Invocando a la espada sagrada - Capítulo 257
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257: Capítulo 257: Tu Decisión 257: Capítulo 257: Tu Decisión Editor: Nyoi-Bo Studio Rayos deslumbrantes destellaron de la espada.
Lo que pareció ser un golpe normal, forzó a los caballeros a alejarse, y algunos incluso dieron unos pocos pasos hacia atrás por la abrumadora presión.
Se sintieron aterrorizados e inseguros.
Vieron la espada larga que apareció ante ellos.
Era una deslumbrante hoja hecha de cristales que emanaba un tenue resplandor.
Tenía incrustadas cornalinas y otras gemas preciosas, además de unas líneas de oro e hilos de plata en espiral.
En la empuñadura de la espada, había esculpida una llamativa y hermosa doncella con las alas abiertas que tenía un brillo sagrado.
Desde cualquier punto de vista, la espada parecía ser una obra maestra perfecta hecha de lujo, gracia, belleza y divinidad.
Algo que no debería existir en ese mundo.
Sin embargo, los soldados no quedaron atónitos por la espada, sino por su dueña.
En todo el continente, solo había una persona que podría usar un objeto tan lujoso como arma.
—Las flores hermosas deben ser admiradas, no pisoteadas.
Deben ser amadas, no destrozadas.
Cualquier acto de violencia para destruir la belleza es el mayor pecado del mundo.
Una belleza imponente emergió en el aire lentamente.
Seis pares de alas de luz se desplegaban a espaldas de la doncella, liberando un incomparable y sagrado resplandor.
Su vestido blanco de muselina lucía muy bien en su esbelta y hermosa figura.
Una armadura de plata apretada contra su piel, liberaba un resplandor tan deslumbrante como su piel.
Incluso en el oscuro, húmedo y desolado callejón, su existencia era tan brillante como el sol.
En ese momento, los caballeros estaban pálidos.
Sus armas ya habían caído al suelo.
Después de todo, en ese continente, y en ese país, todos excepto un bebé recién nacido sabrían quién era esa doncella.
—Destruir la belleza es un pecado.
Empañarla es aún más intolerable.
Los deslumbrantes rayos de la espada volvieron a brillar.
Nadie vio lo que pasó.
Ni Anne, ni Lize ni los caballeros que las rodeaban.
Todos cerraron los ojos después de que el brillante rayo dorado destelló.
Cuando Anne y Lize abrieron los ojos, se asombraron al ver que todos los soldados a su alrededor habían desaparecido.
Todo lo que quedaba en el suelo eran las llamas doradas.
Lydia envainó su espada mientras se acercaba a las jóvenes.
En ese momento, solo quedaban ellas cuatro.
Anne miró desconcertada al arcángel que había aparecido de repente ante ella.
Sin embargo, Lydia no le prestó atención a su descortesía.
En cambio, le mostró una sonrisa apacible.
La examinó con cuidado, y luego llevó su mirada a Christie, que yacía semiconsciente en los brazos de Lize.
Lydia se sorprendió tan pronto como vio la cara de Christie.
Luego, entrecerró sus ojos pensativamente y se volvió hacia Lize.
Lize no pudo evitar encoger su cuerpo y bajar la cabeza.
—Herma… Ah, no, su alteza.
—Preferiría que te dirigieses a mí de otra manera, Lize.
Lydia extendió su mano hacia la joven que había agachado su cabeza y acarició su cabello suavemente.
Mientras le arreglaba el cabello despeinado por la persecución, Lize se quedó quieta con la cabeza gacha.
No levantó su cabeza hasta que Lydia retiró su mano.
—Gracias por salvarnos, su alteza.
—De nada.
Solo pasaba por aquí… en realidad, ellos eran mi objetivo.
Lydia echó un vistazo a los alrededores, pero no había nadie más en ese oscuro callejón.
—Sabía que esas ratas sureñas tramaban algo, pero pensar que realmente hicieran algo así… Lydia hizo una pausa y se volvió hacia Lize.
—Lize, ¿no tienes intención de volver?
—No, su alteza.
Esta vez, Lize levantó la cabeza con valentía y la miró a los ojos.
Luego se mordió suavemente los labios.
—No pertenezco a ese lugar.
Debe comprenderlo bien, su alteza.
—Entiendo lo que piensas, Lize, pero…—Lydia se detuvo y miró a Anne, que las miraba confundida—, tienes que entender que sin importar cuánto la evites o le escapes, tu identidad no cambiará.
La gente a tu alrededor también terminará involucrada en ello.
¿Te has preparado para cuando eso ocurra, Lize?
—dijo Lydia, y suspiró—: Solo puedo decirte una cosa.
Esta gente es de la familia Bier.
Creo que entiendes lo que quiero decir.
—¿La familia Bier?
—preguntó Lize con incredulidad—.
¿Por qué estaban tratando de capturarme?
—Debes saber la razón, ¿cierto?
Esta vez, Lydia no respondió a las dudas de Lize.
Mostró su elegante y gentil sonrisa, y acarició la pequeña cara de Christie.
En un instante, una oleada de energía sagrada emanó rápidamente, y se deshizo de la fatiga en el cuerpo de la niña.
Tan pronto como el dedo de Lydia entró en contacto con Christie, un rayo de luz púrpura destelló, lo que hizo que Lydia frunciese el ceño y regresara a su estado normal casi de inmediato.
—Aunque es cierto que los rayos del sol son deslumbrantes, traicionarlos también llevará a tu caída, Lize.
Nunca olvides que lo que llevas no es solo un honor, sino también una responsabilidad.
Lydia inclinó la cabeza hacia un lado después de aconsejarla.
—Siempre he confiado en ti, Lize.
Así que… Adiós.
Me encargaré de lo que viene, pero solo esta vez.
El arcángel extendió su mano, e hizo un gesto.
Luego, se desvaneció en el aire y desapareció.
Todo lo que quedó en el aire fueron unas cálidas partículas de su resplandor sagrado que iluminaron el oscuro callejón.
Lize abrazó más de cerca a Christie, mientras miraba en dirección a donde Lydia había desaparecido.
Extendió su mano y agarró el polvo de luz que flotaba en el aire con una expresión complicada.
El reconfortante polvo de luz cayó en la palma de su mano, parpadeó, y lentamente desapareció sin dejar rastro.
—¿También mi… responsabilidad?
—dijo la joven en voz baja mientras cerraba su puño y apretó los dientes.
«No le escaparé, hermana Lydia.
Uno de estos días, trabajaré duro, pero, por ahora, por favor, permíteme seguir guardando este secreto…» —¿Hermana Lize?
La voz trajo a Lize de vuelta a la realidad.
Levantó la cabeza y vio a Anne mirándola perpleja —Tú…¿De qué hablabas con su alteza Lydia hace un momento?
¿Por qué Anne no puede entender nada?
—Anne, esto… necesito tu ayuda.
Anne parpadeó con curiosidad.
—¿De qué se trata, hermana Lize?
Si es algo que Anne puede hacer, entonces Anne hará todo lo posible.
—Hoy… Todo lo que nos sucedió hoy, espero que puedas mantenerlo en secreto.
No se lo cuentes a nadie, ni siquiera al Sr.
Rhode.
¿De acuerdo?
No quiero mentirle, solo espero… Cuando sea el momento oportuno, se lo diré yo misma.
—¿Ni siquiera al líder?
Anne se sorprendió.
Frunció el ceño, y reflexionó seriamente durante un momento.
Finalmente, asintió dubitativa.
—Muy bien, hermana Lize.
De todos modos, Anne no entendió lo que las dos estaban hablando.
Incluso si el líder quiere que Anne hable de ello, será difícil.
Ya que tú no quieres hablar de ello, entonces Anne tampoco lo hará.
—Gracias, Anne.
Lize suspiró aliviada.
Luego, bajó la cabeza y vio a Christie en un sueño profundo.
Los poderes divinos de Lydia se habían deshecho del dolor y la fatiga de Christie.
Su tez pálida e incluso verdosa había vuelto a un tono rojizo.
—Vamos, Anne.
Lize llevó a Christie hacia el final del callejón.
En ese momento, aparecieron dos figuras y se acercaron a ellas.
Lize y Anne, que ya se sentían relajadas y calmadas, se pusieron tensas al instante.
Pero, después de reconocer claramente sus rostros, la tensión inmediatamente se convirtió en asombro.
—¿Líder?
—¿Sr.
Rhode?
Rhode y Gillian entraron al callejón.
Él se acercó a las tres jóvenes con una expresión seria, y frunció el ceño mientras observaba los alrededores, como si hubiese descubierto algo.
Luego, se volvió hacia Lize y Anne con desconcierto.
—¿Qué pasó exactamente?
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