Invocando a la espada sagrada - Capítulo 469
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- Capítulo 469 - 469 Capítulo 469 Asesinato Bajo La Lluvia
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469: Capítulo 469: Asesinato Bajo La Lluvia 469: Capítulo 469: Asesinato Bajo La Lluvia Editor: Nyoi-Bo Studio Una poderosa tormenta rugía.
Para Felwood, no era un buen día para hacer un cerco.
El oscuro cielo nocturno les impedía encender sus antorchas porque temían que esos bastardos los vieran y les dispararan flechas desde arriba.
No había ningún sonido aparte del goteo del fuerte diluvio, y no se podía distinguir nada más que el contorno de las nubes oscuras.
A Felwood le preocupaba que el grupo de fugitivos pudiese escapar.
Sin embargo, lo más probable era que cayeran a su muerte incluso antes de que los asesinaran sus hombres.
—Maldición…—refunfuñó Felwood mientras presionaba su oído contra el húmedo suelo tratando de escuchar el más mínimo sonido rítmico.
Los fugitivos podrían intentar escapar de ellos, pero su grupo estaba lleno de élites astutas y experimentadas del parlamento del País de la Luz.
Felwood sabía lo importante que era la misión y, si tenía éxito, podría salir de su aprieto y esconderse en una habitación cálida y cómoda como la de ese viejo bastardo Worchester, que bebía y abrazaba mujeres relajado mientras le ordenaba que se tumbara en el suelo entre las rocas y la madera muerta.
—Disfruta lo que tienes; solo Dios sabe si recibirás tu castigo—se quejó Felwood una vez más.
De repente, un viento inaudible sopló en su rostro y lo dejó temblando.
Entrecerró los ojos e inspeccionó sus alrededores con cautela, pero no había nada fuera de lo común.
Apretó el colgante frente a su pecho y, en un instante, su oscuro entornose iluminó como si hubiese salido el sol de la tarde.
Cada centímetro de hierba, madera y arena apareció ante él claramente.
Miró hacia la colina, pero no vio ninguna criatura vagando por ahí.
«Debe haber sido mi imaginación».
En ese momento, otra ráfaga de viento frío sopló en su cara.
Se tocó la mejilla mientras soltaba el colgante.
Pronto, el paisaje ante sus ojos recuperó su oscuridad, y Felwood volvió a presionar su oreja contra el suelo.
Rhode dejó de moverse.
Miró hacia abajo, y vio que los movimientos de las personas eran tan deslumbrantes comoseñales reflejadas por un sensor infrarrojo.
Estaban dispersos en una colina cerca de sus objetivos, como escorpiones acechando en las grietas entre las rocas esperando a su presa.
«Lacayo del parlamento».
Rhode recordó las escenas de cuando se enfrentó al parlamento del País de la Luz en el juego.
Su grupo enfrentó muchos ataques furtivos de esos bastardos después de haber limpiado numerosos calabozos.
Por eso Rhode tenía experiencia escabulléndose a través de su red de vigilancia.
Se dio vuelta ydesapareció entre las sombras.
Acto seguido, emergió sobre otra roca y, al mismo tiempo, escapó discretamente de la vista de otro hombre.
Si no fuese por la tormenta y el negro cielo nocturno, quizá no se habría colado tan fácilmente.
Rhode corrió hacia delante como un pedazo de papel revoloteando en un fuerte viento, y llegó a la entrada de una cueva oscura.
En un abrir y cerrar de ojos, entrócamuflándose en silencio.
—Uff… Rhode se apoyó contra la pared de roca y recobró el aliento.
Mientras limpiaba el agua de lluvia de su máscara, Viktor entró a la cueva tambaleándose vestido con una ropa negra que lo hacía uno con la noche.
Rhode le echó un vistazo a la diminuta escultura de piedra preciosa que colgaba delantedel pecho de Viktor.
—Vaya, no esperaba que fuese más rápido que yo—dijo Viktor asombrado.
—Usted también es bastante rápido—respondió Rhode asintiendo.
Viktor se dio cuenta de que ese no era momento para charlar.
Recogió una piedra del suelo y golpeó la pared varias veces.
«Toc, Toc, Toc».
El sonido claro y rítmico se transmitió por las paredes de la cueva.
Después de un tiempo, resonóun eco suave.
—Genial, todo está bien.
Viktor suspiró aliviado antes de llamar a Rhode.
Luego, iluminó la cueva con un opaco brillo mágico en su mano.
La cueva era completamente natural; había estalactitas colgando del techoyun camino de rocas corroídas.
Sin embargo, también había materiales metálicos artificialespeligrosos escondidos entre las rocas.
Al dúo le tomó unos diez minutos llegar al final de la cueva.
A diferencia del oscuro cielo nocturno, la fogata que había allí iluminaba más de diez metros cuadrados dentro de la cueva.
Los mercenarios completamente vestidos con armadura se aferraron a sus armas sentados alrededor de la fogata y miraronhacia la salida de la cueva atentamente.
Todos suspiraron de alivio al ver la llegada de Viktor.
Intercambiaron miradas y bajaron sus armas.
Entonces, un hombre vestido con un atuendo de ladrón se levantó y lo saludó.
—Uff, jefe, por fin volvió.
Estábamos muy preocupados por usted…—dijo el hombre, pero se detuvo y frunció el ceño al darse cuenta que Rhode estaba detrás de Viktor.
Luego, lo escudriñó con duda en sus ojos—.
¿Quién es este hombre?
—Oh, él es… Rhode observó a todos de pies a cabeza mientras Viktor lesexplicaba quién era.
Aparte de esos mercenarios, había cuatro o cinco hombres de entre 40 y 50 años de edad vestidos con túnicas que parecían estar fuera de lugar.
Entre ellos, también había un anciano exhausto con barba y cabello blanco, descansando con los ojos cerrados.
«Ese debe ser el presidente del parlamento de la Montaña Soraka».
Viktor terminó de explicar la composición del grupo de Rhode.
Obviamente, no les reveló su verdadera identidad porque, después de todo, incluso élhabía ido a la Montaña Soraka usando un alias.
Además, ese tampoco era el momento apropiado para que él se confesara.
Les mencionó a sus hombres que Rhode era un aliado confiable y les explicó su plan detalladamente.
En resumen, los hombres de Viktor jugarían un papel importante en la misión y si no podían actuar en consecuencia, todo el plan sería en vano.
—¿Nos vamos ahora?—preguntó ansioso uno de los mercenarios.
Como era de esperarse, se mostraron vacilantes tras escuchar las palabras de Viktor.
Aunque estaban mentalmente preparados para salir, la oscura y agresiva tormenta era algo intimidante.
Sin mencionar que no tenían ni idea de dónde podrían estar acechando sus enemigos, y aunque la tormenta podría serles un obstáculo, ¿no les afectaría a ellos también?
Uno de los hombres con túnica rompió el silencio.
—Sr.
Solard, ¿debemos irnos ya?
Nuestro presidente no se siente muy bien y si nos vamos ahora, temo que no pueda soportarlo… Además, ¿qué tal si los enemigos tienen una trampa preparada?
—No se preocupe por eso, Sr.
Silas—aseguró Viktor.
«”Solard”.
Parece que ese es el alias de Viktor».
Antes de dirigirse hacia la cueva, Rhode le había explicado la situación actual a Viktor, y este había entendido por qué decidió que salieran en ese momento.
—Estuvieron aquí por varios días y ellos aún no han podido verlos.
Por lo que observamos, lo más probable es que ya no traigan más hombres.
En tales circunstancias, si decidimos romper su cercoy fracasamos, definitivamente nos cortarían el margen de maniobra para evitar que nos volvamos a esconder.
Además, les será extremadamente difícil dispararnos flechas con este tiempo horrible, y mientras nos preparemos, no deberíamos tener demasiados problemas.
Además… Viktor se detuvo y miró al anciano que estaba en el medio frunciendo el ceño.
—Mientras estuve afuera, oí que se apoderaron de media ciudad y que toda la Montaña Soraka está hecha un caos.
Si el presidente no regresa a tiempo para la reunión del parlamento, la situación tal vez empeore.
—¿Qué?
—exclamaron los hombres con túnicas, ya que nunca habían pensado que la Montaña Soraka acabaría en tal estado.
—Yo iré—dijo de repente una voz frágil y solemne.
El anciano abrió los ojos y se puso de pie apoyándose en el brazo de otro hombre—.
La Montaña Soraka está en peligro y no podemos permitir que suceda esto.
No queda mucho tiempo antes de que comience la reunión del parlamento, así que en lugar de ser demasiado cuidadosos, ¡debemos irnos ahora mismo!
¿Qué es un cuerpo viejo y cansado como el mío comparado con la totalidad de la Montaña Soraka?
Me arrastraré de vuelta si es necesario, y expondré a las personas que han sido cegadas por el poder y sus intereses.
Mientras esté vivo, no permitiré que se metan con la Montaña Soraka.
—¡Sr.
Presidente!
Los hombres vestidos con túnicas lo miraron con ansiedad y no pudieron decir ni una palabra bajo su imponente mirada.
Viktor aprovechó la oportunidad e intentó disipar la preocupación de todos.
—No se preocupen, el compañero que vino conmigo trajo algunos clérigos hábiles.
Mientras podamos salir de su cerco, podremos pedirles que curen al presidente.
Confíen en mí, no debería haber ningún problema.
—¿De-de verdad?
Los hombres con túnicas se sintieron aliviados al oír las palabras de Viktor.
Luego se volvieron hacia Rhode rápidamente, con la esperanza de recibir una respuesta definitiva.
Rhode permaneció en silencio y solo respondió asintiendo.
Los hombres suspiraban aliviados.
—Muy bien, necesitaré toda su ayuda.
Perdón, no nos presentamos —dijo el presidente con una sonrisa.
—Ah, por favor, perdone a mi amigo.
Es un poco raro y no le gusta revelar su nombre.
Puede llamarlo… Viktor se detuvo un momento mientras sus hombres detectaban claramente el ligero temblor en un músculo del rostro del líder de su hermandad, como si le resultara difícil encontrar una respuesta.
Entonces, respondió con confianza: —Puede llamarlo«Hombre Enmascarado».
Toda la cueva cayó en un silencio incómodo, quizá porque ese nombre era demasiado extraño.
El primero en hablar fue el presidente.
Después de todo, había visto todo tipo de cosas en su vida, y aceptó su decisión de no revelar su nombre.
Asintió hacia el «Hombre Enmascarado», se inclinó levemente y dijo: —Siento molestarlo, Sr.
Hombre Enmascarado.
Por el futuro de la Montaña Soraka, le garantizo que obtendrá mi gratitud si nos llevan de vuelta a salvo.
Rhode no respondió, y le hizo una seña a Viktor para que salieran.
Viktor se dio vuelta y les ordenó a sus hombres: —Muy bien, prepárense.
¡Saldremos ahora!
Mientras el cielo nocturnooscurecía, la tormenta se hacía más fuerte.
Cuando el grupo se acercó a la salida, las feroces gotas de lluvia golpeaban el suelo como piedras.
Muchos dudaron, pero Rhode salió directamente hacia la oscuridad.
Viktor apretó los dientes y, aunque no era la primera vez que participaba en una misión tan peligrosa, no pudo deshacerse de su nerviosismo.
Enfocó su atención hacia el frente y dio otra orden a sus hombres: —¡Enciéndanlas!
Los mercenarios de Viktor encendieron lámparas de aceite y las levantaron mientras salían de la cueva.
Las débiles y tenues llamas eran como barcos sin esperanza luchando sobre fuertes olas, pero eran más que suficientes para que los que estaban estacionados abajo las vieran.
—¿Están afuera?
—exclamó Felwood abriendo los ojos de par en par al ver las tenues luces que había sobre él.
Se frotó los ojos y confirmó—: Sí, esas no son estrellas ni rayos.
Son el brillo de lámparas de aceite.
¿Realmente creen que podrán escapar?
—¿Qué hacemos, líder Felwood?—preguntó ansiosamente uno de sus hombres.
—¡Ve a echar un vistazo!—ordenó.
Era imposible que sus hombres atacaran al grupo del presidente con flechas bajo esa poderosa tormenta.
Por suerte para Felwood, tenía unos 60 hombres en el perímetro, mientras que el grupo del presidente solo eran una docena.
«¿Creen que podrán atravesar nuestro cerco en la base de la montaña usando la naturaleza como cobertura?
Aunque sería mucho más difícil capturarlos si realmente logran escapar al bosque, ¿podrá ser que estos tipos me estén provocando para que los ataque?» —Si esos bastardos no tienen intención de salir, continúen monitoreándolos, pero si se alejan de la cueva, rodéenlos por completo y eviten que regresen a su nido.
Ya que los ratones finalmente han salido a jugar, no se lo pondremos fácil.
¿Entendido?—ordenó Felwood.
—¡Sí, líder!
—contestó uno de sus hombres, y desapareció en una fracción de segundo.
Felwood agarró la empuñadura de la daga en su cintura.
La tormenta rugió como si fuese un monstruo anunciando el baño de sangre que se avecinaba.
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