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INCARNATIONS - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 - Camino a Lunaris
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4: Capítulo 4 – Camino a Lunaris 4: Capítulo 4 – Camino a Lunaris Dormí poco.

Aun así, al amanecer ya estaba fuera del pueblo, con una mochila medio vacía, algo de comida y cero ganas de morirme joven.

Axel me esperaba al borde del camino de tierra, de pie, mirando el horizonte como si estuviera posando para una portada dramática.

—Llegas tarde —dijo, sin mirarme.

—Buenos días para ti también No respondió.

Empezó a caminar.

Lo seguí.

El pueblo se fue quedando atrás.

Llevábamos un buen rato en silencio cuando el aire empezó a sentirse distinto.

Más limpio.

Más frío.

Más…

grande.

—¿Cuánto falta para Lunaris?

—pregunté.

—127.000 Metros —Ah, bueno —No se ni para que pregunto Axel no se detuvo.

—Si no entiendes el mundo en el que te metiste —dijo—, no vas a llegar ni a la mitad del camino.

—Entonces habla —resoplé—.

Porque hasta ahora yo solo sé que no se nada.

Axel me miró de reojo.

Por un segundo pensé que iba a ignorarme.

Pero habló.

—Empecemos por lo básico —dijo—.

Manifestaciones y Encarnaciones.

Yo ajusté la mochila.

concho, por fin, algo de lore.

—Las Manifestaciones —continuó— son “cosas” del universo que se Manifiestan en un cuerpo físico y tienen personalidad.

Agua, fuego, sonido, tierra, arena…

lo que sea.

Se señaló a sí mismo.

—Yo soy agua que decidió caminar y tener voluntad.

—Y ego también —murmuré.

—Te escuché.

Sonreí un poco.

—¿Y el del petróleo?

—Otra Manifestación.

—respondió—.

—¿Y yo?

—Eres…

otra cosa.

Un “Portador” Ok.

Luego preguntaré por eso.

—¿Y las Encarnaciones?

—pregunté.

Axel dejó que el silencio durará unos pasos más antes de responder.

Re dramático y misterioso el Axel.

—Una Manifestación es “algo” del universo que cobra forma.

Una Encarnación es un “concepto” del universo mismo.

Hizo una pausa.

—No es fuego vivo.

No es agua viva.

Es algo superior a lo tangible.

Es Tiempo caminando.

Gravedad hablando.

La Nada mirandote a los ojos.

Son los seres más peligrosos que existen.

Tragué saliva.

—¿Y el Fin?

—También es una Encarnación.

El Fin hecho persona, y no es amable y carismático como yo por ejemplo.

—Si si, créetelo primero…

—Entonces —resumí— tengo una habilidad defectuosa que es un derivado del Fin, las Manifestaciones me pueden oler y las Encarnaciones están allá arriba en la cadena alimenticia.

—Exacto.

—Buenísimo.

¿Dónde firmo para mi reembolso?

Axel no respondió.

Pero vi que la comisura de su boca se movió un poco.

No diré que fue una sonrisa.

Tal vez un error gráfico.

El camino empezó a volverse más irregular.

Árboles, piedras, raíces traicioneras.

Si el universo quería verme tropezar, lo estaba logrando.

—Vamos a entrenar —dijo Axel de repente.

—¿Aquí?

¿Ahora?

—Si no aprendes a defenderte, Lunaris solo será tu lugar de entierro.

Buen punto.

—Primero —continuó—, tus ojos.

Tienes que activarlos cuando quieras, no solo cuando te convenga al drama.

—No los controlo —protesté—.

Se prenden cuando quieren.

—Como tu boca.

Eso dolió un poco porque era verdad.

Axel se detuvo en medio del camino y señaló un árbol cercano.

—Concéntrate.

Mira ese árbol y activa tu habilidad.

Respiré hondo.

Fijé la vista en una rama.

Intenté sentir…

no sé, algo.

Nada.

—¿Y si intentas gritar “modo rosado”?

—dijo Axel, serio.

Lo miré mal.

Lo intenté otra vez.

Pensé en el pájaro apagándose y en el hombre de petróleo.

Un pequeño escalofrío me subió por la nuca.

Y ahí estaban.

Los ojos.

Ardiendo.

Lo que veía cambiando de filtro.

La rama que estaba mirando tenía una grieta tenue, como una pequeña fractura de luz; el tronco no, el árbol estaba bien, pero esa rama en específico…

no.

—¿La ves?

—preguntó Axel.

—Sí.

Esa rama se va a partir.

Axel tomó una piedra del suelo, la lanzó y acertó justo en la rama.

Esta se quebró y cayó.

—Bien —dijo—.

Otra.

Pasamos así un rato.

Yo señalando pequeñas grietas, él confirmando con piedras, presión o golpes de agua.

A veces acertaba.

A veces fallaba horrible.

Después de diez intentos, me ardía la cabeza.

—Listo —dijo Axel—.

Suficiente por hoy.

Tu alma se va a saturar si fuerzas más.

—Ah, ¿mi alma también tiene batería limitada?

No respondió, pero eso ya era normal.

Seguimos caminando.

—Ahora otra cosa —dijo Axel—.

Ver no sirve de nada si no te mueves.

—¿Y qué propones?

No contestó.

Solo extendió un dedo.

Una gota de agua se formó en la punta.

Luego otra.

Y de repente, pequeñas esferas de agua empezaron a flotar a su alrededor.

—Si puedes ver que algo “va a terminar” —explicó— también puedes moverte antes de que ocurra.

Las gotas salieron disparadas hacia mí.

—¡¿QUÉ—?!

YNO QUE TENIA QUE DESCANS— Esquivé la primera por reflejo.

La segunda me dio en el hombro.

La tercera en la frente.

—¡AU!

¿Era necesario?

—Sí.

Vuelve a intentarlo.

Esta vez activé los ojos antes.

Pude ver donde impactan las gotas.

casi siempre era en mi cuerpo y al moverme de ciertas formas el “destino final” de sus balas de agua dejaba de ser yo Moví el cuerpo siguiendo esas indicaciones.

Una, dos, tres…

Esquivé más.

Me pegaron menos.

Caí sentado en el suelo, jadeando.

—No está mal —dijo Axel—..

—Gracias.

El sol empezó a bajar.

El cielo se tiñó de naranja y violeta.

El camino parecía no terminar nunca.

En un momento, el viento se detuvo.

No disminuyó.

Se detuvo.

El sonido de los insectos se apagó.

Las hojas dejaron de moverse.

Todo.

Por.

Un.

Instante.

Sentí algo detrás de mí.

No como una presencia normal.

Más como…

una línea invisible rozando mi espalda.

Me giré de golpe.

No había nada.

Pero mis ojos se encendieron solos.

Todo estaba igual.

Solo que no.

—¿Lo sentiste?

—preguntó Axel, sin volverse.

—Sí.

¿Qué fue eso?

Tardó en responder.

—No fue el Fin —dijo al fin—.

Pero tampoco es algo que deba estar jugando cerca de un humano.

—Te juro que cada frase tuya me da más tranquilidad.

El viento volvió.

El sonido regresó.

El momento se rompió como un vaso.

Seguimos caminando sin hablar durante un buen rato.

Al caer la noche, acampamos cerca de un grupo de piedras grandes.

Axel sacó agua “de la nada” y yo encendí una pequeña fogata con métodos tradicionales: desesperación y suerte.

Nos sentamos frente al fuego.

—Necesito saber algo —dijo Axel, mirando las llamas.

—?

—Tu nombre.

Lo miré.

Es verdad.

Hasta ese momento yo había estado muriéndome y entrenando sin presentarme.

—Eidan —respondí—.

Eidan Kaelhart.

Axel asintió una sola vez, como si eso encajara en algún lugar de su cabeza.

—¿Y por qué aceptaste venir conmigo, Eidan Kaelhart?

—preguntó—.

Un desconocido te dice que el Fin te roza, un monstruo te ataca, y tú decides seguir caminando conmigo hacia la capital del país.

No es precisamente una decisión lógica.

Me quedé mirando el fuego.

—Porque si me quedaba —dije—, igual iba a morirme sin entender nada.

Si al menos voy a sufrir, prefiero saber por qué.

Hubo un silencio corto.

—Respuesta aceptable —dijo Axel.

—¿Y tú?

—pregunté—.

¿Por qué te molestas en ayudarme?

Axel observó el agua que giraba lentamente en su mano, reflejando la luz del fuego.

—Porque algo del Fin se pegó a un humano —dijo—.

Eso nunca debería haber pasado.

Si no te controlas, no solo tú mueres.

El mundo se rompe…

un poco más.

Oh ya.

Está bien.

Sin presión.

—Intentaré no romper el mundo entonces —murmuré.

—Hazlo —respondió—.

O al menos, rompe cosas útiles.

Cerré los ojos un momento.

Entre el cansancio y el calor del fuego me dormí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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