Invocando a la espada sagrada - Capítulo 210
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210: Capítulo 210: Adentrándose 210: Capítulo 210: Adentrándose Editor: Nyoi-Bo Studio Los mercenarios rápidamente obedecieron el mando de Rhode y cubrieron sus armas con el agente incendiario.
Entonces, un parpadeo encendió el agente, prendiendo fuego en sus armas.
Pronto, una serie de llamas iluminaron el oscuro túnel.
Rhode hizo un gesto sutil y el grupo de mercenarios rápidamente formó un círculo con él en el centro.
Marlene preparó su varita y entrecerró los ojos con una expresión solemne.
Parecía que después del entrenamiento, el nivel del grupo había mejorado a pasos agigantados, pero… —No solo miren al frente, recuerden mirar hacia arriba también.
La voz indiferente de Rhode hizo eco en el túnel.
Los mercenarios sintieron su tono burlón y levantaron sus antorchas por encima de sus cabezas.
Tal vez fue por su orgullo o por alguna otra razón que los mercenarios no gritaron inmediatamente cuando vieron las atrocidades que andaban por el techo.
Marlene y Lize no pudieron hacer más que taparse la boca para sofocar sus gritos.
—¿Qué-qué son esas cosas?
—¡Ahhh!
Hasta los mercenarios experimentados se sorprendieron, y algunos se cayeron hacia atrás.
—Los huevos han estado dormidos durante bastante tiempo.
La primera frase de Celia hizo que todos se aliviaran un poco.
Sin embargo, lo que dijo a continuación, los hizo congelarse de terror.
—Pero los han fertilizado hace cuatro o cinco días.
«¡Cuatro o cinco días!» Los mercenarios se miraron entre ellos después de escuchar la noticia.
Una vez más, levantaron la cabeza para contar cuántos huevos había, pero luego de un minuto, comenzaron a desesperarse.
Había demasiados.
Por otra parte, era obvio que a Celia no le importaba el estado mental de los mercenarios.
Se volvió hacia Rhode y dijo: —Estos son huevos de Blogg, maestro.
—¿Blogg?
Marlene repitió la palabra perturbada y se volvió hacia Rhode.
—¿Los Bloggs no son los demonios que residen en los Nueve Círculos del Infierno?
¿Cómo aparecieron aquí?
—Los demonios a veces pueden filtrarse por la barrera.
No es raro que suceda —le explicó Celia a Marlene mientras desenvainaba su espada lentamente.
Luego, una llama plateada surgió de la hoja, cegando momentáneamente a los mercenarios, y llenando todo el túnel con una luz brillante—.
A juzgar por la condición de estos huevos, el demonio debe haber estado sellado durante muchos años, pero ha despertado recientemente.
Maestro, creo que… —Celia, es suficiente.
Analizar la situación no es tu trabajo.
Rhode hizo un gesto con la mano para interrumpir a Celia, que bajó la espada en su mano con respeto y cerró sus alas obedientemente.
Los mercenarios más nuevos estaban desconcertados, ya que la mayoría nunca había interactuado con un ángel.
Cuando vieron a Celia por primera vez, se asustaron un poco, y no sabían qué hacer.
Además, no estaban en muy buenos términos con los ángeles.
Aunque los mercenarios veteranos les habían contado sobre la relación de Rhode y Celia, no pareció que los novatos les creyesen.
En cambio, especularon que ambos debían ser como aliados, en lugar de tener un contrato de amo y esclavo.
Pero ahora estaba claro como el agua; el comportamiento sumiso de Celia no se parecía en nada a la ángel guerrera altiva que esperaban que fuese.
—Se-señor.
Kavos tragó saliva y fue hacia Rhode en puntas de pie.
Aunque no oyó claramente lo que Celia le había dicho, estaba absolutamente seguro de que había oído la palabra «demonio».
Para las personas normales, esa palabra era un tabú.
—¿Vamos a luchar contra un demonio?
—Tal vez —contestó Rhode mientras giraba la cabeza y miraba hacia las profundidades del túnel.
Rhode parecía estar tranquilo, aunque demasiado tranquilo para su comodidad.
Si no fuese por las interacciones que tuvo con él hace unos días, Kavos habría concluido que su líder era un hombre sin expresiones.
Incluso sospechaba que sabía lo que iba a pasar.
—¿Por qué preguntas?
¿Tienes miedo?
—Los mercenarios solo queremos dinero; incluso si tenemos que vadear las profundidades del infierno para conseguirlo, ¡lo haremos igual!
Kavos centró sus pensamientos y recuperó la compostura luego de darse cuenta de que ningún otro mercenario había reaccionado a la pregunta de Rhode.
Después de todo, los mercenarios de Starlight ya habían experimentado las aterradoras Serpientes de Viento, los intrépidos no muertos, y otras criaturas espantosas.
Comparado con eso, un demonio que había estado durmiendo durante siglos era pan comido.
La banda de recién llegados de Kavos obviamente estaba perturbada, así que tuvo que toser para ocultar su incomodidad y sorpresa.
—Solo me sorprendí un poco, señor.
—Bien —dijo Rhode.
Luego se volvió, extendió su brazo derecho, y luego lo bajó con fuerza.
Llamas abrasadoras surgieron de la nada, y pronto formaron la silueta de un enorme sabueso negro.
Justo antes de la misión, Rhode usó otro Corazón de Gárgola en el sabueso, subiéndolo de nivel una vez más.
En el pasado, el sabueso solo era un perro grande, pero ahora, finalmente hacía honor a su nombre, el asesino flamígero.
Tenía al menos un metro de altura, un humo ardiente emanaban de sus mandíbulas cada vez que respiraba, y tenía una cadena de brasas como crin, que se extendía desde la parte superior de su cabeza hasta el final de su cola.
El sabueso negro se había transformado en una figura monstruosa.
Por desgracia, a pesar de su aspecto temible, su defensa seguía siendo tan mala como antes.
El párpado de Rhode se contrajo cuando vio el tamaño del sabueso.
En base a su enorme masa corporal, su capacidad de autodestrucción ya debería ser igual a la de un misil mediano.
Si tuviese otra opción, nunca lo hubiese invocado en un túnel estrecho.
Era como tener una bomba del tiempo con patas caminando a su lado.
Rhode chasqueó los dedos y el perro negro inmediatamente agitó su cuerpo vigorosamente.
Al mismo tiempo, apareció un círculo de llamas que envolvió a todos dentro de él.
Aparte de Rhode y Anne, que estaban bien preparados, y de Marlene y Lize, que tenían un escudo defensivo, el resto de los mercenarios sintieron una quemadura en la piel.
Instintivamente, intentaron evitar las llamas, pero rápidamente se percataron de que estaban en un mundo diferente.
Sus alrededores no cambiaron mucho, sin embargo, ahora todo lo que veían tenía un extraño tinte rojo.
Justo debajo de sus pies, había un círculo de llamas girando sobre el suelo que emitía un leve olor a carne quemada.
—Supongo que la mayoría de ustedes ya se dio cuenta de contra qué lucharemos —dijo Rhode.
Los mercenarios levantaron sus armas y asintieron.
Algunos todavía parecían estar indecisos, pero al menos no tenían la intención de retirarse.
«Todo va bien».
Rhode asintió satisfecho antes de volverse hacia adelante una vez más.
—Sigamos adelante entonces.
El ataque del demonio era mucho más fuerte de lo que la mayoría de los mercenarios podía imaginar.
Cuando el grupo se adentró en las partes más profundas, descubrieron unos seres espantosos que jamás habían visto.
Un monstruo color piel del tamaño de una mano, agitó sus extrañas alas de murciélago, y salió disparado hacia ellos chillando fuertemente.
Sin embargo, el aire frente a él estalló sin razón aparente.
Giraron y se posicionaron para defenderse, y en ese momento, los mercenarios lanzaron un ataque mortal.
Cuando sus afiladas espadas entraron en contacto con la suave y carnosa piel del monstruo, se sorprendieron un poco de lo delicado que era su cuerpo.
Esperaban alguna clase de resistencia por parte del monstruo, pero en vez de eso, lo cortaron en dos como mantequilla.
Pero su muerte fue tan repugnante como su apariencia.
Cuando murió, desapareció en un charco de agua sucia, liberando un olor apestoso.
Joey y Randolf comenzaron a mostrar cuánto habían mejorado sus habilidades.
Después del riguroso entrenamiento en el espejismo, finalmente habían logrado acostumbrarse a sus profesiones.
Marlene y Lize tampoco se quedaron atrás.
Esperaban con ansias una batalla real para mostrar sus nuevas habilidades.
Sin embargo, esos pensamientos desaparecieron inmediatamente cuando Rhode colocó un cadáver frente a ellas.
—Miren con cuidado.
Rhode levantó el cadáver quemado del demonio sin titubear.
Tenía seis garras.
Era muy similar a como se veía una mano humana después de pelar la piel.
En el centro de la «palma», había una abertura que se abría y cerraba por sí sola, y si miraban más de cerca dentro del agujero, verían un sinnúmero de tentáculos reptando dentro.
—Si encuentran a otro de estos, recuerden que atacarán sus caras y tratarán de meter esas cosas en sus orificios.
Succionarán sus cerebros y luego pondrán huevos en sus cráneos vacíos.
Cuando vuelvan a abrir los ojos, sus cuerpos serán propiedad de estos monstruos y estarán bajo su control —explicó Rhode con indiferencia, ignorando las caras pálidas de Marlene y Lize—, así que les aconsejo que se queden en un lugar relativamente seguro y solo ataquen cuando lo necesite.
Después del análisis detallado de Rhode, el túnel se quedó en silencio.
A partir de ese momento, ningún mercenario tenía la intención de luchar innecesariamente.
Con el correr de las batallas contra los monstruos, los mercenarios comenzaron a adaptarse a su patrón de ataque.
Ese era el poder de adaptabilidad de los humanos.
Cuando se enfrentaban a lo desconocido, su reacción natural era sentirse ansiosos, pero cuando se acostumbraban a ello, ya no tenían miedo.
—¡Cuidado!
¡A tu izquierda!
Kavos hundió sus dagas duales en un monstruo que voló hacia él.
Luego, con un movimiento fluido, ayudó a retroceder a uno de los mercenarios que casi salía del anillo de fuego.
Detrás de ellos, el sabueso negro estaba en silencio en el centro del círculo.
Kavos y sus hombres sabían que podían luchar con facilidad gracias a ese can.
Aunque no sabía cómo lo hacía, estaba claro que protegía a sus hombres.
Cada vez que los monstruos tocaban las llamas, su movimiento se ralentizaba y podían agarrarlos desprevenidos.
Kavos no estaba seguro de si él y sus hombres podrían derrotar a esos monstruos sin el sabueso.
Con su ayuda, todo lo que tenía que hacer era ordenar a sus hombres que se quedaran en el anillo y mataran a los monstruos cuando entraran.
Poco a poco, el trabajo en equipo de los mercenarios fue mejorando.
Se cubrían las espaldas mutuamente y trabajaban juntos con un objetivo en común.
El frenético movimiento de un punto al otro no se debía a que nunca se habían enfrentado a esos monstruos, sino que eran las repentinas órdenes de Rhode las que los mantenía en un movimiento constante.
Cuando estaban ocupados luchando, de pronto Rhode les ordenaba que se reagruparan en un lugar aparentemente discreto para recibir otro grupo de enemigos que venían de otra dirección.
—¡Maldición!
Un mercenario refunfuñó mientras cambiaba de campo de batalla.
Golpeó a un monstruo que volaba hacia él y miró a Rhode a escondidas.
Aunque estaba disgustado por sus órdenes, no tenía más opción que admitir que Rhode era un buen líder mercenario.
En las batallas, Rhode siempre lideraba al grupo desde la vanguardia, masacrando monstruos con su espada.
En comparación con los mercenarios, él era mucho más eficiente.
Con cada ataque que hacía, un grupo de monstruos caía al suelo.
Aunque las órdenes de Rhode no eran muy agradables al oído, para los mercenarios, que ya estaban acostumbrados a los gritos y a los insultos, lo que pinchaba su orgullo era su tono burlón.
Sin embargo, apenas podían tolerar sus «imprudentes»órdenes.
En su mayoría, los que estaban disconformes eran los mercenarios novatos, pero aun así lo obedecían sin mostrar abiertamente ningún tipo de resistencia.
A pesar de todo, la recompensa valía la pena, y aunque sus órdenes podían ser poco razonables, al menos no los enviaba a morir.
—Parece que va bien —dijo Rhode asintiendo para sí mismo.
Mientras los mercenarios lo miraban de forma discreta, Rhode también les echaba un ojo, observando y estudiando sus movimientos.
Durante la misión, pudo notar la clara mejora del trabajo en equipo en comparación al de antes.
Sin embargo, para él no era una situación ideal.
Preferir rostros familiares era parte de la naturaleza humana.
Si eso continuaba, inevitablemente, el grupo mercenario se dividiría en dos.
Esa era la razón por la que Rhode los hacía ir de un lado a otro, mezclándolos entre sí; para que pudiesen aprender a ayudar a diferentes personas durante las peleas.
Una vez que los mercenarios se diesen cuenta de que podían confiar sus vidas los unos a los otros, habrían dado un paso en la dirección correcta.
Y eso era exactamente lo que Rhode estaba haciendo.
Separó a los mercenarios que tenían una buena relación y los obligó a estar en otro grupo, mezclando a los novatos y a los veteranos.
Afortunadamente, Kavos pudo entender la intención de Rhode, y les dio un sermón a sus mercenarios en nombre de su líder.
Mientras tanto, Marlene y Lize se cubrían detrás del escudo de Anne, y Celia, como de costumbre, se hacía cargo de un lado de la batalla ella sola.
Cada golpe de su espada creaba una ola de intensas llamas plateadas que hacía cenizas a los monstruos que tenía frente a ella.
Sus alas puras y blancas no parecían ensuciarse en lo más mínimo, y mantenían su brillo radiante.
Después de un tiempo, Rhode se percató de que los movimientos de los monstruos se hacían cada vez más erráticos, y sus chillidos más fuertes, como si estuviesen molestos.
Todo progresaba como esperaba.
De repente, levantó su espada en alto y cortó hacia abajo.
Una luz surgió de su espada y formó un arco en el aire.
En ese mismo momento, un enorme tentáculo salió disparado hacia él desde la oscuridad.
La luz cortó el tentáculo en dos.
La sangre de color negro brotó, liberando un horrible olor que llenó todo el túnel.
Entonces, un gruñido fuerte y amenazante sacudió la tierra, haciendo que el resto de los monstruos se retirara a la oscuridad.
Los mercenarios no entraron en pánico.
Por el contrario, rápidamente asumieron sus posiciones defensivas de una manera bastante tranquila.
Sabían que había llegado el plato principal.
Celia corrió hacia Rhode con ambas manos en la empuñadura de su espada.
De repente, Rhode llamó a Marlene.
La joven maga se dirigió a Rhode inmediatamente después de escuchar su nombre.
—Espera a Celia, y luego a mi señal.
Entonces, lancen las espadas de hielo.
Recuerda, debes congelarlo.
En ese momento, una sombra colosal emergió de la oscuridad.
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