Invocando a la espada sagrada - Capítulo 521
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- Capítulo 521 - 521 Capítulo 521 Anochecer En Grosso
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521: Capítulo 521: Anochecer En Grosso 521: Capítulo 521: Anochecer En Grosso Editor: Nyoi-Bo Studio El otoño llegó en un abrir y cerrar de ojos.
Un mar de trigo dorado y maduro ondeaba con el viento en la Pradera de Grosso.
A cualquiera le conmovería esta pintoresca imagen…
pero tenía otro significado para Rhode.
—Qué fastidio…
—Frunció y miró el océano desde la colina.
Habían pasado seis días desde que se fue del fuerte de la Cumbre de las Nubes.
Este lugar tenía las reservas de comida más importantes para el Partido Reformista, y era el primer objetivo que Rhode debía destruir.
Este viaje era bastante simple para él.
Serpenteó por los senderos y caminos secretos que conocían y llegó al este interior sureño del país.
Pudo viajar rápidamente sin sus hombres, lo que fue extremadamente conveniente.
Además, junto con sus espíritus invocados, nada podía amenazarlo con su nivel 40 de etapa maestra y esgrima de etapa legendaria.
Lo único malo era que las amenazas eran de muy bajo nivel para que pudiera conseguir buenos equipos.
Pero no había venido para completar el calabozo él solo.
—¿Me puedes decir por qué viniste, maestro?
—Celestina salió del bosque y miró a Rhode ferozmente.
Sus malos modales hacia Rhode parecían haber empeorado desde la batalla con el Duque Demonio.
Si no fuera por el contacto que había entre los espíritus invocados y el portador, tal vez ni siquiera lo miraría.
Rhode no esperaba nada menos que su actitud poco cooperativa.
Aunque era una joven encantadora y seductora, él se negaba a ser condescendiente con ella.
A pesar de que esto la obligaba a oponerse a él, a Rhode no le importaba.
Celestina se veía extremadamente insatisfecha, pero Rhode no sentía odio o malicia genuina, lo que era raro en un demonio.
Aunque había llegado a un acuerdo, la taimada sabiduría de un demonio podía torturar la vida de otro por medios peores que la muerte.
Pero Celestina era diferente porque, aunque hablaba de más y discutía demasiado en las misiones, Rhode se dio cuenta de que era mucho más amable que sus compañeros demonios en cuanto a estratagemas.
Además, su temperamento era genial para ser una demonio.
Claro, esto no descartó otras posibilidades.
—¿Realizando una misión?
—Rhode se encogió de hombros ante su respuesta y respondió casualmente.
Ella resopló con desdén.
—Ah…
¿Solo tú?
Maestro, debes estar soñando.
Sí, tal vez puedas aniquilar al comandante de un millar de soldados con tu fuerza maestra.
Pero…
¿destruir un pueblo tú solo?
Rhode tocó las dagas que colgaban de su cintura y la burla de Celestina fue silenciada al instante, como un grifo cerrado.
Apretó los dientes y miró a Rhode enfurecida, y él le devolvió la mirada.
Unos segundos después, bajó la cabeza como si se hubiera rendido.
—Qué aburrido…
¿Por qué me preocupo por el bienestar del maestro?
¡Es mejor que te mueras porque me cansé de que me des órdenes!
«Siempre hay algo que conquista a otra cosa…» Rhode miró sus dagas después de ver la expresión de Celestina.
No esperó que la ahorrante joven tuviera tanto miedo de Gracier y Madaras, como un ratón que ve a un gato.
Ante esta idea se dio cuenta de que el Mazo de Cartas de la Espada Sagrada tenía un ciclo de cancelación muy interesante.
Los ángeles les temían a los demonios, y estos a los elfos…
Tal vez nadie le creería si dijera esto.
Celestina no estaba equivocada.
Su Alteza Real Lydia le había ordenado atacar Grosso y Fiat, y destruir las reservas de alimentos y minerales.
Habría más probabilidades de éxito si Rhode hubiera traído a sus mercenarios, pero, ¿cómo abordaría la misión solo?
Las reservas alimentarias de Grosso eran enormes, y los graneros y molinos estaban fuertemente resguardados.
En el camino también había detectado muchas patrullas.
Era aparente que el Partido Reformista estaba al tanto del crítico problema de la comida después de cortar relaciones con el norte, y habían puesto precauciones.
No era difícil imaginar la seguridad de Fiat si Grosso estaba así de resguardado.
Aunque Rhode no tenía un número exacto de enemigos, parecía que las tropas militares eran algo inevitable.
Tenía suerte de que al sur le faltara personal por tenerlo dividido en las fronteras, el campo de batalla, y en la protección regional y de la ciudad.
Aun así, Rhode no podría con tantos enemigos a la vez.
Pero esto no le preocupaba.
—En efecto, depender solo de mí no será posible, pero…
—Rhode miró su ceño fruncido y le sonrió—.
Nunca he peleado solo.
—¡Hmph…!
—Celestina gruñó—.
Qué clase tan descarada.
Maestro, ¿siquiera eres digno de la gloria y el orgullo de un espadachín?
—Esas cosas no me importan.
Necesito victorias, no gloria.—Rhode miró el mar dorado en la distancia—.
Voy a necesitar tu ayuda, Celestina —Rhode sacó una máscara blanca y rara de su vestimenta.
El cielo se oscureció gradualmente.
Era otro lento día para los guardias de Grosso.
Soportaban el cruel otoño y patrullaban desanimados, viendo a los aldeanos ocupados en los campos de trigo.
Estos días aburridos y deprimentes les podían volver locos.
Incluso su oficial de guarnición cabalgaba por el terraplén, pensando sobre disfrutar la noche con algunas bailarinas en el bar.
Claro, había bloqueado lo que sus soldados discutían sobre la batalla del frente.
Aunque obedecían sus órdenes, no significaba que fueran robots sin emociones.
La declaraciónde independencia del Partido Reformista y sus ataques al norte los habían afectado mentalmente.
Estaban preocupados y desesperanzados, pero, ¿qué más podían hacer unos soldados como ellos si sus superiores habían tomado esa decisión?
Olvídalo, viviré día a día.
Aunque no sé cuánto durará esta paz, al menos…
—¡Ah!
Mientras el oficial de guarnición estaba atrapado en su ensueño, una mujer gritó en el bosque.
Los soldados intercambiaron mirados y corrieron a la fuente de la voz.
Vieron un campo vacío dentro del sombrío bosque, y solo había una joven en el suelo.
Tenía la cabeza gacha, como si estuviera en un inmenso dolor.
«¿Quién es?» Esta pregunta apareció en sus mentes.
Grosso era un pequeño pueblo del campo y la vestimenta de las mujeres era ordinaria comparada con la de las mujeres del Puerto del Sur.
Pero esta joven, cuya cara estaba cubierta de tierra, vestía una túnica lujosa de seda con revestimientos escarlatas de terciopelo.
Los soldados reconocieron la costosa túnica y tuvieron por seguro que no era una aldeana.
Tal vez la hija de alguna familia adinerada, pero…
No estaban al tanto de que una familia hubiera llegado a Grosso.
«¿Quién es esta joven?» —Señorita, ¿cómo se siente?
¿Qué ocurrió?
—El oficial de la guarnición se acercó a ella valientemente y una seductora fragancia atacó su nariz, distrayéndolo.
—Ah…
P-Perdón…
S-Solo me asustó un perro salvaje.—Su refrescante y meliflua voz resonó en los oídos de los soldados y sus corazones palpitaron con fuerza.
Su tono femenino y atractivo asaltó sus sentidos y algunas corrieron hacia ella para darle una mano amiga—.
No se preocupe, señorita, patrullamos los alrededores y no hay perros salvajes.
Es muy tarde y no es seguro que esté sola aquí.
¿Qué le parece si la escoltamos de vuelta?
¿Podría decirnos dónde se está hospedando?
—Todos ustedes son…
—Somos el 5to Equipo de la Patrulla de Grosso, y yo soy el oficial.
Nada le hará daño con nosotros aquí, señorita.
El oficial de la guarnición se dio cuenta de que debía ser la hija de una familia noble, y que había dado con la olla de oro.
Si la escoltaba de vuelta, su familia podría recompensarlo y hasta podría ser ascendido por sus logros…
Además, la joven hasta podría enamorarse de él.
Sí, aunque tenían identidades diferentes, era posible que ocurriera como en las leyendas…
Por razones desconocidas, el oficial sintió una atracción sin precedentes por ella y no pudo esperar para arrodillarse y darle su espada como regalo.
Mientras ella lo mirara una vez, él moriría feliz…
La rica y fuerte fragancia atacó su olfato una vez más y no pudo pensar con calma.
—Señorita…
Por favor, levántese.
Es muy peligroso quedarse aquí de noche.
Por favor, tenga por seguro que la llevaremos a su hogar…
—Un soldado extendió la mano y cuando estuvo a unos centímetros, una vid espinosa salió de la espalda de la chica y agarró su muñeca con fuerza.
—No me toques, sucio humano.
Ella levantó la cabeza y sus pupilas escarlata emitieron un brillo rojo y tenue.
Los soldados retrocedieron con miedo e incontables vides espinosa salieron de las mangas de la chica, atrapándolos.
Los soldados eran menores al nivel 20 y no pudieronresistir el ataque para nada.
—¡Argh…!
Las afiladas púas se clavaron en su piel, atravesándoles la ropa, y los soldados aullaron del dolor.
Ella chasqueó los dedos y las vides se metieron en sus bocas para silenciar los ensordecedores gritos.
El bosque volvió a la tranquilidad en un abrir y cerrar de ojos.
Celestina se puso de pie y se quitó el polvo con un pañuelo.
Avanzó elegantemente como si fuera a una cena y miró con desdén a los soldados atrapados en sus vides espinosas.
—Inferiores, vergonzosos y feos humanos.
¿Quién les permitió hablarme así y tocarme con sus asquerosas manos?
—Celestina los miró con sus brillantes ojos rojos y azotó con fuerza a uno de los soldados.
El desgraciado se retorció por su agonizante tortura y respiró con debilidad.
Celestina resopló y, en una fracción de segundo, ¡el soldado tembló intensamente y la vid lo atravesó desde adentro!
Su corazón había sido perforado por las púas y siguió bombeando instintivamente, llenándole las piernas de sangre.
—¡Miserable humano!
—Celestina movió el brazo y el látigo espinoso envolvió su corazón.
«¡Pop!» El órgano fue aplastado por completo y su sangriento cuerpo voló a un lado, cayendo como un muñeco de trapo.
—El resto de ustedes, criaturas inferiores…
—Celestina reveló una intención homicida, orgullosa y alegre—.
Griten tanto como quieran para entretenerme…
Esclavos.
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