Invocando a la espada sagrada - Capítulo 324
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- Capítulo 324 - 324 Capítulo 324 Noche Mágica
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324: Capítulo 324: Noche Mágica 324: Capítulo 324: Noche Mágica Editor: Nyoi-Bo Studio El cielo nocturno lo había envuelto todo en la oscuridad.
Las luces de la Ciudad Dorada entraron por la ventana e iluminaron la oscura habitación.
Bajo esa luz tenue, había dos cuerpos abrazándose.
Entre los movimientos ondulantes había respiraciones y gemidos suaves, apresurados y arrítmicos.
El rico aroma de la jovencita impregnaba la habitación mientras ambos estaban completamente entregados al placer.
Era una escena realmente cautivante.
Rhode se lamió el labio inferior al ver que la apariencia de Marlene era totalmente diferente a la de siempre.
Desde el punto de vista de un hombre, el efecto de ese medicamento no era malo en absoluto.
Incluso pensó en pedirle a Celestina unas cuantas botellas más en caso de que las necesitara.
Si no fuese por su molesto efecto secundario, la poción sería bastante buena.
Marlene entró en un sueño profundo.
Cerró los ojos y cayó en el abrazo de Rhode.
Viendo su aspecto actual, parecía una joven virtuosa y tranquila, pero Rhode sabía lo salvaje que había sido antes.
Francamente, no esperaba que Marlene fuese tan feroz.
Aunque sabía que podría deberse a que estaba bajo la influencia de la droga, realmente no esperaba que la seria y tranquila Marlene tuviese un lado tan inesperado, y él tampoco pudo controlarse.
Como fue ella quien lo invitó, obviamente no pudo decirle que no.
Aunque ahora estaban tranquilos, las sábanas húmedas y las marcas rojas en su piel blanca y pálida, mostraban cuán intensos habían sido.
Rhode se rio al pensar en eso.
Al mismo tiempo, Marlene frunció el ceño como si hubiese percibido las risas de Rhode, pero pronto volvió a caer en un dulce sueño.
Rhode aún podía ver rastros de dolor en su rostro, y los arañazos en su espalda lo demostraban.
Podía sentir ese dolor punzante en su espalda con solo recordarlo.
Sabía que no había manera de que una chica que había perdido su consciencia y que obedecía completamente su instinto al deseo pudiese controlarse.
Por eso, debía asumir la responsabilidad.
Aunque estaba mentalmente preparado, quedó exhausto después de satisfacer sus locos deseos.
Incluso después de un tiempo, siguió sintiéndose algo cansado.
Claramente, esa «lucha feroz» fue una actividad física muy intensa para él.
«Como esperaba.
¿Acaso fue demasiado para una jovencita como ella?» Rhode agitó la cabeza al pensarlo.
Marlene estaba durmiendo debajo de él.
Quizá había sido demasiado intenso y había gastado demasiada energía.
Respiraba lentamente con sus ojos cerrados.
Pronto, el enrojecimiento en su rostro desapareció, y su estado pareció mejorar.
Al parecer ya se había recuperado, pero Rhode aún no podía confirmar si había vuelto a la normalidad o no.
Sin mencionar que era bastante escéptico del «método de desintoxicación» que le explicó Celestina.
Sin importar cómo lo veía, la situación era muy similar a la de las novelas de artes marciales de segunda que vendían en los puestos junto a la carretera que habían sido populares hacía décadas, donde el héroe acosaba a la heroína con el fin de conseguirla.
Aunque la sociedad en Dragon Soul Continent no era moderna ni de mente abierta, conociendo a Marlene, cuando despertara no actuaría como las heroínas de las novelas de artes marciales que seguían las enseñanzas de las tres obediencias y las cuatro virtudes[i], y que decían cosas como «ya que has poseído mi cuerpo, ahora soy tuya».
Pero desde su punto de vista, Rhode ya consideraba a Marlene como su mujer.
Aunque la situación fue crítica e inevitable, al final fue él quien se aprovechó de ella y nadie más.
Así que, naturalmente, debería ser el que asumiera la responsabilidad.
Por supuesto, no se responsabilizaría de una mujer con la que tuvo sexo casual porque eso era algo que ambos decidían hacer voluntariamente.
Hubiese pensado o no en las consecuencias, ya había accedido, por lo que no tendría que tomar ninguna responsabilidad.
Para empezar, el sexo casual no tenía nada que ver con la responsabilidad.
Pero en el caso de Marlene, Rhode no podría ponerla en la misma posición que aquellas mujeres que se emborrachaban por una variedad de razones y querían encontrar a alguien que las consolara.
Tendría que enfrentar ese problema cuando Marlene despertara.
Después de todo, tampoco tenía la necesidad de escapar.
«¿Está bien que haga esto?» Rhode frunció el ceño mientras miraba el rostro dormido de Marlene.
En ese momento, sintió que el frío que había sentido después de beber la poción entró en su cuerpo.
La cara de Marlene ya no estaba tan sonrojada como antes y su temperatura casi había vuelto a la normalidad.
Al menos el antídoto parecía funcionar bien, ya que la fiebre había desaparecido.
Sin embargo, era difícil determinar si había tenido el efecto deseado.
Aunque para asegurarse, y como ya lo había hecho, era mejor que lo hiciera unas cuantas veces más.
Francamente, Rhode deseaba hacerlo varias veces más, pero la poción que Celestina le dio también le había afectado a él.
En una situación normal, no tendría ningún problema para hacerlo con una joven virgen hasta la medianoche, pero esta vez, se sentía un poco exhausto.
Podría hacerlo una vez más, pero se terminaría desmayando.
También sentía que la sensación fría en su cuerpo había desaparecido, así que no tenía sentido continuar.
«Olvídalo.
Me detendré aquí».
Pensando en esto, Rhode agitó la cabeza y se levantó.
Se vistió y miró a Marlene.
Dormía en la cama tranquilamente, pero aún era incierto si se había curado o no.
Aunque Celestina le prometió que funcionaría bien, había muchas cosas que no se podían resolver con solo confiar en ello.
Lo único que podía hacer era esperar y ver si se curaba.
Sin embargo, desde cierto punto de vista, no sería tan malo que el antídoto no funcionara, ya que Marlene se convertiría en su esclava más fiel.
Mucha gente querría encarcelar a una joven tan hermosa.
En cuanto a Rhode, su deseo al respecto también era significante.
De lo contrario, en el juego, no habría tenido una relación «íntima» con Canario.
Tener sexo estaba bien, pero volverse loco por ello era demasiado.
A juzgar por la seriedad del asunto, si Marlene hubiese enloquecido, su control sobre los hechizos mágicos probablemente habría disminuido.
Marlene, la maga genio del Reino Munn, no sería diferente a una maga común y corriente.
Rhode tampoco deseaba que se convirtiera en una marioneta.
Después de todo, su encanto radicaba en su confianza y arrogancia.
Si lo perdiese, ya no sería Marlene, sino una completa extraña.
Francamente, a Rhode le gustaba la chica que le sonreía con confianza, y que a veces se quejaba de sus decisiones, pero aun así seguía sus órdenes y tomaba la iniciativa de asumir la responsabilidad cuando era necesario.
Esa chica era mejor que una mascota que solo podía mover la cola delante de su dueño.
Rhode aún no había resuelto el problema por completo, o más bien, lo que había resultado era solo el principio.
Rhode necesitaría enfrentarse al problema que surgiría más tarde.
Con eso en mente, Rhode suspiró.
Se acercó para vestir a Marlene, luego la cargó y caminó hacia la ventana.
Bajo la luz de la luna, Marlene dormía abrazada a Rhode tan dulcemente como un niño.
Sonreía de una forma tierna, inocente y encantadora, haciendo que Rhode se sintiese cautivado.
Extendió su mano y acarició suavemente su largo cabello.
Al sentir las caricias, Marlene entrecerró los ojos como un gatito dormido.
Se dio la vuelta y volvió a dormirse.
Al ver esa escena, Rhode no pudo evitar curvar la comisura de sus labios y sonreír.
Si el antídoto funcionase y Marlene se despertara, ¿cómo le explicaría todo?
Aunque Rhode había decidido asumir la responsabilidad, ¿qué pasaría con Marlene?
¿Aceptaría convertirse en su mujer?
¿O tendría otros planes en mente?
Para él, eran misterios sin resolver.
Después de todo, Rhode nunca había pensado en Marlene como una posible pareja, por lo que rara vez se preocupaba por estos temas.
Además, Marlene era la heredera de la familia Senia, así que era imposible que ella sola pudiese decidir con quién casarse, y era muy poco probable que renunciara a sus obligaciones.
Su familia siempre la apoyaba pero, al mismo tiempo, era una responsabilidad que tendría que asumir.
Además, debía asumirla ella sola.
Por eso Rhode tenía que considerar la situación.
Pero de cualquier manera, ya se había decidido.
[i] Las tres obediencias y las cuatro virtudes eran los principios morales más básicos de las mujeres solteras y casadas en la antigua China y el este de Asia.
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