Invocando a la espada sagrada - Capítulo 525
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- Capítulo 525 - 525 Capítulo 525 Infundiendo Miedo
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525: Capítulo 525: Infundiendo Miedo 525: Capítulo 525: Infundiendo Miedo Editor: Nyoi-Bo Studio Fue tal como Rhode predijo.
Michael saltó de su silla después de que el aterrado ayudante explicó la verdad sobre los invasores.
Aunque había supuesto sus identidades, la respuesta fue difícil de aceptar.
«Demonio.
Nigromante.Cualquiera de los dos puede causar un enorme dolor de cabeza.
¿Qué tratan de hacer, ahora que ambos se unieron y aparecieron en las fronteras de Grosso?» Esta pregunta ya no era tan importante porque solo tenían dos objetivos: destruir yexterminar.
Era un problema increíblemente difícil para Michael.
Si los invasores fueran tropas militares ordinarias, podría defender esta importante fortaleza y pedir refuerzos para fortalecer las defensas y proteger los graneros.
Pero no podía hacer esto porque el nigromante seguramente mataría a todo el mundo en la frontera para recuperar sus poderes.
Era lo más aterrador del nigromante.
Para ellos, la muerte no era el fin sino el comienzo.
Si Michael le permitía sembrar el caos, podría tener que pelear con un ejército no muerto de hasta mil criaturas.
Defender esta fortaleza ya no tenía valor.
Además, Michael era un general a quien le importaban de corazón los ciudadanos, y no podía dejarlos morir solos.
Pero…
ahora lo más problemático no era la falta de personal.
A diferencia del montón de inútiles y consentidos humanos del País de la Luz, los del Reino Munn había tenido algo de contacto con los no muertos.
No solo era el ejército de los ángeles guerreros el que intentaba detener su invasión.
Como uno de los generales de la Legión del Sur, Michael también conocía ciertas formas de luchar con las criaturas no muertas.
Uno de los métodos más directos era el ataque de ola humana.
El número de cadáveres que un nigromante podía manipular en el campo de batalla era limitado.
Si tenía 2000 soldados no muertos, harían falta 20 000 humanos para abrumarlos por completo.
Aunque el nigromante podía ser despertando no muertos, perdería después de exceder sus límites.
Era el método más simple y directo, pero ahora Michael no tenía suficientes soldados para ejecutar esa misión.
Según el ayudante, el nigromante había devorado siete equipos, haciéndole perder casi 200 soldados que ahora eran unas criaturas no muertas.
A Michael le quedaban unos 700 soldados y la situación se veía mal.
«Además, seguía habiendo un demonio…» Michael se mordió los labios y se recostó en su silla, pálido.
Tomó una pluma y escribió apresuradamente en una hoja de papel.
Después, selló la carta con lacre antes de suspirar.
Su anillo tintineó contra el pequeño reloj y un soldado entró rápidamente al cuarto.
—Señor.
Envía esta carta al Puerto del Sur de inmediato y transmite mis órdenes de entrar en estado de emergencia.
Cancela todas las salidas, y todas las patrullas se rotarán.
Adviértanles a los ciudadanos que no salgan del pueblo y que reporten cualquier cosa sospechosa.
¿Entendido?
—¡Sí!
—El soldado tomó la carta, lo saludó solemnemente y se fue rápido.
Michael se recostó en su silla y cerró los ojos.
Un dejo de desesperanza y fatiga apareció en su viejo rostro.
—Espero que…
mi decisión sea la correcta —murmuró en voz baja.
—Parece que su plan no ha logrado el propósito deseado, maestro.
—Celestina observaba el pueblo con el ceño fruncido.
Había esperado medio día pero no escuchaba las supuestas tropas.
Aunque estaba insatisfecha, seguía de buen humor y no se burló de Rhode.
—Es normal.
Ese viejo siempre ha sido compasivo y es de esperar que le dé prioridad a defender la nación antes que a los ciudadanos.
—¿Defender la nación?
—resopló Celestina con desdén—.
Me encantaría saber qué país está defendiendo, pero…
olvídalo.
La traición está en la naturaleza humana y no me sorprende que una raza tan tímida y detestable haga algo así solo para vivir…
Entonces, maestro, ¿cuáles son tus siguientes planes?
Me parece que no enviarán más patrullas.
—Esto es muy normal, Celestina.
—Rhode se sentó en una piedra y observó la escena con incontables cartas revoloteando sobre su mano.
Rhode había extraído y despertado otros 90 luchadores no muertos en la última batalla.
Había unas 150 subcartas en su mano y era unas cuantas veces más de lo que había poseído antes.
Eso demuestra lo aterrador que puede ser el árbol de talentos Señor del Infierno en cuanto al ataque de ola humana.
Pero el ataque total de estas subcartas ni siquiera se acercaba al de Celia…
También demuestra lo inútil que era el árbol de talentos Señor del Infierno en un aspecto particular.
—Tal como dijiste.
Los humanos son criaturas sin visión para el futuro y la mayoría solamente ven lo que tienen en frente.
Es muy normal.
No tenemos la longevidad de los elfos o los ángeles, y cien años son más que suficiente para nosotros.
No es raro que no podamos proyectar nuestra sabiduría hasta cien años después, como los astrónomos que juran que en 150 habrá un meteorito que destruirá el mundo…
Creo que incluso si el humano escuchara esa noticia, no entrarían en pánico.
Después de todo, ya estarán muertos para entonces.—Rhode estiró los brazos—.
Pasa lo mismo con esta gente.
Creo que no han experimentado el dolor de perder a alguien importante ypor eso no me molesta darles una lección.
Uno solo aprende a atesorar después de perder algo valioso.
Parece que los ciudadanos que viven bajo Su Alteza Rey Lydia creen que no reciben ningún beneficio de ella, así que…
no me importa hacerles probar el dolor y la disparidad después de perder todo lo que tienen.
Rhode giró su muñeca como si fuera mago y las cartas de invocación desaparecieron bruscamente.
—Como ellos no vienen, iremos nosotros…
Celestina, ¿lista?
—Siempre, maestro.
Anochecer.
Algunos aldeanos volvían a casa con sonrisas satisfechas y mejillas sudorosas, mientras que otros pasaban el rato en bares para desahogar su fatiga.
Esto debería ser lo cotidiano en un pueblo pequeño, pero hoy la atmósfera estaba tensa y pesada.
Los aldeanos iban a casa con miedo en sus rostros, cerraban las puertas con llaves de inmediato y hasta los comensales de los bares miraban por doquier con miedo.
Como dice el refrán: «lo bueno no sale de casa; lo malo recorre mil kilómetros».
Rhode no se pasó con los guardias a propósito, y algunos que escaparon habían difundido la verdad por la frontera…
«¡Oh, por Dios!
¿Había un nigromante?» Todos se quedaron aterrados al escuchar esto.
Aunque tenían cuidado de lo que acechaba por ahí cuando los equipos de vigilancia desaparecieron, ¡la terrible verdad era mucho más de lo que podían aguantar!
«¡Nigromante!
¡Demonio!» —Demonios…
—Un miliciano agarró su pica y tembló, pálido, junto a la rústica y grande puerta.
Aunque era tarde y la brisa fresca había dispersado el abrasador calor de los días de otoño, no podía parar de temblar, como si estuviera en un invierno solo suyo—.
¿Por qué tengo que estar en la ronda nocturna?
¡No es justo!
—Bien, chico.
Tranquilo.—Otro miliciano que estaba recostado en la puerta gruñó y bebió un trago de licor mediocre—.
Eres un adulto.
¿Qué hay que temer?
Relájate, solo es trabajo nocturno, ¿no has hecho esto antes?
—¡P-Pero no es lo mismo!
—respondió inconscientemente el joven miliciano pero bajó rápido la voz y miró el entorno nerviosamente, como temiendo haber despertado alguna criatura maligna en la oscuridad.
—¿No has oído de él?
¡La milicia y esos soldados de antes fueron asesinados por un nigromante!
¿No te preocupa?
Esos nigromantes devoran gente por completo.
¿Y-Y si busca problemas connosotros?
Escuché que no vendrán refuerzos a ayudarnos.
Demonios, ¿qué hacen los soldados del ejército?
¿No deberían estar protegiéndonos ahora?
¿Están esperando a que nos maten esos monstruos antes de venir?
—Bien, para ya, fastidioso.—El miliciano veterano miró al novato preocupado—.
¿No es solo un nigromante?
¿Qué hay que temer?
Vi criaturas no muertas de verdad cuando era joven, ¿y qué?
Esos inútiles se veían feos pero no se movían ni un centímetro ante un ángel.
Je, je…
si el nigromante estuviera aquí, escaparía como un malcriado después de ver al nuestro.
—Pero…
ya no tenemos la ayuda de los ángeles…
El veterano bebió las últimas gotas de licor y se paró derecho antes de arrojar la petaca de acero al suelo.
—Tch.
Esos malditos nobles deberían quemarse en el infierno por traicionar a Su Alteza Real…
¡Esta es su retribución!
¡Demonios!
¡Maldigo a toda su familia y ancestros para que no descansen en paz!
—jadeó el viejo antes de mirar al novato con ojos cansados—.
Bien, chico, deja las tonterías.
No pienses más en estas cosas inútiles y haz bien tu trabajo.
Todo estará bien cuando llegue la mañana…
sí, cuando llegue la mañana…
—El joven miró los ojos del veterano.
«Ya veo.
Él también tiene miedo».
—¿Qué estás mirando?
—Tal vez sintiendo que el novato había visto sus sentimientos, el veterano frunció el ceño y agitó el brazo—.
Voltéate y mira hacia allá.
Concéntrate…
Si tenemos suerte…
¿Mmm?
¿Qué es ese sonido?
Se volteó curioso, como un perro de caza mirando el denso y oscuro bosque.
La brillante luna había sido cubierta por unas gruesas nubes e incluso el fascinante brillo en el horizonte que representaba al Alma del Dragón de la Luz se atenuó enormemente.
—¿Sonido?
—El novato se volteó pero sin importar dónde viera, no podía divisar nada con claridad.
El lugar estaba en un silencio sepulcral y, de repente, ambos escucharon una tenue voz, como el sonido de las olas rompiendo en la costa.
«Pero…
no hay ningún océano cerca».
«Swish, swish, swish…» El sonido se hacía más claro y fuerte cada segundo que pasaba.
Un escalofrío recorrió a los dos milicianos y no pudieron dejar de tiritar.
El sexto sentido de los humanos que se había deteriorado se hacía muy susceptible frente a un peligro.
Aunque no podían ver a través de la densa oscuridad, parecían sentir algo que se les acercaba.
«Swish, swish, swish…» Unas figuras oscuras aparecieron finalmente.
—Oh…
Dios…
Mío…
El mar del ejército no muerto se presentó y ambos se callaron.
Agarraron sus armas pero no sabían qué más hacer.
«¡S-Sí, debemos avisar a los aldeanos de que los no muertos están aquí!» Aunque esta idea revoloteaba en sus cabezas, sus cuerpos habían perdido la fuerza para moverse.
Sin importar cuánto lo intentaran, se sentían como unos charcos de lodo.
«¡Muévete!
¡Muévete!» ¡Les gritaban a sus incapaces cuerpos y las piernas no se movían un centímetro!
El aterrador ejército no muerto había llegado antes de que lo supieran.
Presenciaron las tenues llamas espirituales que brillaban donde los no muertos deberían tener ojos, y las gastadas armas que tenían en las huesudas manos.
—¡Ahh!
Tal vez porque el novato no podía tener más miedo, gritó a todo pulmón, arrojó su pica y salió corriendo.
El anciano corrió hacia el puesto del centinela y golpeó la campana de alarma con toda su fuerza.
«Clang…
Clang…» El fuerte campaneo resonó en todo el pueblo y rompió el silencio.
¡Dos látigos espinosos salieron del ejército no muerto, agarraron al novato y al veterano, y los arrastraron de vuelta en un abrir y cerrar de ojos!
¡Y la campana dejó de sonar de golpe!
—Ayuda, ayúdenme.
No quiero morir…
El joven rodó por el piso llorando patéticamente, con moco y lágrimas corriendo por su rostro.
Clavaba los dedos en la tierra y el látigo espinoso se enredó en su cuerpo como una víbora, y lo suspendió en el aire.
Las afiladas púas se clavaron profundamente en su cuello y luchó frenéticamente, pero estaba indefenso.
Sus visión se puso borrosa y abrió la boca como un pez que había subido a la superficie, sacando la lengua para sentir la presencia del aire, pero…
«¡Bum!» El látigo estrelló al joven contra el piso.
Miró, medio inconsciente, al viejo miliciano cuyo cuerpo había sido retorcido y desmembrado, y las innumerables espadas que se acercaban a su cuerpo.
—¡Ahhh!
—Celestina se estremeció de la emoción y sus mejillas blancas se enrojecieron levemente, como si hubiera bebido un embriagante licor.
—Ah…
Qué espléndido lamento.
El propósito de su vida es darme esta felicidad sin precedentes.
Nada me alegra más que esto…
—Celestina abrió los ojos y rio dulcemente antes de azotar su látigo de nuevo—.
¡Sirvientes, ataquen!
¡La muerte, sangre y los lamentos serán las estrellas de esta hermosa noche!
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