Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Imperio en la sombra - Verde fácil
  4. Capítulo 24 - 24 El ruido que no tocaba
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

24: El ruido que no tocaba 24: El ruido que no tocaba El segundo container estaba preparado.

No había nada más que ajustar.

Luces calibradas.

Riego probado.

Temperatura estable.

Filtros funcionando en silencio.

Joel recorrió el interior con calma, repasando por última vez algo que ya sabía que estaba bien.

A falta de plantas, aquello estaba terminado.

—Es lo mismo que el primero —dijo Javi desde la puerta—.

Exactamente igual.

—Por eso funciona —respondió Joel.

No había euforia.

Tampoco nervios.

Habían llegado a ese punto sin correr, sin improvisar, sin llamar la atención.

Meter plantas sería casi un trámite.

El trabajo duro ya estaba hecho.

—Ahora es cuando hay que enfriar la cabeza —añadió Javi—.

Justo ahora.

Joel asintió.

Porque cuando todo estaba listo, era cuando más fácil era cagarla.

Cerraron la nave más tarde de lo habitual.

El polígono estaba medio vacío, con esas luces altas que no iluminan nada en concreto.

Joel bajó la persiana y comprobó el candado.

Fue entonces cuando la vio.

No al principio.

Primero fue la sensación.

Al girarse, distinguió una figura entre sombras, apoyada en un coche, fumando con calma.

Como si llevara rato allí.

Laura.

Joel se quedó quieto un segundo.

El pecho le dio un golpe seco.

No por miedo.

Por lo otro.

—¿Qué haces aquí?

—preguntó, sin acercarse.

Laura sonrió despacio, expulsando el humo.

—Te estaba esperando.

—Aquí no se espera a nadie —respondió Joel—.

Y menos a mí.

—No te escondes tan bien como crees.

Ese comentario le heló algo por dentro.

El pabellón.

El polígono.

El segundo container listo.

Demasiado cerca de todo.

—No vuelvas —dijo Joel—.

No aquí.

Laura dio un paso adelante.

Solo uno.

El perfume le llegó de golpe.

Familiar.

Peligroso.

—Estás cambiado —dijo—.

Se te nota que te va bien.

—Estoy ocupado.

—Siempre lo estabas —sonrió ella—.

Y aun así me buscabas.

Joel sostuvo la mirada.

Le ponía.

Y eso le cabreaba todavía más.

—Eso se acabó —dijo—.

Tengo cosas que no puedo poner en riesgo.

Laura apagó el cigarro con calma.

—Tranquilo —respondió—.

Ya me voy.

Se dio la vuelta y caminó hacia su coche.

Joel esperó.

Arrancó ella.

Arrancó él.

No tardó en darse cuenta.

En el retrovisor, el mismo coche.

A la misma distancia.

Un giro.

Otro.

Seguía ahí.

Joel no aceleró.

No frenó.

Siguió normal.

Laura también.

Aparcó cerca de casa.

Laura aparcó más atrás.

Bajó del coche y caminó hacia él, sin sonrisa ahora, sin juego.

—Seguirme no está bien —dijo Joel—.

Esto puede joderme mucho.

—Siempre te han gustado las cosas que podían joderte —respondió ella—.

Por eso te ponía.

Se acercó demasiado.

Joel no retrocedió.

El cuerpo reaccionó antes que la cabeza.

—Estoy con alguien —dijo—.

Y tengo un negocio que no puede tener ruido.

Laura lo miró despacio.

—¿Y crees que yo soy ruido?

Silencio.

Joel dio un paso atrás.

Le costó.

Sabía por qué le costaba.

—No vuelvas a aparecer por la nave —dijo—.

Ni a seguirme.

Si alguien te ve, si haces preguntas… no solo me jodes a mí.

Laura lo miró despacio.

No con enfado.

Con certeza.

Sonrió.

Lenta.

Peligrosa.

—Tranquilo —dijo—.

No quiero joderte.

Se acercó lo justo para que él notara el calor de su cuerpo.

No lo tocó.

No hacía falta.

—Solo quería ver hasta dónde habías llegado… y comprobar una cosa.

Joel tragó saliva.

Laura lo notó.

—Que sigues teniéndome ganas —añadió en voz baja—.

Igual que yo a ti.

Se apartó entonces, dándole la espalda.

—Me voy —dijo—.

Pero no te engañes.

Giró la cabeza lo justo para mirarlo por encima del hombro.

—Volveré.

Porque en el fondo sabes que, cuando quieras follar conmigo… No va a ser la cabeza la que decida.

Se dio la vuelta y se fue.

Joel subió a casa con el pulso alto.

Pensó en el segundo container listo, esperando plantas.

En Silvia.

En la calma que estaba empezando a construir.

Y en lo fácil que una persona del pasado podía poner en peligro todo.

Laura era un problema.

Un problema serio.

Y lo peor de todo era que Joel lo sabía desde el primer segundo: No solo era un riesgo para su relación.

No solo era un riesgo para el negocio.

Era un riesgo porque le seguía poniendo.

Y cuando algo te pone justo cuando más tienes que perder, la cabeza fría deja de ser una virtud y se convierte en una lucha diaria.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo