Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Cuando lo fácil empieza a tentar
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20: Cuando lo fácil empieza a tentar 20: Cuando lo fácil empieza a tentar El sistema empezó a rodar solo.
Eso fue lo primero que inquietó a Joel.
Las facturas salían sin esfuerzo.
Importes pequeños, clientes que no preguntaban más de lo necesario…
Así que el dinero negro lo irían metiendo en la empresa despacio, perdiendo su forma original con cada paso.
No habrá sobresaltos.
No habrá picos raros.
Todo parecerá… normal.
—Esto está funcionando —dijo Javi una noche, mirando la cuenta de la empresa—.
Demasiado bien.
—Esa es la clave —respondió Joel—.
De momento, aguanta.
Formalizaron lo que ya eran en la práctica.
Socios.
Nada solemne.
Nada de celebraciones.
Un apretón de manos, un reparto claro, y una idea común: No llamar la atención.
—Aquí no se trata de ganar más —dijo Joel—.
Se trata de no perder lo que ya hemos montado.
—Eso díselo a tu cabeza —sonrió Javi.
Porque la cabeza de Joel ya estaba en otra cosa.
No en crecer por ambición.
En optimizar.
El segundo container seguía ahí, cerrado, silencioso, como una posibilidad que nadie nombraba… hasta que empezó a nombrarse sola.
—El trabajo sería el mismo —dijo Javi una tarde, casi sin querer—.
Controlar uno o dos es prácticamente igual.
Joel no respondió al momento.
Estaba revisando parámetros del primero.
Todo estable.
Todo bajo control.
—Eso pensé yo —dijo al final.
No hablaban de duplicar problemas.
Hablaban de duplicar rutina.
El mismo chequeo.
El mismo silencio.
La misma tapadera.
—No ahora —añadió Joel—.
Pero empezar a prepararlo… no sería una locura.
—El riesgo está en el volumen —apuntó Javi—.
No en el sistema.
—Y el sistema ya lo tenemos.
Silencio.
Ese silencio que aparece cuando una idea deja de ser peligrosa y empieza a parecer lógica.
Esa noche, Joel pasó por el supermercado.
Silvia estaba en la caja.
Le sonrió al verlo.
—¿Sigues sobreviviendo por tu cuenta?
—preguntó ella.
—Mejor de lo que pensaba —respondió Joel.
—Se te nota —dijo Silvia—.
No vas con tanta prisa.
Joel pagó y se quedó un segundo más.
—Las cosas se están ordenando —añadió.
Silvia asintió, pero lo miró con atención.
—Solo no dejes que se te vaya de las manos —dijo—.
A la gente a la que le empieza a ir bien… eso le pasa mucho.
Joel sonrió, pero la frase le acompañó de vuelta a la nave.
Allí, con el ruido constante del primer container, abrió la puerta del segundo.
Encendió la luz.
El espacio vacío devolvió un eco limpio.
Sin plantas.
Sin olor.
Sin historia.
—No sería más trabajo —murmuró.
Cerró de nuevo.
Sabía que no era el momento.
Pero también sabía algo peor: Cuando algo te sale tan fácil la primera vez, la tentación no es hacerlo más grande… Es repetirlo.
Y Joel, que siempre había sido bueno repitiendo lo que funcionaba, empezaba a preguntarse si dejar el segundo container vacío no era, en realidad, el verdadero riesgo.
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