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Incriminada por la Mafia - Capítulo 23

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23: Capítulo 23: Incriminado 23: Capítulo 23: Incriminado *Rebecca*
—Johnson.

Tienes una visita —gruñó la guardia al otro lado de mi celda.

—De acuerdo —dije, levantándome para seguirla.

Sin embargo, mi mente daba vueltas.

Quería que fuera Alessandro.

Le recé a cualquier dios que quisiera escuchar que fuera él.

—Vienes conmigo —ordenó.

Seguí a la guardia hacia fuera y por un largo pasillo que no reconocí.

Se detuvo y me esposó antes de conducirme a una sala llena de hileras de teléfonos.

—Cabina seis —murmuró a mi lado, claramente descontenta con su trabajo.

Seguí las cabinas numeradas hasta que encontré la número seis y me senté en la silla plegable de plástico.

Había un teléfono colgado en la pared.

Las hileras estaban separadas por un cristal reforzado y pude ver a un hombre extraño con traje sentado al otro lado.

Cogí el teléfono.

Él hizo lo mismo.

Tenía los ojos cansados y la cara cubierta por una barba incipiente entrecana.

Su rostro se veía agotado y desgastado, y ya me sentía mal por él.

—¿Rebecca?

—preguntó.

—Sí, soy yo —respondí sin más.

—Alessandro me ha enviado para ser tu abogado —me saludó—.

Mi nombre es Richard Davis.

Las presentaciones no importaban.

El hecho de que Alessandro lo hubiera enviado para ser mi abogado fue casi suficiente para que me derrumbara.

Me mantuve entera con lo que parecía el equivalente emocional a cinta adhesiva y cordones de zapatos.

¿Qué pensaba Alessandro?

¿Era una señal de que creía que era inocente?

¿Por qué no había venido Alessandro?

¿Qué estaba pasando?

¿Había enviado a este abogado porque era él quien me había tendido la trampa?

Demasiados pensamientos se agolpaban en mi cerebro.

Necesitaba centrarme en otra cosa.

Necesitaba centrarme en lo que este hombre estaba diciendo.

—Encantada de conocerte —fue todo lo que se me ocurrió responder.

—¿Te han tratado bien?

¿Va todo bien?

—preguntó el abogado.

—Bueno, por ahora todo bien, dentro de lo que cabe en la cárcel.

—Consideré mencionar a Birdy, mi hada madrina de la prisión, pero supuse que sería peligroso.

Aún no estaba segura de cuál era su rollo, pero no quería arruinar mis posibilidades de demostrar que era inocente.

—Bien, me alegro.

Si alguien se sobrepasa, llámame.

Yo me encargaré —prometió.

—Gracias —musité.

Agradecí su presencia.

Había algo tranquilizador en él, casi paternal.

—¿Quieres hablar de lo que pasó?

—preguntó con amabilidad.

—No sé lo que pasó.

Lo único que sé es que yo no lo hice.

Un día, Alessandro vino a verme y me pidió que investigara unas transacciones que había visto.

Descubrí que se estaba produciendo un robo, así que rastreé toda la información que pude.

Le conseguí un número de cuenta.

Cuando me detuvieron, me dijeron que mi nombre era el que figuraba en esa cuenta —expliqué.

—Mmm… ya veo.

Eso es bastante complicado —refunfuñó el abogado—.

Hice que alguien lo investigara.

También pensé que era importante que empezáramos a prepararnos para tu juicio.

Quiero enseñarte las pruebas que se han reunido en tu contra.

—Sacó un maletín y lo abrió para coger un fajo de papeles.

—Solo quiero salir de aquí.

Prometo que no le daré problemas a nadie.

Solo quiero irme a casa —supliqué.

Ya no pude contener las lágrimas.

Estaba desolada.

Quería tumbarme en el sofá, comer comida para llevar y mirar el móvil.

Quería tumbarme boca abajo en la cama y llorar en la almohada durante horas.

Quería despertar de esta horrible pesadilla.

—Sé que sí.

Pero por ahora es mejor que mantengas la boca cerrada.

No quiero que te pase nada terrible —dijo, lanzándome una mirada extraña.

¿Era una amenaza o una advertencia?

Era casi imposible saberlo, pero la verdad es que pareció una amenaza.

Mi mente daba vueltas.

¿Cómo estaba pasando esto?

¿Amenazada por mi propio abogado?

El abogado de Alessandro, para ser exactos.

Seguro que no era eso lo que quería decir.

El corazón me martilleaba en el pecho mientras lo observaba.

—¿Va a venir a visitarme Alessandro?

¿Pagará mi fianza?

—Tenía que saberlo.

Necesitaba saberlo.

Necesitaba verlo y explicarle que todo esto era un gran malentendido.

—Ni siquiera han fijado tu fianza todavía.

No puedes salir hasta que tengas la audiencia para la fianza —explicó el abogado.

Estaba esquivando la pregunta.

Estaba segura de que la había evitado a propósito, pero hice todo lo posible por no entrar en barrena sin que nadie me confirmara algo por completo.

Probablemente, suponer y sacar mis propias conclusiones era, al menos en parte, responsable de que estuviera aquí.

Me quedé debatiéndome entre si Alessandro creía que yo le robaría o si él mismo me había tendido la trampa para que acabara aquí.

No importaba.

No cambiaba nada.

Estaba empezando a perder la esperanza en todo el sistema judicial.

Nunca debería haber aceptado este trabajo, nunca debería haber desarrollado una relación con Alessandro, nunca debería haberme levantado de la cama el lunes.

Deseaba más que nada poder viajar en el tiempo.

—Tiene que saber que no lo hice.

Era el trabajo de mis sueños.

No haría nada para ponerlo en peligro —insistí.

—¿Como acostarte con tu jefe?

—acusó sin rodeos.

Mierda.

Bueno, supongo que me merecía esa.

Aun así, ¿se suponía que debía ser tan poco profesional?

¿Y cómo lo sabía?

¿Se lo había dicho Alessandro?

No parecía algo que él haría.

No me gustó su tono, pero ahora mismo era el único abogado que tenía, así que no podía decir lo que pensaba.

—No es así —supliqué.

—No te hace quedar mejor —señaló el abogado.

Tenía razón.

No me hacía quedar muy bien.

Me pregunté si eso sería una prueba que se presentaría en el juicio.

—Nunca traicionaría a Alessandro de esa manera —le aseguré.

—Haré que alguien te traiga algo bonito para ponerte en el juicio —dijo el abogado, ignorándome—.

Haz lo posible por tranquilizarte antes de la audiencia.

Parecer histérica en el tribunal ya no funciona.

Había algo extraño en su voz.

Parte de esa paternalidad había desaparecido y había sido reemplazada por un hombre más duro.

Me pregunté qué podría haber hecho yo para que cambiara de opinión.

Me sequé las lágrimas que empezaban a secarse en mi cara.

No era momento de llorar.

No ayudaba que me hubiera llamado «histérica».

Me sentí como una tonta.

—El problema es que la cuenta en la que se encontró el dinero estaba a nombre de Heather Webster —informó.

—Me dijeron que la cuenta estaba a mi nombre —respondí.

Quise emocionarme, pero no quería hacerme ilusiones demasiado pronto.

Podría estar aquí mucho tiempo.

—Correcto.

Fue un poco más enrevesado que eso.

Verás, el First State Bank usa una identificación con foto.

Hacen fotos para las cuentas en el banco cuando se abren y las cotejan con tu carné de conducir cada vez que vienes a hacer un depósito o una retirada de dinero.

—Richard explicó las cosas con naturalidad, como si yo ya debiera saberlo.

—Vale —le animé, esperando que siguiera.

—Esta era la foto asociada a la cuenta.

—Levantó una foto contra el cristal.

Mi propio rostro me devolvió la sonrisa.

Estaba delante de un fondo que no reconocí.

Estaba segura de que nunca había estado allí, dondequiera que «allí» estuviera.

—Rastreamos las direcciones IP que se usaron para acceder a la cuenta por internet.

Las dos más usadas eran de la oficina de Russo Limited… y de tu apartamento —explicó Richard.

Eso parecía difícil de rebatir.

Tenía una compañera de piso, pero dudaba que Jamie estuviera malversando dinero en mi nombre.

Apenas sabía usar las redes sociales, y mucho menos falsificar información de una cuenta bancaria.

Había cientos de empleados en Russo Limited, así que el hecho de que la dirección IP fuera de allí no me sorprendió.

El robo se había producido allí.

Pero que se hubiera usado mi propia dirección IP me inquietó.

¿En qué demonios me había metido?

¿Por qué querría alguien tenderme una trampa?

—Vale, ¿qué más?

—le insté.

—Eso es casi todo lo que tenemos por ahora.

Pero, sin duda, te hace parecer una delincuente experta con todas las habilidades necesarias para llevar a cabo algo así.

—Richard se encogió de hombros.

Sentí que el gesto era despectivo y grosero, pero lo ignoré.

—Bueno, está claro que no, si he acabado en la cárcel después de solo tres semanas.

Además, no sabría cómo falsificar información para abrir una cuenta bancaria ni aunque alguien me enseñara.

Siento aguarles la fiesta a todos, pero soy inocente.

No sé de qué otra forma decírtelo, pero sencillamente, no lo hice.

—Me encogí de hombros, imitando su actitud.

—Eso no es lo que Alessandro parece creer.

Está empezando a dudar de tu inocencia —advirtió Richard.

Eso hizo que se me encogiera el corazón.

No quería admitir lo mucho que me dolió, pero me asustó.

Era un completo idiota si creía que yo le robaría de esa manera.

Eso casi dolía más que el hecho de que me creyera culpable.

—Bueno, supongo que tendré que demostrar que todos estáis equivocados.

¿Puedo tener una copia de esto?

—pregunté, señalando los papeles que sostenía.

—Sí, he ordenado que envíen copias para que te las entreguen en tu celda en cuanto terminemos aquí —dijo Richard.

—Gracias.

¿Hay algo más?

—pregunté.

Parecía que se preparaba para marcharse.

—Eso es todo lo que tengo por hoy.

—Richard colgó el teléfono bruscamente, dejándome mirando fijamente mientras recogía su maletín y se iba.

Estaba llorando otra vez.

Me sentía desesperanzada.

Era demasiado para procesar en tan poco tiempo.

Me recompuse lo suficiente para ponerme de pie y volví hacia la guardia.

Me lanzó una mirada compasiva antes de escoltarme de vuelta a mi celda.

Tal como prometió, el paquete de información estaba sobre mi cama.

Mi celda tenía un pequeño escritorio, así que moví los papeles allí y me puse a trabajar.

Me sequé las lágrimas de un manotazo.

No podía mojar los papeles, era la única copia que tenía.

Se me ocurrió una idea mientras estudiaba la información.

Cuando estaba en el instituto, me pagaban con cheques en papel en lugar de por transferencia directa.

Un día, al ir a ingresar un cheque de mi sueldo, el cajero introdujo mal un número de mi cuenta bancaria.

El cheque se ingresó en la cuenta equivocada.

Tardamos semanas en resolverlo todo.

Al final, arreglarlo fue tan simple como mover el dinero de la cuenta equivocada a la mía.

Si corregir algo así era tan fácil como teclear unos pocos números, entonces quizá las cuentas bancarias no eran tan seguras como el público en general creía.

Estaba familiarizada con la idea de una Red Privada Virtual, o VPN, con la que podías hacer que tu ordenador pareciera estar en cualquier parte del mundo.

¿Era posible que alguien hubiera unido esas dos piezas de conocimiento y hubiera cambiado parte de la información de la cuenta bancaria, haciendo que pareciera que accedían a la cuenta desde mi propio apartamento?

No sabía exactamente cómo funcionaba todo, pero lo investigaría en todo el tiempo del que dispusiera.

Aquí tenía acceso a la biblioteca y un acceso limitado a internet.

Podía investigarlo y preparar un caso para mí misma.

Pero se me ocurrió otra idea.

Puede que estuviera operando muy fuera de mi campo de conocimiento, pero conocía a alguien que se sentía muy cómodo con los unos y los ceros de internet.

No me di cuenta de cuánto tiempo había pasado, pero era tarde cuando finalmente levanté la vista y vi a una guardia de pie en la puerta.

—Tienes otra visita, Johnson.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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