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INSANITY HEAVEN: La hipocresía Absoluta. - Capítulo 7

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Capítulo 7: CAPÍTULO 7 — Rumores, Miradas y Oportunidades

La ciudad había cambiado.

No en sus muros ni en sus calles, sino en la forma en que miraba.

Arhelia lo sentía en cada paso. En los silencios que se estiraban apenas un segundo más de lo normal. En las conversaciones que se detenían cuando ella pasaba. En las miradas que no sabían si inclinarse, sonreír o apartarse.

Seguía caminando con su bastón, el cuerpo aún frágil, pero ya nadie veía solo a una niña herida.

Veían a la que había sobrevivido.

—Bah… te miran como si fueras estatua viviente —dijo Lada, caminando a su lado con las manos en los bolsillos, balanceándose con despreocupación—. Relájate, Arhe. Si no te miran hoy, te miran mañana. Así funciona, eh?

Arhelia dejó escapar una pequeña risa.

Con todos era callada. Medida. Tirana incluso, según los rumores.

Con Lada no.

—No me gusta —respondió en voz baja—. Antes solo… caminaba.

—Antes no habías roto a un monstruo en público —replicó Lada, guiñándole un ojo—. Ahora eres élite. Y la élite no camina… la observan.

El acento del sur se colaba en cada palabra, arrastrando las erres, endureciendo las consonantes. Lada hablaba como vivía: sin pedir permiso.

Avanzaron por una plaza amplia donde se alzaban estatuas antiguas. Dioses no humanos, figuras imposibles, alas de piedra y rostros sin edad. Algunos sostenían armas, otros libros, otros simplemente miraban al horizonte con expresión de juicio eterno.

—Mira ese —dijo Lada señalando una estatua agrietada—. Dicen que bendecía a los niños.

—Tiene cara de que te arrancaría el alma —murmuró Arhelia.

—Exacto. Los mejores siempre parecen amables hasta que no lo son.

Siguieron caminando entre puestos, risas, discusiones y vida cotidiana. Lada saludaba a medio mundo: mercaderes, músicos, mujeres de burdel, guardias aburridos. Algunos la abrazaban, otros le ofrecían tragos invisibles en el aire.

—Sigues siendo igual —dijo Arhelia.

—Claro —respondió Lada—. Si dejo de ser yo, ¿qué queda?

Se detuvieron un momento bajo la sombra de una estatua caída.

Lada se volvió seria.

—Escúchame, Arhe —dijo, sin sonrisa—. Ahora que estás arriba… ya no puedes comportarte como antes. Todo lo que haces pesa. Todo lo que dices se usa. Si ríes, provocas. Si callas, amenazas.

Arhelia apretó el bastón.

—No pedí esto.

—Nadie pide el poder —respondió Lada con suavidad—. Pero una vez que lo tienes, más vale aprender a bailar con él… o te pisa.

Por un instante, Arhelia apoyó la frente en el hombro de su amiga.

Lada no dijo nada.

Se abrazaron.

Un abrazo breve, firme, sincero.

Como quien sabe que el mundo no tiene muchos refugios… y uno de ellos es el otro.

—Vamos —dijo Lada rompiendo el momento—. Te presentaré a dos idiotas que quiero. Y luego… bebemos.

—¿Beber? —Arhelia alzó una ceja—. Apenas puedo caminar.

—Truwca cura todo —sentenció Lada—. O al menos hace que no te importe.

— — —

El bar estaba lleno de humo, música y risas. Madera oscura, mesas gastadas, botellas alineadas como soldados torcidos.

Allí estaban los amigos de Lada.

Uno era alto, de sonrisa fácil y ojos cansados. El otro más bajo, ancho, con manos de luchador y risa estruendosa.

Cuatro entraron.

Cuatro bebieron.

Truwca corrió como fuego líquido. Lada cantó canciones del norte. Arhelia rió más de lo que había reído en meses. El mundo se volvió liviano, borroso, posible.

—¡Por la que no se rompe! —gritó Lada levantando la botella.

—¡Por la que rompe a otros! —respondió alguien.

La noche se deshizo en música, alcohol y promesas que nadie pensaba cumplir.

— — —

A la mañana siguiente, el bar ardía.

Llamas devoraban la madera. La gente gritaba. El humo cubría la calle como un sudario.

Tres salieron del grupo.

Arhelia.

Lada.

Y uno más.

El cuarto no.

Su cuerpo yacía en el suelo, rígido.

La cabeza aplastada contra la piedra.

No había arma.

No había testigos.

Nadie supo decir cuándo ocurrió.

Ni cómo.

Ni quién.

La ciudad observó en silencio.

Y Arhelia, con el bastón en la mano y el olor a humo aún en la ropa, entendió algo esencial:

La fiesta había terminado.

Y el mundo no siempre pedía explicaciones cuando cobraba su precio.

Truwca es como el whisky pero mas fuerte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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