INVENCIBLE: ESCAPA DE VILTRUM - Capítulo 23
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23: CAPITULO 23: 23: CAPITULO 23: Su excesiva empatía, palabra descrita por vexa la cual tenía mas interacción con el mismo, estaba ralentizando el progreso del nato con respecto al momento de lanzarse al combate.
Ni siquiera podía tocarlo, ahora que nouwlan había analizado y contrarrestado la burla que eran las habilidades de ese nato a la hora de la lucha.
Por eso, no escatimó esfuerzos en cobrar algunos favores con tal de llevar al nato hacia el límite en esta sesión.
Korr-Add fue conducido al centro del octágono, en el que esperaba a su próximo contendiente.
Esperaba a que fuera el niño llorón, ya que el chico simplemente soportaría un solo coscorrón de su parte para que le diera la victoria.
A su alrededor, en gradas ascendentes, los otros natos observaban en silencio, al punto de que incluso había otros instructores y natos de generaciones superiores.
No era un secreto de que korr se había hecho un nombre en la torre, aunque no por cosas buenas.
En cierto modo, muchos instructores habían votado por su ejecución inmediata, ya que no comprendía el cómo un nato tan rebelde estaba en sus filas.
La diciplina y la obediencia ciega era de carácter obligatorio dentro del Dorymathos, pero por alguna razón que los desconcertaba, nouwlan había decidido mantenerlo con vida.
Mas impresionante aun, el nato rebelde estaba bajo la protección de la instructora vexa-6, que si bien era inferior en rango, era mas que claro que en algunas orbitas, tal mutante sería su superior indiscutible, tanto por su fuerza, como por su clase, y por su futuro brillante como una de las viltrumitas más cercanas al nivel del mismísimo regente emperador.
Mantener una excelente relación con vexa era mas importante que su desagrado por la falta de decoro del nato.
Nouwlan levitaba sobre el borde del círculo, mientras mantenía sus brazos cruzados, aunque su rostro parecía menos impasible.
Vexa estaba a su lado, mordisqueando una barra de nutrición con una expresión de aburrimiento mal disimulado.
Ella estaba descontenta y en desacuerdo con la decisión de nouwlan.
Sin embargo, el no hizo caso a sus sugerencias, decidido a llevar a cabo aquella práctica.
“Recluta Korr-Add”, anunció Nouwl-an, su voz amplificada por los altavoces ocultos en las paredes.
“Has demostrado una y otra vez que las lecciones estándar no son suficientes para corregir tu insubordinación.
Por lo tanto, el alto mando ha autorizado…
un estímulo diferente especialmente para ti”.
Korr se mantuvo en una posición militar, pero se sintió intrigado.
Miró que todos sus compañeros estaban en las gradas, lo que supuso que no le darían a un nato para la lucha de hoy.
Pensó por un momento, pero solo pudo negar con la cabeza.
De todos modos, ya sea un nato o un ephebos, el equivalente a la palabra adolescente, su decisión seguiría siendo el mismo.
No actuaria contra niños.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la descompresión de la compuerta que se elevó a lo lejos, dejando solo el silbido hidráulico.
Grande fue la sorpresa de korr, cuando el oponente en recibirlo no fue ni un nato, ni un ephebos como había esperado.
En su lugar, un ser, ajena a la raza viltrumita, sin duda, había sido destinado para ser su oponente.
Aquel ser que emergió de las sombras midió dos metros con veinte centímetros, siendo incluso mucho mas grande que el propio nouwlan.
Su cuerpo era una masa de músculos densos, más ancho que cualquier viltrumita de complexión estándar, con extremidades que parecían troncos de granito.
Vestía un arnés de cuero negro sobre una piel gris ceniciento, sin ningún símbolo imperial, solo había un cráneo con tentáculos en la hebilla de su cinturón.
A simple vista, korr pudo compararlo con un humano o viltrumita.
Pero cuando miraba hacia su cabeza, las cosas eran completamente diferentes.
Donde un viltrumita tendría cabello, del cráneo calvo de aquella criatura había cuatro apéndices carnosos de color gris oscuro, similares a tentáculos de pulpo, pero más gruesos, más musculosos.
Se retorcían lentamente, independientes entre sí, como serpientes siseando en el aire y sus ojos, como dos pozos negros, no tenían iris o esclerótica.
Solo era oscuridad, tan oscuros como dos rendijas de vacío.
“que… ¿Qué demonios?”, korr no pudo evitar maldecir con el ceño fruncido.
Este alienígena, era de la raza Venatici.
Había visto a aquella raza una vez, cuando syreni-val lo llevó a los niveles bajos en su búsqueda de instrumentos baratos.
Esa raza parecía ser la única con la autoridad de mantener el orden a través de todo el imperio, por no decir que en todo el planeta viltrumita.
Eran, en cierta forma, la policía imperial.
Por su puesto, al igual que ellos, también eran extremadamente odiados, e infinitamente temidos de igual manera que un viltrumita.
Un soldado imperial viltrumita podría matarte, pero esta raza, Venatici, podrían torturarte de manera indeterminada antes de considerar si decidían matarte.
Eran extremadamente violentos y sádicos.
Korr no tenía duda de eso.
Miró a nouwlan con incredulidad, pero el instructor solo le devolvió una sonrisa como respuesta.
“carajo”, korr pensó, maldiciendo.
Este ser era peligroso.
Si bien no se comparaban con un viltrumita, esos seres, los Venatici, poseían habilidades extremadamente problemáticas.
Además de una fuerza impresionante, también, según la información proporcionada autorizada por el imperio, podían absorber energía, y que sus ojos lanzaban rayos capaces de fundir acero.
en teoría, eran incapaces de cansarse y más importante, nunca se rendían.
Y una fatalidad como esa se encontraba frente a él, oliendo el aire con sus apéndices cefálicos.
“Este es Kaelus”, dijo Nouwl-an, señalando al ser con un gesto perezoso.
“es una clase especial de combate dentro de las fuerzas del orden Venatici.
Posee el rango de Verdugo, con una cualidad comparables a un viltrumita de clase 80, tal vez 60, aunque no sabría cuantificarlo ya que esas clases no existen más en el imperio.
El verdugo kalus ha sido…
prestado para esta sesión educativa, aunque de tu parte, mas correctiva”.
Los apéndices de Kaelus se contrajeron, y una voz grave, rasposa como piedra contra piedra, emergió de su garganta.
“¿así que esto es todo?”, dijo, sus ojos negros fijos en Korr.
“¿Un cachorro?
Con todo el respeto que se merecen los superiores, pensé que al menos me darían un nato de al menos una órbita.
No pensé que el rebelde del que me contaron apenas y supera mis rodillas”.
“aquellos asuntos no son te tu incumbencia, Venatici.
Céntrate en solo lo que se te ordene”.
Nouwlan le corrigió, frunciendo el ceño.
En respuesta, el Venatici realizó una reverencia, sus tentáculos bajando al unísono.
“este inferior obedece al superior”.
Dijo, mientras nouwlan asentía.
“bien, lo dejaré pasar por alto esta vez”.
Dijo el instructor, antes de agregar”.
Además, no subestimes a este cachorro, puede traer sorpresas interesantes.
No obstante, he solicitado específicamente que no lo mates.
Al menos, no hoy, fuera de eso, hazlo sufrir tanto como te plazca”.
Kaelus sonrió ante aquellas palabras, una sonrisa horrible que pareció extenderse hasta ambos extremos de sus orejas puntiagudas de elfo.
Entre sus fauces, una hilera de dientes triangulares, como las de tiburón, fueron expuestas ante la vista desconcertada de korr.
“demonios”, korr pensó, su cuerpo tensándose ante el peligro real que estaba experimentando.
“esto va enserio”.
Tal parecía que nouwlan se había artado de estar jugando a las tretas con korr, así que encontró una solución para “enseñarle” a combatir, aunque sea por la fuerza.
“Como ordene, instructor”.
Aquellas palabras del Venatici hizo estremecer al nato, quien se elevó ligeramente sobre el suelo, solo para ser arrastrado al piso pasado los 3 segundos.
“no puedo volar con este traje puesto”, pensó korr, mirando su uniforme de entrenamiento.
Tras mirar hacia nouwlan, observaba como el mismo ajustaba la configuración de su traje.
“Mierda”.
Pensó.
“Las reglas son simples”, anunció Nouwl-an.
“El combate termina cuando uno de los dos no pueda levantarse, no hay límite de tiempo o intervención externa.
¿Entendido, recluta?” Korr asintió, su garganta seca.
No quería seguir con esto, pero tubo que contestar.
“si, instructor”.
Sus ojos no se apartaban de los pozos negros de Kaelus.
“Entonces…
comiencen”.
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