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Invocando a la espada sagrada - Capítulo 442

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442: Capítulo 442: Laberinto Subterráneo (V) 442: Capítulo 442: Laberinto Subterráneo (V) Editor: Nyoi-Bo Studio Rhode confirmó que sus conjeturas eran correctas después de que el trío entró a las ruinas.

En la enorme cueva subterránea, pudieron ver los restos de los soldados no muertos dispersos en el suelo.

Era evidente que una feroz y larga batalla había tenido lugar.

—¿Por qué habría rastros de una batalla?

—preguntó Anne con curiosidad después de notar la horrible imagen.

Agarró su escudo con fuerza y escudriñó los alrededores atentamente a medida que avanzaban—.

¿Alguien vino antes que nosotros, líder?

¿Qué debemos hacer?

—Veamos quién tiene las agallas —respondió Rhode sin darse la vuelta—.

Creo que Barter no haría estas cosas a nuestras espaldas.

Pero tampoco puedo confirmarlo.

Aunque los aventureros y los grupos mercenarios pueden haberse topado con este calabozo, pueden olvidarse de arrebatarnos esta misión.

A pesar de que Rhode habló con confianza, su expresión dijo lo contrario.

En este momento habían entrado al túnel y atravesado la entrada de la ciudad subterránea.

Rhode esperaba varios tipos de criaturas no muertas, pero en su lugar vio todo tipo de cadáveres.

Esto no era algo que unos aventureros ordinarios o un grupo mercenario pudiera lograr.

Solo las hermandades poderosas podían mostrar tal estándar.

Este descubrimiento no era algo bueno.

Si realmente otra hermandad entró antes que ellos, solo había dos posibilidades.

La primera era que fueran los Lirio Púrpura, y la segunda era que fuera una hermandad de otra región.

Pero Rhode sentía que lo último era imposible.

Liberty Wings había sido disuelta a la fuerza y no tenían razones para estar aquí.

Los Sky Sword sufrieron unas pérdidas enormes en el Festival de Verano y no tendría sentido que estuvieran buscando problemas.

«Pero, ¿qué debería hacer si fueran Cole Falcon o Lirio Púrpura?» Rhode alzó la cabeza y miró las ruinas de la ciudad.

Eran diferentes de la cámara subterránea que había bajo Ciudad Águila.

Todo este lugar se había hundido en una cavidad subterránea.

El techo que había sobre la ciudad era una pared de la cueva en forma de arco, y el abismo sin fondo que estaba debajo de la ciudad era evidente bajo las iluminadoras llamas.

Si no fuera por las gruesas estelas que sostenían la ciudad desde abajo, tal vez esta se habría sumergido totalmente en la oscuridad del abismo.

Sin embargo, esta ciudad abandonada no estaba pintada por una oscuridad total.

Las linternas colgadas en los aleros de los edificios, ubicados a ambos lados de la calle principal, estaban encendidas.

Esas llamas representaban el ardiente fuego de las almas muertas.

Las llamas no eran cálidas y tenían un color aguacate.

Sin embargo, aun así, esta ciudad olvidada estaba muy iluminada.

Desde lejos parecía que funcionaba normalmente.

Pero había un silencio total.

Rhode disminuyó la velocidad al adentrarse en la ciudad por la calle de granito.

Había restos de los soldados no muertos por doquier.

Pero por razones desconocidas, Rhode estaba algo familiarizado con las heridas que tenían.

«Es demasiado extraño que este lugar esté tan tranquilo».

Rhode le hizo una señal a las jóvenes que lo seguían.

Se negó a creer que una hermandad fuera capaz de atravesar un sinfín de oleadas de ataques de monstruos.

Y si realmente una batalla así tuvo lugar, toda la ciudad debería estar llena de gritos de guerra.

Además, Rhode conocía las cataclísmicas técnicas de batalla de Barter que podrían destruir toda la ciudad.

Actuar como un niño obediente y entrar silenciosamente en casa de alguien más no era la naturaleza de Barter.

—Síganme.

—Rhode les hizo una seña.

Las ruinas de esta ciudad no eran muy diferentes de lo que recordaba.

El camino que conducía al área central estaba completamente enterrado por las ruinas y era imposible escalarlas.

La solución era ir a la carretera suplementaria del norte o a los callejones ocultos detrás de los edificios.

Con la experiencia de Rhode, rápidamente encontró el camino que los llevaría a su destino en el menor tiempo posible.

Cuando avanzaron y doblaron la esquina, entrando en un callejón, se detuvo abruptamente.

Anne abrió los ojos con curiosidad y exclamó suavemente.

Un hombre vestido con traje de ladrón estaba recostado de la pared, dándole la espalda al trío.

Unas afiladas espadas habían atravesado y clavado su cuerpo contra la pared, y ni siquiera la muerte había podido salvar al ladrón de los terrores que se apoderaron de su rostro.

Rhode respiró hondo y se acercó al ladrón con cautela.

Surgieron dudas en su cabeza apenas examinó el cuerpo.

—Es extraño.

No parece alguien de una hermandad.

Rhode revisó el cuerpo de pies a cabeza.

Sombrero, pendientes, cinturón, dagas y botas.

Nada reveló algo que Rhode quisiera ver, y eso era una insignia de hermandad.

Era obligatorio que cada miembro tuviera una.

Esta demostraba la identidad y rango y, más importante aún, fortalecía el sentido de pertenencia dentro de la hermandad.

Además, casi todas las insignias eran únicas para evitar robos de identidad.

Desde que Starlight fue establecido, Rhode había modificado las insignias.

La insignia de Starlight tenía forma de estrella cuadrilateral rodeada por un halo blanco.

Sin duda alguna, había insignias de todas formas y tamaños.

La de Rhode era un anillo que llevaba en el dedo, y la de Gillian era un par de pendientes con forma de estrella.

Anne, por otro lado, tenía la insignia incrustada en su escudo.

Con estas marcas, cualquiera podría reconocer a qué hermandad pertenecían solo con verlos.

Pero no había indicios de que este ladrón perteneciera a una hermandad.

Su daga y armadura eran equipos de baja calidad, comprados en tiendas de comerciantes y, por lo general, estos equipos eran comunes en mercenarios solitarios o en grupos pequeños que no pasaban de tres o cuatro integrantes.

«¿Un pequeño grupo de mercenarios que fuera capaz de derrotar a la primera línea de defensa del nigromante y entrar al laberinto subterráneo?

¿Quién tenía unas habilidades así?» —Vamos.

—Rhode estaba curioso y dudaba al mismo tiempo, y continuó adentrándose el callejón.

A medida que avanzaban, el estrecho callejón se ocultó gradualmente de las brillantes llamas.

En un instante, el trío entró una vez más en la oscuridad.

Sin embargo, bajo el liderazgo de Rhode, pasaron por el estrecho y sombrío callejón sin problemas, y doblar solo una esquina más los llevaría al área central.

En este momento, Anne se detuvo bruscamente y abrió los ojos.

—Líder, creo que escuché a alguien peleando.

—¿Oh?

—Rhode se detuvo rápidamente, y Gillian movió las orejas y asintió.

—Así es.

Están cerca, pero no demasiado…

Deben estar en las profundidades del área central…

Y hay un montón.

—¡Genial!

—Rhode se relajó, ya que sus instintos parecían estar en lo correcto.

En el área central más profunda estaba el denominado «Destierro de Imposición».

El lugar estaba lleno de una corriente interminable de criaturas no muertas y constructos terroríficos.

Estas criaturas patrullaban por doquier y lanzaban ataques a cualquier cosa que diera señales de vida.

Hablando como un jugador, el mapa era lo mejor para acumular EXP.

Una vez que un jugador comenzara a luchar contra las criaturas, todas las demás masas de criaturas no muertas de la ciudad volarían hasta donde se encontraba el jugador.

Además, el ejército no muerto sería activado y el jugador tendría que eliminarlo por completo antes de avanzar.

La única solución era usar el equipo de la cámara subterránea para activar la barrera de defensa de la ciudad, con el fin de que los constructos convirtieran atacaran a las criaturas no muertas.

Las barreras de defensa que el equipo activaba también podrían proteger contra los ataques del ejército no muerto y separarlos completamente de Rhode.

Así, todo el calabozo entraría en la dificultad normal, lo que la hacía mucho más fácil.

—Echemos un vistazo —sugirió Rhode.

Tal vez las criaturas no muertas habían ido a la zona central, por lo que el grupo de Rhode no las vio en el camino.

Sin lugar a dudas, Rhode no dejaría ir esta gran oportunidad, ya que esta desinteresada persona había tomado la iniciativa de atraer la atención de todas las criaturas.

Pronto, el trío llegó a la plaza pública del área central.

Allí vieron a las mentes maestras.

Estaban en medio de una batalla y, como era de esperar, sus enemigos eran las terribles criaturas no muertas.

Estas aullaban insoportablemente y abrumaban a sus enemigos como si quisieran volver pedazo a esos intrusos.

Rhode abrió los ojos con curiosidad y miró al patético grupo que luchaba por defenderse de las criaturas no muertas.

El grupo tenía menos de diez personas y todos vestían armaduras idénticas a las de los aventureros comunes.

Quizás estos lamentables humanos mueran incluso antes de acabar con la primera ola de ataques.

Sin embargo, alguien era la razón por la que podían aguantar.

Ese hombre estaba al frente del grupo.

Agarraba su espada con ambas manos, y unas llamas blancas y plateadas surgían de su hoja, formando una delgada barreraque mantenía alejadas a las criaturas no muertas.

Era evidente que esta barrera estaba a punto de desaparecer, ya que el fuego empezó a desvanecerse.

Para sorpresa de Rhode, notó un par de alas blancas extendidas sobre la espalda del hombre: era un ángel guerrero.

No era de extrañar que Rhode estuviera familiarizado con las heridas que tenían las criaturas no muertas.

Los ángeles guerreros eran expertos en aniquilar a las criaturas no muertas con sus llamas sagradas.

La boca de Rhode hizo una mueca.

—Vamos, Anne, Gillian.

Sigan el plan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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