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Invocando a la espada sagrada - Capítulo 208

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208: Capítulo 208: Monstruos Y Tentáculos 208: Capítulo 208: Monstruos Y Tentáculos Editor: Nyoi-Bo Studio Un olor pútrido surgió de las profundidades de la oscura cueva subterránea.

«¿Qué está pasando?» Sosteniendo una antorcha, Barney lideraba nervioso a sus hombres dentro de las cavernas.

Habían pasado cinco días desde que entraron a las Profundidades Rocanegra.

Sin embargo, inesperadamente, no se habían encontrado con ningún enemigo.

Mejor dicho, era como si no pudiesen detectarlos.

Las cavernas subterráneas no eran iguales a los túneles que atravesaron antes, donde los acosaban constantemente los trasgos y los protoplasmas de la tierra.

Ahora, todo parecía evitarlos como la plaga.

Parecía como si los mercenarios fuesen los únicos seres vivos en ese mundo subterráneo.

—Barney, ¿quieres parar y descansar un momento?

—preguntó en voz baja la doncella medio elfo acercándose al joven.

Luego, se dio vuelta y miró a los mercenarios que estaban atrás—.

Todos… todos parecen estar preocupados.

—Lo sé.

Barney se disgustó un poco al oír las palabras de la joven, pero rápidamente suspiró.

—Lo siento, estaba… —Lo sé… pero esta no es la solución, Barney.

Ciertamente estamos dentro de las Profundidades Rocanegra.

No estamos perdidos, pero ¿por qué no podemos ver nada?

Siempre que usaba su visión de elfo innata, podía ver en la oscuridad, a diferencia de los humanos normales, pero aun así, solo pudo detectar algunos escombros esparcidos por ahi y algo de polvo de hueso viejo.

Después de pasar cinco largos días en las cavernas, obviamente, esas no eran las cosas que habían ido a buscar allí.

Aparte de descubrir algunas residencias subterráneas, no encontraron nada más de su interés.

Barney no era estúpido.

Sabía que las cavernas debían contener algo valioso.

Antes de entrar en las Profundidades Rocanegra, había enviado exploradores para registrar el área, y realmente era un lugar extremadamente peligroso.

Todas las leyendas, rumores y advertencias lo demostraban.

Además, la razón por la que la iglesia pidió ayuda fue porque ese lugar presentaba un cierto grado de peligro.

Rhode habría descartado esa misión si no fuese por las recompensas.

Aunque Barney odiaba a Rhode con todo su ser, tenía que admitir que era increíblemente poderoso.

E incluso siendo tan fuerte, Rhode había dudado al aceptar la misión.

Pero su problema ahora era, ¿dónde estaba el peligro?

Estaba tan tranquilo que parecía aterrador.

La falta de peligro hacía que Barney se pusiese cada vez más nervioso, y esa sensación de pánico no era una buena en absoluto.

Al principio, pensó que estaría lleno de monstruos, por lo que ordenó a su gente que comprase un montón de pergaminos del elemento fuego.

Pero no había ningún monstruo en el que pudieran usar esos pergaminos.

La joven medio elfo tampoco sabía qué hacer.

Sus agudos sentidos no eran útiles en una situación así.

Simplemente avanzaban por el único camino que había, pero de alguna manera, se habían perdido.

Si la situación siguiese así, ¿quién sabía lo que podría pasar?

—¡Oye, líder!

Finalmente, un mercenario en la retaguardia no pudo soportar más el silencio.

—¿Cuánto tiempo más tendremos que caminar?

Barney frunció el ceño y permaneció en silencio.

Sin lugar a dudas, comprendía el malestar de sus hombres.

Cuando se preparaban para la misión, les prometió fama y fortuna para levantar su moral.

Sin embargo, después de caminar sin rumbo por tantos días, su adrenalina había disminuido, y la disconformidad se hacía evidente.

Ni siquiera los veteranos podían tolerar perder el tiempo así, sin mencionar que sus hombres no eran lo mejor de lo mejor.

Francamente, fue un milagro que recién se rebelaran a esa altura.

—¿Mmm?

¿Qué es ese olor?

En ese momento, sintieron un agradable aroma.

Los mercenarios se miraron con curiosidad mientras olían con sus narices.

—Huele tan bien…¿hay algo adelante?

—¡Rápido, vamos!

En una situación normal, la mayoría de los mercenarios odiarían cualquier situación repentina o peculiar que ocurriese durante una misión, pero en ese momento, cualquier cosa sería mejor que morir de aburrimiento.

Con una antorcha en la mano izquierda, Barney llevó su mano derecha hacia la empuñadura de su espada con cuidado y avanzó lentamente.

Después de doblar la esquina, pronto llegaron a una habitación espaciosa.

Extrañamente, podían ver todo con claridad sin necesidad de antorchas.

No era porque hubiesen desarrollado la misma habilidad innata que la medio elfo, sino por el resplandor que emitía una fuente de «luz».

Dentro de la cueva de siete metros de ancho, un vasto bosque se expandía libremente gracias a la extraña luz.

Las hojas verdes de los árboles se mecían con el viento, mientras que sus deliciosos frutos carmesí colgaban de las ramas, lo que provocó que su aroma distintivo volara en su dirección.

Debajo de los árboles, había un hermoso jardín que mostraba todo su esplendor, aportando colores vibrantes a la aburrida cueva.

«¿Qué es esto?

¿Por qué hay algo así aquí?» Barney escudriñó los extraños árboles.

Sospechaba de toda la situación.

No era lógico en absoluto.

No había ni agua, ni luz solar, por lo que era imposible que creciera vegetación allí.

Sin embargo, antes de que pudiese organizar sus pensamientos, algunos de sus mercenarios ya habían corrido a recoger los frutos.

—Oh, hermano… huele tan bien… La fruta tenía un exterior de color rojo carmesí brillante; además, tenía forma de plátano pero era mucho más gruesa.

Después de pelar su piel, un olor azucarado inundó su sentido del olfato, lo que los hizo tragar saliva.

—No puedo soportarlo más, ¡déjame darle un mordisco!

Pronto, un mercenario mordió la brillante fruta roja.

En ese momento, Barney reaccionó inmediatamente.

—¡Espera!

¡No la comas!

¡Esta situación es demasiado extraña!

—¿Extraña?

¿Qué tiene de extraño?

Algunos mercenarios se detuvieron, pero la mayoría lo ignoraron y comieron todo lo que pudieron.

Los que lograron controlar sus impulsos también pensaban que ese lugar era demasiado bueno para ser verdad.

Sin embargo, a medida que más frutos comían, la fragancia se hacía cada vez más y más fuerte y, muy pronto, cayeron en la tentación hasta los mercenarios que antes se habían abstenido de comer.

Los que tenían un poder de voluntad más fuerte vagaban a su alrededor, observándolos cuidadosamente.

—¿Qué te parece?

—le preguntó Barney a la doncella medio elfo golpeándose la frente con la mano.

—No lo sé, Barney —contestó la joven agitando la cabeza—.

Esta situación es demasiado extraña…¿Cómo decirlo…?

No se sienten como vegetación en lo absoluto… —Olvídalo.

Barney perdió la calma e interrumpió a la doncella haciendo un gesto.

—Busca por los alrededores.

Esta es la parte más profunda de la cueva.

Creo que hay algo aquí.

¡Debe haber algo que no hayamos visto!

—De acuerdo, Barney, yo… —¡Aaaaahhhhhhhh!

Antes de que pudieran terminar su conversación, fueron interrumpidos por un grito estridente.

Barney y la joven saltaron un poco de la sorpresa e inmediatamente se volvieron hacia la voz.

Entonces, una escena increíble se desarrolló frente a ellos.

Los mercenarios que consumieron los frutos se habían derrumbado en el suelo y gemían de dolor.

Se movían con dificultad rodando por el suelo, arrancándose la piel y emitiendo gritos atroces.

De repente, los árboles temblaron un poco y las frutas carmesí se abrieron, revelando su suave interior.

Luego, cayeron al suelo y comenzaron a arrastrarse rápidamente hacia los mercenarios caídos para entrar en sus orificios por la fuerza.

Por un momento, los que aún estaban conscientes quedaron atónitos ante tal espectáculo.

Como líder, Barney fue el primero en reaccionar.

—¡Todos usen sus pergaminos del elemento fuego!

¡Quémenlos!

Mientras daba la orden, desplegó un pergamino y lanzó una llamarada hacia los árboles.

Los otros mercenarios se despabilaron y rápidamente hicieron lo mismo.

Pronto, un incendio devoró los árboles cercanos, atrayendo la atención de los monstruos de las frutas.

Se giraron y se arrastraron hacia los mercenarios a una velocidad increíble.

Dos mercenarios, sin saberlo, pisaron a los monstruos, y rápidamente los tiraron al suelo.

Los demonios entonces se metieron en sus bocas, haciendo que sus cuerpos comenzaran a retorcerse y girar desde adentro.

—¡R-retírense rápido!

¡Vámos!

Barney abrió un pergamino de Muro de Fuego y gritó a los mercenarios que se retirasen usando la pared de llamas para protegerse.

La doncella medio elfo lo seguía de cerca mostrando una expresión de terror en su rostro.

—¡Barney, son demasiados!

—¡Escapa por ese túnel de ahí y bloquéalo con nuestros pergaminos de Muro de Fuego!

¡Si lo hacemos bien, podremos impedir el avance de estas criaturas atroces!

—gritó Barney con todas sus fuerzas mientras señalaba hacia un túnel cercano.

En ese momento, finalmente entendió porque Rhode necesitaba tantos pergaminos del elemento Fuego, pero no podía hacer más que escapar con la joven medio elfo y los mercenarios que quedaban.

El suelo comenzó a temblar.

La tierra bajo ellos se dobló como si algo pellizcara el suelo.

Entonces, los monstruos se escondieron bajo tierra para avanzar hacia los mercenarios sin ser detectados, cavando bajo el muro de llamas.

De repente, un tentáculo apareció desde el suelo y se disparó hacia la joven medio elfo, agarrándose a su pierna.

—¡Aaaahhhhh!

Al sentir una sensación viscosa en su pierna, gritó aterrorizada.

Barney se dio la vuelta cuando la oyó gritar, pero, en ese instante, docenas de tentáculos salieron del suelo y ataron fuertemente a la joven mientras la levantaban por el aire.

—¡Barney, sálvame, sálvame!

¡Sálvame!

¡Ah!

La doncella luchó con todas sus fuerzas, pero aun así no pudo escapar.

En cambio, los tentáculos la apretaban aun más cuando se resistía.

En ese momento, su ropa ya estaba hecha pedazos, y su suave piel, blanca como la nieve quedó expuesta.

Los tentáculos se retorcieron y apretaron sus cuatro extremidades, sacándole el aire de sus pulmones lentamente.

Barney lo vio y dudó por un momento, pero decidió seguir corriendo hacia el túnel.

—Barney, sálvame… sálvame… La joven medio elfo empezó a jadear en busca de aire mientras su conciencia se volvía borrosa.

Luchó por extender su mano hacia la dirección a la que Barney huyó y, en ese momento, dos gruesos tentáculos se deslizaron por sus muslos y bajo su falda.

La cara de la doncella palideció de inmediato mientras luchaba furiosamente.

—¡N-No, no!

¡Para!

¡Detente¡¡Aaaaahhhhhhhhh!

El llanto desgarrador de la joven se convirtió en un grito de dolor.

En su abdomen, dos grandes protuberancias se retorcían y giraban incesantemente.

Su cuerpo tembló intensamente cuando entraron los tentáculos.

El cuerpo de la joven se movía rítmicamente hacia arriba y hacia abajo mientras se atragantaba continuamente debido a que otro tentáculo grueso había penetrado en su boca.

Los ojos de la joven se dieron la vuelta hacia atrás y su cuerpo tembló con violencia.

El sonido del líquido viscoso y del golpeteo de las carnes resonó por toda la cueva.

—Arg… arh… ah… De pronto, los tentáculos se movieron de forma más agresiva y vibraron violentamente por un momento antes de que, finalmente, arrojaran el cuerpo de la joven medio elfo de lado a lado como si fuese un juguete.

Una ola de calor surgió repentinamente en su cuerpo.

Durante un breve momento, sus ojos se abrieron de par en par por la conmoción, mientras que su cuerpo se arqueaba hacia arriba.

Luego sus ojos se dieron la vuelta hacia atrás antes de que una serie de convulsiones destrozaran su cuerpo.

Dejó salir sonidos de asfixia mientras los tentáculos se retiraban rápidamente de su cuerpo, dejando un rastro de líquido blanco y pegajoso que salía de entre sus piernas.

Para ese entonces, la doncella se desplomó de uno de los tentáculos, sin vida; su ropa estaba totalmente desgarrada y esparcida por todas partes.

La tierra se levantó una vez más.

Un gran pedazo de carne apareció debajo.

Sujetó el cuerpo de la joven con su tentáculo y volvió a ultrajar su cuerpo con violencia.

—¡Maldición!

¿Por qué está pasado esto?

Barney lanzó otro pergamino de Muro de Fuego sin mirar atrás.

Apretó los dientes con la mente en blanco.

«¿Cómo sucedió esto?

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Qué demonios es esa cosa?

¡Ahhh!

¡No tiene sentido pensar en eso ahora!

¡Tengo que dejar este lugar inmediatamente!

Si logro sobrevivir…» Una sensación fría pasó por el cuello de Barney.

«¿Agua?» El joven miró hacia arriba, confundido, pero esa expresión de desconcierto pronto se convirtió en horror.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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