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Invocando a la espada sagrada - Capítulo 506

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506: Capítulo 506: Trompetas De Rebelión 506: Capítulo 506: Trompetas De Rebelión Editor: Nyoi-Bo Studio El ilimitado océano que estaba debajo del oscuro cielo era tan aterrador como siempre.

Henry cerró los ojos y se aferró a las heladas paredes, pero se mareaba al abrir los ojos y mirar hacia abajo.

—¡Eh, vuelve aquí, novato!

—Una áspera voz asustó al joven soldado y se separó apresuradamente de la pared.

Se secó el sudor de la frente y se volteó hacia el hombre que caminaba hacia él.

El hombre era un soldado robusto y experimentado con barba—.

Demonios, novatos.

Más te vale que no tiembles del miedo como un canalla.

¡No quiero reportarle a los superiores mañana que un idiota se cayó del muro y se rompió el cuello!

Has estado aquí tres meses, ¿todavía no te acostumbras?

—S-Sí…

Lo siento, señor, yo…

—¡Más alto!

¿No cenaste, bastardo?

—¡Lo siento, señor!

—el joven soldado cerró los ojos y gritó con toda su fuerza.

El veterano asintió satisfecho antes de darle un golpe en el hombro y escudo—.

Así es, chico.

Recuerda, jamás pienses que estás aquí por diversión, no es un trabajo fácil.

Relájate y, así es…

¡párate derecho!

¡Te pedí que te relajaras, no que te convirtieras en un charco de lodo!

Mantente alerta en tus rondas nocturnas, especialmente porque no ha habido mucha paz últimamente.

Quién saber qué puede pasar.

—¡Sí, señor!

Pero…

—¿Pero?

—El veterano lo miró de vuelta y el novato cerró la boca.

Esto era el ejército y estaba en un campamento militar.

Aunque tenía suficientes razones, no tenía permitido contestarle a su supervisor.

Después de todo, el deber de un soldado es obedecer órdenes, y los novatos no hacían pregunta—.

Bien, no es como si no supiera de lo que hablan ustedes, inútiles.

Tal vez porque el novato no respondió, la expresión del veterano se suavizó un poco.

Sacó una petaca de su bolsillo y bebió un trago de licor antes de voltear hacia el oscuro y profundo océano al que Henry le temía.

—Estamos lejos de la frontera y, aparte de algunos criminales sueltos y esos bandidos, no hay más nada de qué preocuparse en este sitio aislado.

Je, je…

sé lo que piensan.

Nada de amenazas, de guerra; tan pacífico como un excremento de perro.

Pero aunque sea así, deben dejar su cálido nido en casa y hacerle guardia al océano donde no hay nada.

¡Ja, ja!

Yo fui igual cuando llegué.

De hecho, también pienso que este fuerte es inútil.

Es pequeño, sucio y está lejos de cualquier riesgo.

Demonios…

Es muy afortunado y desafortunado hacer guardia aquí.

Mira el lado bueno, chico.

No les tengas envidia a tus estúpidos compañeros que izan sus estandartes mientras cabalgan a la frontera.

No pienses que te mueres del aburrimiento aquí, porque cuando estés en tu cómoda tierra natal al final del año y escuches a tu vecino llorando por su hijo muerto, sabrás lo afortunado que eres ahora.

—¡Sí, señor!

—Je, je…

a juzgar por tu apariencia, sé que no escuchaste nada de lo que dije.

Da igual.

No entenderías porque no lo has vivido todavía.

Bien, sigue haciendo guardia.

Escuché que el otro lado es muy caótico últimamente.

Aunque no creo que pase nada serio, espero que te tomes esto en serio…

¿Eh?

¿Qué es ese ruido?

Un agudo zumbido sonó de la nada.

El joven soldado vio un resplandor frente a él y poco después, el humo de una explosión lo envolvió por completo.

—¡Ahhh!

¡Ahhh!

—Henry alzó la cabeza y se dio cuenta de que la pared sólida y lisa había colapsado por completo.

El oficial que estaba junto a él había desaparecido, y donde estaba ahora había unas ardientes llamas.

—¿Q-Qué está pasando?

—El joven soldado se puso de pie, y escuchó gritos y explosiones enormes.

Miró el océano y vio una sucesión de bengalas explotando en el oscuro mar.

Pronto, unas explosiones sonaron en el fuerte y el terreno sobre el que estaba empezó a colapsar.

Aunque desenfundó su espada, se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué hacer a continuación.

A pesar de todo, solo una palabra clara apareció en su mente.

¡Emboscada!

—Señor, todos nuestros ataques dieron con el objetivo y el enemigo no tiene cómo defenderse.

También nos deshicimos de sus cañones y podemos prepararnos para luchar en tierra.

—Hmph.—El hombre con sombrero de capitán mordió su pipa y miró el fuerte que ardía envuelto en nubes de humo—.

Bastardos ciegos por la paz, qué lento reaccionan.

Pensé que el Fuerte Brenhill, responsable del Camino Principal Norte-Sur, sería más difícil de vencer…

Remitan mi orden: ¡Prepárense para desembarcar y pelear!

¡De hoy en adelante, el Bosque Brenhill ya no le pertenecerá al Reino Munn!

¡Será el territorio de nuestra Federación del Sur!

Sonaron los toques de clarín.

Una decena de buques de batalla salió de la oscuridad, como si fueran los protagonistas del espectáculo.

Avanzaron lentamente, bajaron los botes pequeños y aceleraron hacia la orilla.

Al mismo tiempo, otra ronda de bengalas explotó desde los enormes buques.

—¿El Bosque Brenhill está bajo ataque?

—Barak se puso de pie y el comportamiento habitual del comandante en jefe de la Legión del Sur había desaparecido.

Abrió los ojos para ver al pálido y frenético soldado, y apretó los puños.

Estaba al tanto de los recientes movimientos del Puerto del Sur, pero no esperaba que los atacaran.

¡Oh, Dios!

¿De dónde sacaron todos estos buques y soldados?

—¡Declaren un estado de emergencia inmediatamente!

Demonios, busquen a todos los soldados de guardia, incluyendo a los comandantes que están alrededor del perímetro, y díganles que se reporten conmigo de inmediato!

¡De ahora en adelante, la Legión del Sur entró en estado de alerta!

—¡Sí, señor!

—El soldado lo saludó y abrió la puerta para salir, pero aquí se detuvo en seco.

Una fría espada atravesó su pecho y él abrió los ojos, incrédulo.

Abrió la boca, pero el atacante no tenía intención de escuchar sus últimas palabras.

Empujó su cabeza y el patético soldado cayó al suelo.

—Fernando, ¿qué significa esto…?

—Barak agarró su espada rápidamente y miró a su ayudante y sus doce soldados blindados, todos en la puerta.

Eran sus guardias personales, pero ahora apuntaban sus espadas al hombre a quien debían proteger.

—Sin rencores, Comandante General Barak —Fernando se inclinó refinadamente y cuando alzó la cabeza, su clara y limpia cara estaba llena de amabilidad y tenía una amplia sonrisa—.

No tenemos intenciones de hacerle daño, señor.

De hecho, mis hermanos y yo estamos aquí para impedir que haga algo tonto.

—¿Tonto?

—Barak resopló antes de ver con furia al asistente que lo había traicionado—.

Quiero escuchar qué es esta supuesta tontería…

Fernando, baja tu espada.

¡Debo ayudar a mis hombres a evaluar esta rebelión!

No pensarás que puedes detenerme con solo esa gente.

—Claro que no, Señor Barak, pero…

—Fernando hizo una señal y los soldados arrastraron a dos figuras temblorosos.

Los ojos de Barak se pusieron completamente rojos—.

Fernando…

¿Me estás amenazando?

—Sé que no tendremos oportunidad contra usted, pero incluso si se va de aquí, no puedo maniobrar a sus tropas…

Además, disculpe mi corrección, pero esto no es una rebelión.

Es la voluntad del pueblo y su libertad.

Decidieron dejar de ser manipulador por esa dictadora y están preparados para derrocarla.

Nuestro destino no debería estar en manos de un ángel, ¡sino de los humanos!

—Fernando apretó el puño—.

¡Saldremos victoriosos y reclamaremos la victoria y autoridad que una vez nos perteneció!

La Ciudad Dorada ya no será nuestra pesadilla.

¡Es la voluntad del pueblo, libertad y justicia!

Fernando reveló una sonrisa e hizo un gesto.

—Supongo que ya escuchó el ruido afuera, Señor Barak.

Lo hemos rodeado y no solo nosotros, sino que los ciudadanos se involucraron.

Aunque notienen armas ni equipos, tienen el corazón y la voluntad para buscar su justicia y libertad, que es lo más importante…

Señor Barak, ¿acaso quiere ordenarles a sus hombres que pongan sus manos sobre esos ciudadanos desarmados?

Barak agarró su espada y apretó los dientes.

Después de unos momentos, bajó el arma y volvió a su asiento.

—Fernando, ¿en serio crees que este patético truco te dará la victoria?

No sé quién esté detrás de esto, pero por favor dale este mensaje: un día me vengaré de él.

—Se lo daré, señor.

Pero creo que primero debe ver que ya el sur no acepta más la jurisdicción de la Ciudad Dorada.

De ahora en adelante formaremos un país independiente y lucharemos por la esperanza de los ciudadanos.

Nuestras futuras generaciones no serán manipuladas por los aristócratas y esta es nuestra única esperanza para el futuro.

—Puedes dejar de decir estupideces ya.—Barak cerró los ojos y levantó la cabeza—.

Sabemos qué han estado planeando, bastardos.

Solo no esperábamos que fuera a cometer tal error, ya que solían ser inteligentes.

Fernando, el castigo por traicionar a Su Alteza Real Lydia y al Reino Munn es muy grave.

Espero que entiendas esto.

Es mi última advertencia como tu antiguo comandante…

Más vale que personalices tu ataúd tan pronto como puedas.

—Gracias por su advertencia, la recordare de corazón, señor.

—Fernando sonrió y se inclinó respetuosamente antes de salir de la habitación.

Los soldados blindados entraron rápidamente y desmantelaron el arma de Barak.

Él no se resistió porque sabía que esto era inevitable.

La lenta y larga noche había terminado.

Los primeros rayos del amanecer salieron por el horizonte y se metieron por las ventanas de vidrio, iluminando en silencio la blanca carta.

«Hemos tomado una decisión extremadamente difícil pero necesaria.

Solíamos rendirnos ante el gobierno y nos vimos obligados a aceptar las atrocidades que se nos impusieron.

No tenemos intenciones de derrocar a la gobernante, pero todas sus acciones han excedido el límite de cualquier ser humano que quiere libertad a igualdad.

Cuando usaba su autoridad para extorsionar, masacrar y perseguir, nosotros observamos en silencio y con impotencia.

Sincera y humildemente rogamos para que la gobernante de la Ciudad Dorada pudiera ver a la gente que gobernaba y entendiera el dolor por el que pasaban, pero no tiene sentido porque prefiere entregarse al goce que escuchar nuestras oraciones y humildad.

Se negaba a aprobar las propuestas del pueblo que los beneficiara solo porque atentaba contra sus intereses, y así, miles cayeron en desastres y sufrimiento sin igual.

Prohibió a los comerciantes libres que realizaran negocios legítimos para fortalecer su autoridad, y llevó a cabo la persecución y masacre esos hombres de negocio.

Incluso ignoró la voluntad de la gente y se opuso una y otra vez a sus razonables demandas.

Manipuló las leyes, jugó con el juicio y la justicia, y se envolvió en el nombre de la justicia para crear acusaciones imprudentes, y arrestar y matar a aquellos que buscaban la libertad y competían por la gente.

En esta brutales persecuciones le pedimos de la forma más humilde, pero solo recibimos un continuo rechazo y cuando un tirano así se nos impone, nos deja sin opción.

Ahora no estamos dispuestos a permanecer en silencio.

Al final nos alzaremos en contra de este cruel gobernante.

Ya no seremos leales al Partido del Rey que mutiló a su propio pueblo.

¡Estamos aquí para anunciar que tendremos una autoridad independiente!

¡Nos alzaremos, y construiremos un nuevo y hermoso hogar con nuestra propia voluntad y manos!

Por ende, nosotros, los representantes del parlamento de la Federación del Sur, declaramos solemnemente que en el nombre de aquellos que buscan el bien, la libertad y la igualdad, desde hoy en adelante nos separaremos de la jurisdicción del Reino Munn y nos convertiremos en un país independiente y libre.

Cortaremos toda relación política con el Reino Munn y, como país autónomo, tendremos derecho a la autoridad y el poder que cualquier territorio independiente merece.

Por este sagrado juramento damos testimonio de nuestras vidas, honor y el futuro de las generaciones futuras.

Todos los miembros del parlamento de la Federación del Sur».

Lydia dejó la carta y reveló una sonrisa burlona.

—Los ratones siempre serán ratones.

Incluso si realizan una obra, ¿no están dispuestos a mostrar su verdadera identidad al mundo?

¿Qué piensa de esto, Barón Rhode?

—Lo mismo que usted ha dicho, Su Alteza Lydia —Rhode estaba detrás de ella en silencio y respondió con una sonrisa—.

Estos sureños siempre han dicho las cosas a medias y además son así de ambiguos con su importante declaración.

Parece que siguen sin saber cómo hacerse responsables…

Pero perdone mi rudeza, siempre he creído que los comerciantes no entienden cómo hacerse responsables.

—Así es…

—Lydia asintió y pasó su dedo por la carta—.

Como declararon esto, hay que responderles…

Barón Rhode, ahora usted es uno de los barones del Reino Munn.

Estoy segura de que sabes cuáles son sus deberes y obligaciones, ¿cierto?

—Sí, Su Alteza.

—Entonces…

Yo, en el nombre del Reino Munn, le ordeno a usted, Barón Rhode Alander, y a sus subordinados, que se unan a la pacificación de esta Rebelión Sureña, y que protejan a los equipos de las líneas defensivas de Paphield.

¿Alguna objeción, Barón Rhode?

—No…

—Las comisuras de los labios de Rhode se torcieron y un brillo helado apareció en su mirada—.

Todo será como usted lo desea, Su Alteza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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