INSANITY HEAVEN: La hipocresía Absoluta. - Capítulo 6
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Capítulo 6: CAPÍTULO 6 — Cuando el Mundo Sigue Respirando
Un mes había pasado desde la victoria de Arhelia.
Un mes de vendajes apretados, dolor persistente y reposo impuesto a la fuerza. Hoy no había nieve ni ceniza cubriendo los tejados. El cielo se extendía en un azul limpio y frío, y el aire olía a tierra húmeda, madera trabajada y humo lejano de hornos activos.
Arhelia caminaba apoyada en un bastón.
Aún le duele todo… pero la terquedad es más.
Su cuerpo aún temblaba por las heridas mal cerradas, pero sus ojos estaban despiertos. Curiosos. Hambrientos de mundo. Por primera vez en semanas, no había paredes blancas ni silencios controlados, sino calles abiertas y ruido vivo.
El pueblo del clan Luminar se desplegaba ante ella.
Las calles hervían de actividad: mercaderes pregonando telas brillantes y perfumes extranjeros; herreros marcando el tiempo con golpes constantes sobre el metal; niños corriendo entre carros que transportaban enormes bloques de ontination, un mineral luminoso que parecía contener luz líquida atrapada en su interior.
Más allá del pueblo, hacia el sur y el oeste, se alzaban riscos y montañas oscuras, viejos testigos del desgaste del mundo. Más lejos aún, las llanuras marcadas por minas abiertas alimentaban los talleres y hornos del clan.
El paisaje cercano era gris, áspero, apenas salpicado por árboles resistentes y vegetación obstinada. Pero la arquitectura contaba otra historia.
Casas de piedra clara con techos oscuros, ventanas altas y adornos de hierro forjado. En los patios se erguían estatuas de no humanos: dioses antiguos que habían moldeado el mundo. Sus ojos de piedra parecían seguir a los caminantes, recordándoles que la historia allí no pertenecía solo a los vivos.
Burdeles y tabernas se mezclaban con casas de comercio, lujosos y discretos. Mujeres bellas cruzaban entre los transeúntes y saludaban a Arhelia con reverencias calculadas, sonrisas suaves cargadas de algo más profundo.
Arhelia lo recordó sin sorpresa.
Eran sus esclavas.
Vinculadas a ella por deuda, por miedo… y por respeto.
El pensamiento fue frío, breve. Lo dejó pasar. Hoy no era día para cuentas pendientes.
Carruajes gigantes recorrían las calles de piedra, lentos y pesados, cargados con minerales de alta calidad extraídos de las minas del sur y oeste. Los animales que los arrastraban no pertenecían del todo a este mundo: toros de cuerpos descomunales, melena de oveja, sin cráneo visible y con un casco natural de metal. Sus pezuñas levantaban polvo y humo al avanzar.
El ontination relucía bajo el sol.
No solo sostenía la industria Luminar. Alimentaba los talleres de refinamiento, la producción de alimentos exquisitos y la manufactura de Objetos de Ley que circulaban por toda la Fiesta de Pandora.
Arhelia avanzaba despacio, apoyándose en el bastón, absorbiendo cada detalle: el ritmo de los martillos, el rugido de los hornos, las risas infantiles junto al mineral, las discusiones entre comerciantes, la vida que continuaba indiferente al duelo que había sacudido al clan.
Cada sonido y cada olor se grababan en su memoria con una claridad casi dolorosa.
Entonces, entre el murmullo del pueblo, un nombre que no había escuchado en años flotó en el aire.
—Arheliushka… sigues viva. Eso ya es una celebración.
Giró la cabeza, apoyándose con más peso en el bastón.
Allí estaba.
Lada Karmin.
De pie entre la multitud, tranquila y firme, irradiando una serenidad que no era ingenua. Su amiga de la infancia. Nivel 1. Camino de Ley: Leyes.
Los Cuernos del Karma emergían de su cabeza en dos curvas casi etéreas, bellas y crueles a la vez. Su cabello rubio caía sobre los ojos, ocultándolos a medias, pero su mirada azul parecía haber visto demasiado para su edad.
Vestía ropas del norte: un vestido de cazadora color café, bordes blancos, abrigo práctico. Hermosa sin intención, con el aire de alguien que piensa antes de romper algo.
Arhelia sintió cómo el cansancio y el dolor se mezclaban con un alivio profundo.
Lada era un ancla.
Un fragmento de infancia que aún sobrevivía en un mundo que ya no perdonaba.
—Lada… —susurró Arhelia, la voz aún débil—. No esperaba verte tan pronto.
Lada sonrió.
No era una sonrisa amplia. Era tranquila. Segura.
—Yo tampoco esperaba encontrarte caminando —respondió, avanzando hacia ella—. Pero sabes que siempre termino cerca.
Extendió una mano. Los Cuernos del Karma brillaron apenas bajo el sol.
—¿Puedes caminar un poco más? —preguntó—. Hay cosas que deberías ver. Y otras… que deberías saber.
Arhelia dudó solo un instante.
Asintió.
Se apoyó con más firmeza en el bastón y dejó que la brisa del pueblo la envolviera una vez más.
Mientras caminaban juntas entre la multitud, las calles, los sonidos y el polvo gris, el sol iluminaba restos de nieve derretida.
La victoria no había sido un final.
Era una puerta.
Y el mundo, indiferente y vivo, ya la estaba empujando a cruzarla.
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