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Imperio en la sombra - Verde fácil - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Cuando todo sale mejor de lo previsto
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6: Cuando todo sale mejor de lo previsto 6: Cuando todo sale mejor de lo previsto Rubén llegó al campo al caer la tarde.

No venía solo.

Eso ya le dijo algo a Joel.

Aparcaron a unos metros, bajaron despacio, mirando alrededor como quien no quiere dejar huella ni en el polvo.

Rubén caminaba con una sonrisa que no podía disimular.

El otro, más serio, observaba las plantas sin tocarlas.

—Joder… —murmuró Rubén.

Joel no dijo nada.

Se quedó apoyado en la valla, mirando cómo los dos se acercaban.

Las plantas estaban enormes.

Tallos gruesos.

Cogollos prietos, resinosos, brillando todavía con la luz del día.

No era suerte.

Era trabajo.

—Esto no es normal —dijo el otro—.

Esto es nivel alto.

Rubén se giró hacia Joel.

—Te dije mil por planta —empezó—, pero esto… Se agachó, apretó un cogollo con los dedos, los olió.

—Mil doscientos —soltó—.

Y te los pago ahora.

Joel levantó una ceja.

No sonrió.

—No habíamos hablado de eso.

—Ya —respondió Rubén—.

Pero tampoco habíamos hablado de esta calidad.

Sacó el sobre del coche.

Billetes bien doblados.

Contados.

Limpios.

Seis mil pavos largos.

Joel los cogió sin prisa.

Los contó una vez.

Luego otra.

No por desconfianza, sino por sentir el peso real del dinero.

No era lo mismo imaginarlo que tenerlo en la mano.

—¿Contento?

—preguntó Rubén.

Joel levantó la vista.

—Es un experimento —dijo—.

Ya veremos.

Rubén rió.

—Tú no haces experimentos.

Tú haces proyectos.

Eso le molestó un poco a Joel.

Porque tenía razón.

Cuando se fueron, el campo quedó en silencio otra vez.

Joel guardó el dinero en la mochila y se sentó un momento en el suelo, apoyando la espalda en el tronco de un árbol.

No estaba eufórico.

Estaba tranquilo.

Eso era nuevo.

Esa misma noche llamó a Javi.

—Ha salido —dijo—.

Mejor de lo esperado.

—¿Cuánto es “mejor”?

—preguntó Javi.

—Lo suficiente para empezar.

Al día siguiente, la nave dejó de ser un espacio vacío.

Llegó el primer container marítimo por la mañana.

Grande.

Azul.

Oxidado por fuera.

Nadie miró dos veces.

Un camión más entrando en un polígono cualquiera.

Joel supervisó todo.

Distancias.

Colocación.

Ruido.

El container quedó al fondo, bien alineado, como si estuviera ahí por logística.

Por trabajo.

Después vino el segundo.

Joel no lo había planeado para tan pronto.

Pero tampoco iba a desaprovechar el momento.

—Por si acaso —le dijo a Javi—.

No para ahora.

Para más adelante.

Javi no discutió.

Solo miraba.

Empezaron a levantar el doble fondo.

Pladur.

Aislamiento.

Capas.

Cada golpe amortiguado.

Cada pared pensada para engañar a los ojos… y al oído.

Desde fuera, aquello ya parecía un taller a medio montar.

Ni rastro de los containers.

Solo una pared blanca al fondo.

Desde dentro, empezaba a parecer otra cosa.

—Si alguien entra —dijo Javi—, no verá nada.

—Ese es el puto objetivo —respondió Joel.

Por primera vez desde que todo empezó, Joel sintió algo parecido al control absoluto.

No era ambición.

No era poder.

Era orden.

Esa noche, al cerrar la nave, se quedó un segundo más dentro.

Miró el espacio donde nadie debía mirar nunca.

Pensó en las plantas del campo.

En el dinero.

En lo fácil que había sido… cuando se hacía bien.

Demasiado fácil.

Mientras bajaba la persiana, vio un coche pasar despacio por la calle del polígono.

No era raro.

No se detuvo.

No miró directamente.

Aun así, Joel se quedó quieto un segundo más de la cuenta.

No porque hubiera visto algo.

Sino porque había aprendido ya una lección importante: Cuando todo sale mejor de lo previsto, no siempre es una buena noticia.

Cerró la persiana del todo.

Y sin saberlo, acababa de dejar fuera la última oportunidad de que aquello fuera solo un plan tranquilo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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