Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 Doble filo
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25: Doble filo 25: Doble filo Meter las plantas en el segundo container fue casi automático.
Joel y Javi trabajaron en silencio, con la precisión de quien ya no improvisa.
Maceta a maceta.
Distancias exactas.
Riego ajustado.
Cuando terminaron, el espacio dejó de estar preparado y pasó a estar vivo.
Dos containers funcionando.
Dos ciclos en marcha.
—Ahora sí —dijo Javi, mirando el conjunto—.
Esto pinta bien.
—Sí —respondió Joel—.
Pero justo ahora es cuando no hay que fliparse.
Javi lo observó un segundo más de la cuenta.
—Tienes la cabeza en otra parte.
—La tengo ocupada —corrigió Joel—.
No distraída.
Javi no insistió.
Sabía cuándo apretar y cuándo no.
Cerraron la nave y cada uno tiró por su lado.
Esa noche, Joel quedó con Silvia para cenar.
Un sitio tranquilo.
Nada especial.
Hablaron de cosas normales, de planes pequeños, de rutinas.
Silvia estaba relajada.
Confiada.
Joel también… en apariencia.
Por dentro, sin embargo, la cabeza no estaba limpia.
Laura seguía ahí.
La persecución.
La amenaza.
La forma en que lo había mirado sabiendo exactamente lo que le provocaba.
Ese conflicto le tensaba el cuerpo sin que pudiera evitarlo.
En casa de Silvia, el beso fue inmediato.
No torpe.
Necesario.
Joel la sujetó con más firmeza de lo habitual.
No con brusquedad, pero sí con hambre.
Silvia lo notó al instante.
—Estás distinto —susurró.
Joel no respondió.
La besó otra vez, más profundo.
La llevó hasta la cama sin prisas, pero sin pausa.
Sus manos eran seguras, dominantes, marcando un ritmo más intenso del que habían tenido otras veces.
Silvia reaccionó.
No se apartó.
Al contrario.
Se dejó llevar, sorprendida por esa dureza contenida que no conocía, por esa energía más cruda.
Le gustó.
Se lo hizo notar con el cuerpo, con la forma en que lo buscaba.
Joel sentía el pulso acelerado, la respiración corta.
No pensaba en Laura de forma consciente… pero la tensión que ella había despertado estaba ahí, alimentando cada gesto, cada empuje, cada pausa rota.
El sexo fue más físico.
Más exigente.
Más oscuro.
Cuando terminaron, se quedaron unos segundos en silencio.
Joel respirando hondo.
Silvia con el cuerpo todavía caliente, alerta.
—Eso… —dijo ella al fin— ha sido diferente.
Joel apoyó la frente en su hombro.
—¿Para mal?
Silvia negó despacio.
—No —respondió—.
Para nada.
Se giró para mirarlo.
—Me ha gustado.
Joel cerró los ojos un instante.
Aquello le dio alivio… y culpa a la vez.
Se quedaron abrazados un rato.
Tranquilos por fuera.
Por dentro, no tanto.
Cuando Joel se fue, ya de madrugada, condujo despacio.
Pensó en las plantas creciendo en silencio.
En el dinero que empezaba a duplicarse.
En la calma aparente de Silvia.
Y en el fuego incómodo que Laura había vuelto a encender.
Entendió algo que no le gustó nada: había llevado un conflicto que no era de Silvia hasta la cama de Silvia.
Y aunque a ella le hubiera gustado esa dureza, el origen no era limpio.
Joel sabía manejar riesgos.
Sabía manejar dinero.
Sabía incluso manejar deseo.
Pero empezaba a darse cuenta de que mezclarlo todo: Negocio, pasado, sexo y emociones, era el tipo de error que no se paga de golpe, sino poco a poco…
Cuando ya es demasiado tarde para separar nada.
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