
Algo que, con la tapadera funcionando, no iba a desentonar.
Pagos fraccionados.
Cuentas separadas.
Vida igual.
Por primera vez desde que empezó todo, Joel sintió que el plan no chirriaba.
Cerró el container y bajó la persiana con cuidado.
El primer corte estaba ahí.
Y, al menos esta vez, parecía que habían hecho todo lo necesario para que el dinero no lo estropeara.
Pero mientras se iba, una idea se le cruzó por la cabeza, incómoda y persistente: Si este primer dinero entraba tan fácil… el verdadero reto no sería ganarlo, sino seguir comportándose como si no hubiera cambiado nada.
Y Joel sabía, por experiencia, que eso era mucho más difícil de lo que parecía.
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