Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 Cabeza fría
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23: Cabeza fría 23: Cabeza fría El segundo container empezó a tomar forma sin hacer ruido.
Eso era buena señal.
Joel y Javi trabajaban casi sin hablar, cada uno sabiendo lo que tenía que hacer.
Medidas exactas.
Material probado.
Nada nuevo.
Nada creativo.
Repetición.
Y repetir lo que funciona era, ahora mismo, la prioridad.
—Esto pinta bien —dijo Javi en un momento, revisando una conexión—.
Demasiado bien.
Joel levantó la vista.
—Por eso hay que ir con la cabeza fría.
—Eso te lo digo yo normalmente.
Joel sonrió de lado.
—Por eso preocúpate cuando empiece a no decirlo.
No había prisas.
No estaban corriendo.
Pero la sensación era distinta.
Ya no era a ver si sale.
Era está saliendo.
Y eso, para alguien como Joel, era peligroso.
Dani seguía en segundo plano.
Mensajes cortos.
Sin presión.
Sin interferir.
Eso también era buena señal… y otra razón más para no venirse arriba.
—Cuando todo encaja así —dijo Javi—, es cuando la gente la caga.
—Lo sé —respondió Joel—.
Por exceso de confianza.
Pero no era el negocio lo que más le estaba descolocando.
Era Silvia.
No la veía todos los días.
No hacía falta.
Se veían lo justo, pero cada vez que estaban juntos, Joel notaba algo nuevo.
No urgencia.
No calentón.
Necesidad de repetir, pero sin prisa.
Cenaban.
Hablaban.
A veces se quedaban en silencio sin incomodidad.
Joel se sorprendía escuchándola de verdad.
Pensando en cosas que no tenían que ver con la nave, ni con los containers, ni con el dinero.
Una noche, mientras ella hablaba de una tontería del trabajo, Joel la miró y se dio cuenta de algo que le tensó el pecho.
Le importaba.
No como le habían importado otras.
No como deseo.
No como costumbre.
Le importaba de una forma que no sabía manejar.
—¿Qué?
—preguntó Silvia al notar la mirada.
—Nada —respondió Joel—.
Estaba pensando.
—Eso haces mucho últimamente.
—Sí —admitió—.
Pero contigo… distinto.
Silvia no sonrió.
No se apartó.
Simplemente lo miró.
—Ten cuidado —dijo—.
Pensar demasiado a veces asusta.
Joel asintió, aunque sabía que no hablaba de eso.
Esa noche, al volver a casa, condujo más despacio de lo normal.
Pensó en el segundo container casi listo.
En el dinero que empezaría a multiplicarse.
En lo fácil que era mantener la cabeza fría cuando todo iba despacio… y lo jodido que iba a ser hacerlo cuando todo empezase a ir bien.
La nave, ya sola, se escuchaba el zumbido constante del primer container y el silencio del segundo, aún vacío.
Dos ritmos.
Dos fases.
Dos vidas.
Y una tercera que empezaba a colarse sin pedir permiso.
De repente a Joel se le vino algo que no le gustó nada: Podía controlar plantas, tiempos y dinero.
Podía incluso controlar su ambición.
Pero no tenía ni puta idea de cómo controlar lo que empezaba a sentir por Silvia.
Y cuando algo te importa de verdad por primera vez, la cabeza fría se convierte en el recurso más caro de todos.
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